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    <title>Sur24</title>
    <subtitle>Todo el sur, todo el día, todos los días.</subtitle>
    <updated>2026-03-18T16:15:30+00:00</updated>
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            Farías celebra la nueva Constitución &quot;idealista&quot; de Santa Fe
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                <![CDATA[Luis Rodrigo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/cL9JvvTUcMk4NCNOS6gjFvDlzwg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2025/09/pablo_farias.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>(Por Luis Rodrigo) - Usó la palabra "idealista" cuando se le habló de que se ha creado una Constitución "progresista". Recordó que se ha dañado a esta última como si fuera un disvalor y de inmediato fue más allá: "La Constitución debe ser idealista", subrayó Pablo Farías que había comenzado la entrevista con otra expresión profunda sobre la idea de lo "trascendente" que embargó a los convencionales en sus últimos discursos, en las últimas horas de la última sesión que comenzó el martes 9 y terminó el miércoles 10 de septiembre. Dialogó con El Litoral al día siguiente de esa última sesión, el jueves 11.</p><p>- Hubo en algunos de los últimos discursos de los convencionales un diálogo con la historia.</p><p>- Creo que todos teníamos esa sensación de trascendencia. De que lo que decíamos ahí no solo impactaba en el recinto, en el contexto, sino que iba a ser algo que iba a tener un valor para quienes lo leyeran alguna vez. Eso significaba que lo que dijéramos tuviera un valor mucho más trascendente.</p><p>Por eso hablé en la última sesión de trascendencia y de peso institucional. Lo mencioné porque nos pasaba por el cuerpo de alguna manera. Estábamos ansiosos, en cierta forma nerviosos más allá de haber tenido mayor o menor experiencia. Habíamos algunos que teníamos experiencia de hablar en un ámbito legislativo, otros ninguna, o alguna otra en otros ámbitos. Todos nos sentíamos exigidos a hacer algo distinto, una valoración completa del proceso.</p><p>Aún los discursos más opositores fueron positivos. Dejo de lado, obviamente el de Amalia Granata, que me parece que no tuvo nada que ver con el de la Convención, que se dedicó solamente a su discurso electoral y su show. Advertí hasta cierto desprecio sobre lo que sentíamos los demás, pero me parece que fue la única voz así.</p><p>"La Constitución debe ser idealista", subrayó Pablo Farías</p><p>- No fue la única en formular duras críticas.</p><p>- Pero todos los demás discursos que también fueron muy críticos tomaron nota del momento. Reconocieron lo trascendente, su peso institucional.</p><p>- Anoto en mis apuntes "trascendente". Cuando se iniciaba la Convención y todavía no había acuerdo ni para el reglamento (que finalmente se votó por unanimidad) su advertencia fue que era "efímero" este momento, pronto a terminar. Nos acecha el tiempo.</p><p>- Es que al comenzar la discusión por las comisiones, por cómo iban a ser formadas y por quiénes, por el reglamento, por las formas de la Convención, advertía que ese capítulo era totalmente efímero. Y de hecho hoy se lo ve así. Quienes teníamos la responsabilidad de haber iniciado y de llevar adelante este proceso rápidamente tuvimos el reflejo de adecuarnos a lo que merecía el debate de la Reforma Constitucional. Fue muy relevante la modalidad de funcionamiento de las comisiones. El plan de trabajo. Y que fueran totalmente abiertas y públicas.</p><p>- Los periodistas vimos todo. En el 94 había algunas comisiones en las que podíamos materialmente estar, pero no en la Redactora que como sospechamos quienes vivimos la Convención del Paraninfo también en 2025 en Santa Fe tuvo un rol político además de técnico.</p><p>- El Reglamento dice que los convencionales podían participar de todas las comisiones, y votar solo en aquellas que integran, pero hablar en todas, menos la Redactora y la Parlamentaria... La verdad es que en ambas todo el mundo iba, entraba y salía sin problema. Y la Redactora terminó funcionando como las otras comisiones: sesiones públicas transmitidas en vivo.</p><p>Al principio cuando acordamos las formas, lo reglamentario, se pensó que las discusiones de la Redactora iban a exigir un ámbito más reservado y después claramente se generó una inercia con el trabajo totalmente abierto y público de las comisiones que no pudo evitar que los redactores tuvieran las mismas características en su labor. Más aún, nadie planteó cerrar las puertas y me parece que nadie sintió que eso fuera necesario. Es algo que se instaló en la Convención y que para mí fue excelente. Por eso lo remarqué en mi última intervención.</p><p>Reflexiones sobre lo trascendente del proceso político que vivieron los convencionales</p><p>- El otro gran signo de la Convención fue el consenso.</p><p>- Sí, y marca un camino. Se demuestra que podemos y que debemos darnos consensos. Siempre insistimos en que el país necesita consensos, dar los debates que lo permitan, dar las discusiones respetuosas que pueden ampliar esa base. Y creo que en la situación que estamos hoy en la Argentina, esos debates, esas discusiones tienen que darse y de esa manera. Con total apertura.</p><p>- Imagino que en Unidos hubo momentos tensos.</p><p>- Nosotros siempre logramos en Unidos ser uno solo, a pesar de nuestra heterogeneidad. Ante los demás bloques pudimos sintetizar una posición que fue el producto de nuestras discusiones, punto por punto y tratando de tener un acuerdo interno hasta en el más mínimo término. Pero fue precedida por la posición formalizada por cada fuerza al presentar su proyecto de Constitución. Cada partido lo hizo y en comisiones.</p><p>- Fue cuando desde la prensa dijimos que Unidos llegó separado.</p><p>- Y sí, era necesario pasar por esa semana de los ocho proyectos. Y mostramos ante todos los demás bloques que teníamos visiones distintas. En cada tema había por lo menos tres posiciones distintas. Creo que eso fue un valor. Fue abiertamente que expusimos eso, porque no había nada para esconder.</p><p>Nosotros (desde el socialismo) llegamos con una posición, pero nos pusimos de acuerdo corriéndonos en muchos temas respecto de donde estábamos planteando inicialmente. Y eso tuvo un valor y después el Frente mismo hizo lo mismo respecto a las otras fuerzas.</p><p>- Ahí el resultado fue distinto. En general desde el peronismo hubo otro nivel de compromiso. No así con otros bloques a la derecha.</p><p>- Por supuesto, hubo quienes se negaron a ese mecanismo, su posición fue irreductible, tal vez sin comprometerse con este proceso, pero sí con su aval. Porque aún quienes se opusieron a todo (y hubo cláusulas votadas por unanimidad) avalaron y legitimaron la Convención. Nadie dejó sin representación a sus votantes.</p><p>Eso da un valor que legitima todo el proceso, más allá de que seguirá seguramente el bloque de La Libertad Avanza con su planteo judicial. El fallo de Cámara es muy contundente y ratifica el de primera instancia descartando la inconstitucionalidad de la Ley de Necesidad de la Reforma. Quien revise los debates y la totalidad del proceso de la Convención se quitará cualquier duda. Más si comparamos con la Reforma de 1962.</p><p>- El 93% de los artículos reformados o nuevos sumó más de 50 votos sobre 69, siempre con más de dos tercios.</p><p>- La cantidad fue muy impactante y es fruto del acuerdo que se logró. Naturalmente, de lo que se cedió para que el peronismo se sienta incluido. Y algunos nosotros más también, en ciertos artículos sumamos votos de Somos Vida y Libertad y, en muy pocos, también de LLA. Es interesante repasar lo que cada jefe de bloque expuso respecto de cómo votó en cada caso. Esos dos bloques votaron algunas cláusulas y algunos de sus miembros algunos artículos más. Entiendo que también hubo un fuerte debate interno hacia el interior de todas las los bloques.</p><p>- Volvamos a la última sesión. Hubo voces quebradas, alguna lágrima también.</p><p>- Nos cruzó a todos ese momento. Su institucionalidad: estar sentado ahí y haber votado, aunque sea negativamente, es parte de la historia y yo valoro también esa actitud de no irse.</p><p>- No hubo núcleo de coincidencias básicas…</p><p>- Ni Pacto de Olivos.</p><p>- (Risas).</p><p>- Quedó claro. Nos decían que la Constitución estaba escrita de antemano. No fue así, es evidente. Viví muy de cerca el proceso de la Reforma del 94, me me recibí en ese año como abogado, así que transitaba los mismos pasillos y en el mismo edificio donde la reforma se realizó. Aquí a los consensos hubo que construirlos en estos 60 días. Y eso fue hecho en forma absolutamente transparente. Nadie que haya seguido los debates puede dudar de que nos estábamos poniendo de acuerdo.</p><p>- Había una base para los consensos con quienes votaron a favor de la Ley 14.384 cuando se habilitó la Reforma.</p><p>- Pero luego se construyeron los consensos y se escribieron los textos, en forma totalmente de transparente. La prensa y cualquier ciudadano por youtube lo pudo seguir. Y lo puede volver a hacer.</p><p>- Ni siquiera fue una discusión oscura en tecnicismos. Todos actuaron como si hubiera multitudes mirándolos.</p><p>- Como todo lo que pasaba en comisiones, incluyendo la Parlamentaria, se grabó todos prestamos más atención. Son materiales que cualquiera podrá revisar. La transparencia del proceso nos obligó también a ser tremendamente responsables. Cualquier comentario fuera de lugar quedó expuesto. Y si pensamos en todas las horas que hemos pasado es lógico y hasta normal que uno se relaje y haga alguna acotación humorística circunstancial. No hablo de las ofensas. Cuando hubo alguna incomodidad luego hubo un pedido de disculpas.</p><p>Dejo afuera de estas consideraciones a los discursos en el recinto de la Convención, de determinados convencionales, que lo usaron como cancha de la batalla electoral. Fueron anecdóticos, excepcionales. Tuvimos casi todos mucha responsabilidad en el uso de la palabra, en lo que decíamos, en lo que defendíamos y en lo que cedíamos.</p><p>- ¿Hay responsabilidad al ceder?</p><p>-Sí, porque es muy fácil aferrarse una idea, bloquearse ahí y no ceder. Es lo más cómodo. Pero cuando hay que ceder ante una posición de minoría eso implica un acto de generosidad y sobre todo de gran responsabilidad.</p><p>Si yo tengo una convicción, que forma parte de mis ideas y debo ceder algo al cambiar una expresión de un artículo, tengo que ser muy responsable. Porque estoy por suscribir y votar algo que no me representa totalmente. Entonces, es un acto complejo, que nos obliga a ser responsables. Estamos en un país que no tiene cultura de conceder, de ceder. Y por supuesto, no nos está yendo bien.</p><p>- Fue por eso que Unidos juró internamente tener unidad en todos los temas aunque sea muy dolorosa. "A sangre", se dijo.</p><p>- Desde el primer momento, nosotros cargamos con la responsabilidad pública e histórica de reformar la Constitución de la Provincia. No voy a negar lo que eso implica. Primero, con la decisión del gobernador de asumir este proceso y de ponerse a la cabeza. Eso es de una gran valentía y una gran decisión política, un coraje político importante y después de asumir ese desafío todos los partidos y todos los grupos que acompañamos y que estamos dentro del Frente. Eso implicaba aprobar la Ley de Reforma de la Constitución.</p><p>- Que por fue finalmente habilitada por el gobernador.</p><p>- Habilitada por el gobernador en extraordinarias. Eso primero, y segundo, ir a un proceso electoral, defenderlo en la campaña, y obtener un resultado electoral. De todos los desafíos era el más difícil de asegurar. Nadie puede saber cómo saldrán los comicios. Nunca.</p><p>Y después, ya iniciado el proceso de reforma, dentro de Unidos nos dijimos "vamos a garantizar que la reforma se haga". Ese fue el juramento.</p><p>Nos preguntamos, ¿Unidos garantiza que la Reforma salga? Sí; ¿tenemos los votos para hacerlo? Sí, pero no es lo ideal.</p><p>- ¿Y que definieron como lo ideal?</p><p>- Lo ideal es lo que hicimos, lo que pudimos hacer con los demás bloques que se comprometieron políticamente y con su esfuerzo para que haya un alto consenso. Partimos de un piso mínimo, los votos del Frente. Y luego, como todos los que trabajaron por una Constitución mejor, también de otros bloques, hicimos tremendos esfuerzos para alcanzar lo que se logró.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/cL9JvvTUcMk4NCNOS6gjFvDlzwg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2025/09/pablo_farias.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Reflexiones sobre lo trascendente del proceso político que vivieron los convencionales. Y sobre la transparencia de las discusiones en una Convención que no tuvo núcleo de coincidencias básicas, ni Pacto de Olivos. La responsabilidad al ceder posiciones.]]>
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                                <category term="provinciales" label="Provinciales" />
                <updated>2026-03-18T16:15:30+00:00</updated>
                <published>2025-09-12T19:49:04+00:00</published>
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            Pullaro podrá ser reelecto, ¿por qué no debatir el resto?
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                <![CDATA[Redacción Sur24]]>
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        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/2QrKaYQrXBneTGnJQlgW-flh_tY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2024/12/constitucion.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>(Por Pablo Benito) - La política profesional santafesina debería, sin pudores, reconocer que la verdadera intención y la “grieta ideológica” que separa a propios y extraños en relación con la reforma constitucional es la reelección del gobernador en funciones, el resto sobra si no se toma conciencia del significado de un debate que tiene, como objeto, las próximas décadas, las futuras generaciones.</p><p>Lo es hoy con Pullaro, lo fue con Lifschitz, Reutemann, u Obeid y, de no lograrse la modificación, lo será en los próximos intentos.</p><p>Pues bien, que no sea “solo eso” es responsabilidad de los actores sociales que están por fuera de la rosca política. Para ser más claros es la hora de las Organizaciones No Gubernamentales para imprimir contenido a la Constitución y exigir espacio para democratizar la Convención Constituyente.</p><p>La Cámara Alta provincial le dio sanción definitiva a la necesidad de reforma.</p><p>&nbsp;</p>El doble mandato es un hecho<p>Existen motivos suficientes para defender y fundamentar la necesidad institucional de ampliar la reelección de un gobernador por un período más, y sincronizar nuestra Constitución provincial con la nacional, las municipales y las de las naciones más avanzadas del mundo.</p><p>No es necesario recurrir al argumento del derecho comparado para justificar la necesidad de repetir el mandato. Hoy, la vertiginosidad de los cambios sociales y culturales es una razón aún más fuerte para sostener que cualquier proyecto político estratégico de gobierno, enfocado en una reforma y modernización del Estado, necesita más de cuatro años para gestar siquiera un embrión de una posible y necesaria modificación estructural.</p>&nbsp;La única verdad<p>Incluso debe reconocerse que los intereses de "casta" que maneja la lógica del Estado afectan la gobernabilidad en los exiguos cuatro años de gestión.</p><p>Quien ha pasado por el ámbito de cualquier gobierno sabe que el último año de gestión debilita enormemente el poder del Gobernador, y comienzan las operaciones internas en la administración pública: se bloquean expedientes y se boicotean gestiones</p><p>Puede reconocerse, o no, pero esa es la realidad que debe enfrentar un gobernador para que su mandato dure cuatro años y no tres. Cada período que termina con el festival de nombramientos es un mal endémico del Poder Ejecutivo y Legislativo.</p>&nbsp;Enamorar al santafesino con la reforma<p>Desperdiciar energías, recursos, chicanas y operaciones de prensa de poca monta sobre el asunto de la “reelección de Pullaro y su intención” es subestimar la inteligencia de la voluntad popular.</p><p>Sí, Maximiliano Pullaro y su entorno impulsan la reforma constitucional para tener la posibilidad de ser reelegidos hasta 2031. ¿Cuál sería el problema de sincerar algo tan real como necesario?</p><p>También el “Pacto de Olivos” entre Alfonsín y Menem tenía como objetivo la continuidad del riojano. Menem necesitaba cuatro años más, y Alfonsín, como estadista y en edad de merecer el bronce, impuso una serie de transformaciones que modernizaron la institucionalidad argentina, colocando la Constitución de 1994 como una carta magna avanzada en el mundo. Esta herramienta queda como reserva para ser utilizada cuando nuestro país vuelva a ser conducido por dirigentes con un nivel intelectual superior al promedio.</p><p>&nbsp;</p><p>Con Boleta Única de Papel se elegirán a los convencionales. Crédito: Manuel Fabatía</p>Que la hipocresía no sea chantaje<p>El tiempo es limitado, incluso por la urgencia reelectoral que señalamos. La sociedad santafesina se enfrenta a un dilema: resolver rápidamente la discusión sobre la reelección y centrarse en intensificar el debate sobre los derechos de cuarta y hasta quinta generación, anticipando un futuro que “ya llegó” y manteniendo una visión hipotética de un conflicto mundial de larga duración, en el que Santa Fe podría ser un destino para inmigrantes de mediano o alto poder adquisitivo.</p><p>Si las mezquindades nos lo permiten, aquí también se trata de que los partidos políticos asuman su falta de representatividad real, lo que hoy lleva a Milei como corolario, y den lugar a los mejores en cada disciplina que el progreso social necesita darle rango constitucional y seguridad jurídica.</p><p>&nbsp;</p>Darle calidad a la reforma con los mejores<p>Hablamos de inteligencia artificial, granjas crypto, teletrabajo para sumar a los mejores del país y de la región, y cambiar la meta horaria hacia la productividad, rediscutir la investigación penal y el control republicano, entre otros.</p><p>Los partidos políticos, administrativamente aptos para participar en la elección de convencionales constituyentes, deben ser el instrumento para garantizar que éstos sean los mejores en su disciplina, convocándolos a la hazaña y retirando el cepo ideologizado de la obediencia debida o la garantía de la voluntad popular de “caras”.</p><p>La reelección como reforma es un hecho. La reelección del actual gobernador también. Lo que queda por definir es si será solo eso, una puesta en escena de que hay “algo más”, o el aprovechamiento de una oportunidad histórica para constituir las bases de una provincia que, como lo fue históricamente, sea la cuna de la República, replique y honre a los convencionales de 1962, quienes llevaron la modernidad de su época a la Constitución, la cual, 62 años después, sigue dando que hablar por su impecable redacción.</p><p>Civilización o pereza sería la consigna.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/2QrKaYQrXBneTGnJQlgW-flh_tY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2024/12/constitucion.webp" class="type:primaryImage" /></figure>El autor de la columna sostiene que será responsabilidad del conjunto de los actores sociales que la reforma en ciernes no se limite, en los hechos, a la reelección del Gobernador, a la que considera legítima y necesaria.]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2024-12-12T18:33:58+00:00</updated>
                <published>2024-12-12T18:32:44+00:00</published>
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            A 30 años de la reforma: &quot;Los acuerdos ayudan a la gobernabilidad&quot;
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                <![CDATA[Néstor Fenoglio]]>
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        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/u7V0wLZhLLkMLCe2qjr_oAYaNz0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2024/08/roberto_vicente.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Roberto Vicente es director del Programa de Derechos Humanos de la UNL e integra el cuerpo docente de la Maestría en Teoría Constitucional y Derechos Humanos de la FCJS. En 2008 fue secretario de Justicia de la provincial durante el gobierno socialista de Hermes Binner.</p><p>Confiesa que no estaba, entonces, en 1994, de acuerdo con el llamado Pacto de Olivos que, sostuvo, "había generado en su comienzo una situación bastante disruptiva en la política, porque parecía que entre dos se iba a arreglar el problema de la convivencia que iba a tener el país de ahí en adelante con una nueva Constitución... porque prácticamente en la previa pintaba para una nueva Constitución".</p><p>"¿Qué ocurrió con los que estábamos un poco en desacuerdo con el tema del pacto? ¿Nos dimos cuenta de que fue un acierto?, se pregunta Vicente. "Quizás uno deba reconocer los errores que uno comete a veces dadas determinadas circunstancias. Porque el pacto resolvió un gran problema. El primero de ellos era que el presidente Carlos Menem en ese momento quería la reelección indefinida. Las reelecciones indefinidas, ya sabemos que en todos los países del mundo han fracasado y traen problemas, consecuencias, bastante complejas y generan, digamos, la ruptura de la democracia".</p><p>"Alfonsín era un tipo muy rápido de reflejos -agregó Vicente-, y había que serlo en ese momento para entender cuál era la situación. El decía que a la democracia la tenemos que hacer. Había entonces una suerte de transición democrática; es decir todavía no estaba la democracia totalmente asentada". En ese contexto nace el Pacto de Olivos, que generó fuertes disputas. "Fue un pacto, un acuerdo, con Menem que iba por la reelección y Alfonsín que marca la cancha también y dice una sola reelección y acortamiento de los plazos de la presidencia a cuatro años. Con lo cual, como sucede hoy, en el mejor de los casos un presidente puede estar ocho años en ejercicio".</p><p>Para él, una de las consecuencias es que incluso con regímenes denominados presidencialistas, comunes no sólo en Argentina sino también en toda América, el Ejecutivo debe explicar las cosas ante la sociedad. Debe acordar también a pesar de sus intereses, tiene que acordar con distintos sectores, tiene que dialogar con gente que tiene otra postura. Existen algunos mecanismos que son de contrapeso o de control y entonces, si hay equilibrio, si cada uno de los poderes se mueve dentro de la esfera de su competencia, pues mejora la calidad institucional y la democracia".</p><p>Vicente destacó en esa línea el valor del debate, del diálogo y de los acuerdos. "A veces uno dice que hay mucho debate y generalmente es cuando hay demasiados problemas. Cuando ello sucede, y sucede a menudo, lógicamente es más difícil ponerse de acuerdo. Pero a los acuerdos se llega con el diálogo que tiene que tener el Ejecutivo con los otros poderes. Y todo ayuda fundamentalmente a la gobernabilidad. Y la gobernabilidad ayuda el mejoramiento democrático. El opuesto, digamos la falta total de diálogo, es infinitamente peor".</p><p>Para Vicente, es un mecanismo virtuoso: "empiezo a escuchar al otro y cuando escucho al otro hay cosas que me mueven y me hacen pensar que vale la pena también incorporar situaciones que parecen que son de minorías, o de parte. Esto es la democracia, de eso se trata".</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/u7V0wLZhLLkMLCe2qjr_oAYaNz0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2024/08/roberto_vicente.webp" class="type:primaryImage" /></figure>El profesor de Derecho Constitucional y ex secretario de Justicia de la provincia ponderó la importancia del consenso para resolver problemas.]]>
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                                <category term="provinciales" label="Provinciales" />
                <updated>2024-08-25T15:09:12+00:00</updated>
                <published>2024-08-25T15:09:03+00:00</published>
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            Raúl Alfonsín y el planisferio invertido
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        <link rel="alternate" href="https://www.sur24.com.ar/noticias/raul-alfonsin-el-planisferio-invertido-de-pablo-gerchunoff" type="text/html" title="Raúl Alfonsín y el planisferio invertido" />
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                <![CDATA[Redacción Sur24]]>
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        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.sur24.com.ar/noticias/raul-alfonsin-el-planisferio-invertido-de-pablo-gerchunoff">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/ZSonPo2P4xek2EPLr6OAZl5ccVo=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2024/01/el_planisferio_invertido.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por Susana Lumi (*)</p><p>Soy de la generación que vivió la campaña de Raúl Alfonsín de 1983 peleando por decir que esos ojos que yo veía por televisión "me miraban a mí", mientras Pablo Gerchunoff, a mi lado, afirmaba "que lo miraban a él". Fue una larga controversia conyugal y el comienzo de una inquietud compartida por saber "quien era ese hombre" con ese mensaje extraordinariamente novedoso en nuestras vidas, ese hombre al que íbamos a votar con entusiasmo pero tristemente convencidos de que perdería frente a Ítalo Luder. "Quién era ese hombre". Quizás esa antigua pregunta fue la semilla de este libro.</p><p>Sobre Alfonsín se ha escrito mucho; sobre su gobierno, mucho más. ¿Por qué insistir entonces? ¿Por qué vuelve a la carga Gerchunoff? Mi respuesta después de leer el libro es que lo que ha buscado Gerchunoff -y creo que lo ha logrado- es bajar a Alfonsín del pedestal de "padre de la democracia" y devolverlo a su condición de ser humano, descifrar los pliegues de su personalidad, indagar en sus aciertos, pero también en sus errores, sus dilemas, sus tensiones, sus silencios, sus gritos.</p><p>A su juego lo llamaron al autor de este libro. Gerchunoff se ha detenido a lo largo de su propia vida en varias estaciones -periodista, economista, historiador de la política económica, historiador de la política- siempre con la obsesión por comprender antes que por juzgar. Ahora hace lo mismo con la historia de una vida. La vida de un hombre empeñado en cambiarlo todo con la herramienta de la voluntad política. En ese sentido, el título del libro es sugerente: el planisferio invertido. El norte en el sur, el sur en el norte, Argentina en el centro del mundo. No fue puro ingenio de Gerchunoff ese título. Un planisferio invertido fue el regalo que le hizo a Alfonsín su edecán naval Joaquín Stella y que Alfonsín colgó en una pared de su escritorio.</p><p>&nbsp;</p><p>Pablo Gerchunoff, profesor, escritor e historiador económico. Autor de "Raúl Alfonsín. El planisferio invertido".</p><p>¿Ese este libro una biografía? Por el tono en el que escribe, ciertamente Gerchunoff leyó las palabras de Jorge Luis Borges en su "Evaristo Carriego": "Que un individuo quiera despertar en otro individuo recuerdos que no pertenecieron más que a un tercero es una paradoja evidente. Ejecutar con despreocupación esa paradoja es la inocente voluntad de toda biografía".</p><p>Este libro no es inocente, no pretende la tarea imposible de reproducir la vida Alfonsín a escala natural. Que el lector se prepare entonces para leer algo alejado de una biografía convencional. Lo que sí pretende Gerchunoff es descubrir y transmitir conexiones no siempre visibles, usar una lente para mirar de cerca, usar otra lente para mirar de lejos, encontrar lo permanente en la vida de Alfonsín, pero también las coyunturas críticas que explican "los cambios de sentido" a lo largo de su trayectoria.</p><p>Estamos ante lo que podríamos denominar entonces un ensayo biográfico, pero quisiera subrayar que es un ensayo en el que se respiran aires posalfonsinistas. Se habla de un Alfonsín que con sus claros y oscuros ha completado su parábola y pertenece ya a la historia. Valen aquí las palabras que escribiera Lucio V. Mansilla en el prólogo de su biografía de Juan Manuel de Rosas: "Este libro no es, no puede ser, no debe ser ni una justificación ni un proceso. Sería un libro de partido que, no sustituyendo las realidades históricas a los disfraces de la leyenda, no haría sino aumentar la incertidumbre y las confusiones".</p><p>Gerchunoff atiende el contexto, pero no reemplaza lo biográfico con el contexto, investiga con fuentes escritas y audiovisuales, acude a testimonios orales, interpreta, combina lo cronológico con lo temático, usa la anécdota si sirve a lo conceptual, descree de las versiones demasiado cerradas de los acontecimientos, deja interrogantes sin contestar. Así como en su libro "La Caída" le pregunta a un Juan domingo Perón imaginario, esta vez le pregunta a un Alfonsín que ya no puede contestar, y lo atractivo es que parece esperar una respuesta. Desde luego, también imagina, En su ensayo "Cómo se escribe una vida", Michael Holroyd dice que "en las malas biografías cada detalle se subraya, no se cuenta, y la vida se narra como la de un santo. La biografía exige cierta destreza en el arte del bordado, no exenta de una bienvenida ligereza…". Espero no estar descalificando a Gerchunoff si digo que esa destreza está presente en este libro.</p><p>Los hechos que se narran están organizados en un antes, un durante y un después del gobierno, aunque el primer capítulo trata de su muerte y sus funerales. Algunos ejemplos muestran el tour de force de Gerchunoff. En la primera parte la relación especial de Alfonsín con su madre, y a través de ella, con el progresismo cristiano; el vínculo irrompible con sus pagos de Chascomús y con el campo, ese vínculo que lo convirtió en un agrarista y en un reformista agrario, y por un largo tiempo en un conservador de costumbres; la decisión de adherir a Ricardo Balbín y no a Arturo Frondizi en la fractura de la Unión Cívica Radical de 1956; la decisión de romper con Balbín quince años más tarde, denunciando el acercamiento de su maestro a Perón, acompañado Alfonsín por los jóvenes radicales movilizados. El vínculo con Balbín es revisado contradiciendo las reseñas que suelen reducirlo a un enfrentamiento y disputa por el poder partidario entre lo "nuevo" y lo "viejo", entre lo "progresista" y lo "conservador".</p><p>En este texto se hilvana una historia con trazos más ricos, en la que Alfonsín se nutre de Balbín, se mide con él, le da pelea y "lo mata" como se mata al padre para poder crecer. "Como la mayoría de la gente en rebelión (…) estaba más que levemente enamorado de aquello contra lo que se rebelaba", así se refirió Anthony Powell al escribir sobre George Orwell. Más adelante en el libro, las batallas contra Juan Carlos Onganía, la bestia negra corporativista que en la visión de Alfonsín representaba la continuidad de un Perón virando a la derecha en 1952; las denuncias contra la dictadura y a la vez el intento de un diálogo con los dictadores en la búsqueda de una salida democrática; finalmente la inspiración de 1982 y 1983, esa inspiración que lo cambió para siempre y lo llevó a la presidencia.</p><p>Difícil reflejar en pocas palabras la intensidad dramática de los cinco años y medio del paso de Alfonsín por el gobierno (entre 1983 y 1989), que es el tema de la segunda parte del libro. Había batallado exitosamente por el poder contra un adversario a priori imbatible… ¿disfrutó del ejercicio del poder? Es dudoso. Alfonsín fue un formulador de proyectos, un imaginativo del provenir; allí es donde mejor se sentía, mucho mejor que en el ejercicio del gobierno. Es comprensible. De hecho el suyo fue un gobierno al límite de lo imposible. El intento de dar solución simultánea a la cuestión militar, la cuestión sindical y la cuestión económica (el triángulo móvil, lo llama Gerchunoff) se frustró en el contexto de los juicios a los involucrados en la represión ilegal, del porfiado encono sindical y de la densa bruma en la que navegó el gobierno de Alfonsín en materia económica.</p><p>El lector descubrirá en la lectura del libro que los protagonistas de cada uno de los vértices de aquel triángulo actuaban –en el mismo ámbito gubernamental- abstraídos en sus propias lógicas internas. Solo la mirada exhaustiva de Alfonsín alcanzaba a capturar el conflicto en su integridad. Y desde esa mirada abarcativa, a partir de 1986 Alfonsín rearma, una y otra vez, su agenda de gobierno, intentando retomar la iniciativa, salir de la encerrona, fabricar nuevos proyectos. En ese contexto entiende Gerchunoff el traslado de la Capital hacia el sur del país, los primeros pasos hacia la reforma constitucional, los acuerdos con Brasil.</p><p>El tratamiento de la cuestión militar ocupar en el libro un lugar significativo (lo que no podía ser de otra manera) pero a la vez novedoso. Gerchunoff propone una interpretación respecto a a la centralidad de los hechos de Semana Santa que no es la más frecuente. A diferencia del recuerdo cristalizado en la mayor parte de la sociedad argentina -en el que todo se desata y se resuelve entre un jueves santo y domingo de resurrección-, Gerchunoff afirma que los padecimientos de Alfonsín en su relación con el mundo militar se extendieron hasta el final de su gobierno.</p><p>¿Es Alfonsín después de su salida del gobierno un hombre a la defensiva o a la ofensiva? El sueño de un acuerdo democrático y reformista con un peronismo que se le pareciera, el de Antonio Cafiero, se había desvanecido. Ahora estaba en el gobierno el peronismo de un Carlos Menem, en pleno viraje "neo-liberal". En la tercera parte dl libro vemos a Alfonsín defendiendo su gobierno y criticando sin matices y con poco éxito a Menem, al tiempo que decidía un acercamiento definitivo a una Internacional Socialista que, para su enojo, se estaba volviendo liberal.</p><p>El centro de esta tercera parte del libro es la reforma constitucional de 1994, un proyecto incomprendido y, según Gerchunoff, la segunda gran inspiración de Alfonsín ("Solo al fuerte le es permitido sellar alianzas" escribió Hannah Arendt en un poema, "En el septuagésimo cumpleaños de Blumenfeld"). Frente a la perplejidad al sentirse rechazado incluso en su frente interno, Alfonsín recurre, a fines de 1993, a la acción y a la poderosa arma de la persuasión. Dos rasgos le eran ajenos: indolencia y autocompasión, aunque en algún momento reveló el riesgo de "tenerse lástima".</p><p>Cita Gerchunoff a propósito de los debates con sus correligionarios sobre la necesidad de la reforma constitucional de 1994: "En algún momento de esas largas horas me ocurrió lo peor que le puede pasar a un luchador, sentí lástima de mí". Un luchador. Así se veía Alfonsín. Y así lo transmitía. Hacia el final, Gerchunoff nos ofrece un tenso relato sobre el lugar de Alfonsín en la Alianza y su áspero choque con Fernando de la Rúa, que terminó en la desintegración del partido al que había llevado a la cima. Se pregunta Gerchunoff: ¿Conspiró Alfonsín contra de la Rúa?</p><p>No es un recorrido completo el de este prólogo. Apenas unas pinceladas del retrato que compone Gerchunoff. Son solo ejemplos, pero en ninguno de ellos ni en el libro entero se cae en la celada de una visión complaciente con Alfonsín. Y no es una vida intensa la que nos cuenta Gerchunoff. Es una vida casi frenética que no se da tiempo para un momento de paz. ¿Encontraría algo de paz en la lectura? Dice Richard Holmes en "Letters for Children" que para penetrar en las "áreas silenciosas" de una vida, esas que tampoco aparecen en las autobiografías, existe el recurso de observar al personaje como lector. Alfonsín fue lector desde la niñez y se convirtió con el paso de los años en un lector intencionado que concentraba su limitado tiempo de soledad en textos que le dieran sustento histórico e inspiración a sus proyectos. Harold Laski, Norberto Bobbio, sus disputas con Anthony Giddens. Huellas que deja un lector y que recoge el biógrafo.</p><p>Alfonsín lector, Alfonsín escritor. Alfonsín escribió y leyó probablemente como ningún otro radical. Por fuera de sus intervenciones periodísticas, escribió su primer libro en 1980, "La cuestión argentina", y desde entonces siempre lo hizo para darse herramientas políticas. En 1996 publica "Democracia y consenso". En el prólogo Alfonsín anticipa que ese libro es el primero de un conjunto de cinco que espera escribir en el lapso de dos años, aclarando que ya tiene material "seleccionado y clasificado". No se detiene. Puro voluntarismo. La lectura como insumo, la escritura como herramienta política. Escribe "Memoria política" en 2004 y "Fundamentos de la República Democrática" en 2007.</p><p>Gerchunoff ofrece en este libro una llave de entrada a una vida teñida por la urgencia, apasionada, imperfecta. El prólogo que aquí termina es una invitación a un viaje. Que el lector se deje llevar.</p>Sinopsis de la obra<p>Cuando cumple treinta y un años, Raúl Alfonsín es un hombre casado y con seis hijos. Acaba de ser electo diputado provincial; sabe que su vida será mayormente una vida política. Es el año 1958. En las décadas siguientes adquirirá cada vez mayor relevancia. Primero dentro del radicalismo; luego en todo el país. Diputado nacional en 1962; referente de los derechos humanos durante de la dictadura; presidente en el regreso a la democracia en 1983; impulsor del llamado "Pacto de Olivos" con Carlos Menem y factotum de la reforma constitucional de 1994. Tras la crisis de 2001, será un actor decisivo en la salida de la Convertibilidad.</p><p>En este excepcional ensayo histórico, Pablo Gerchunoff analiza y piensa la vida de Raúl Alfonsín sobre los últimos setenta años de la Argentina. Gracias a una investigación exhaustiva que va desde su nacimiento en Chascomús hasta su muerte, en buena medida muestra a un Alfonsín casi desconocido. Pero más importante aún es lo que revela sobre las transformaciones de la economía y la sociedad: las decisiones que cambiaron nuestra historia, las negociaciones in extremis, el Juicio a las Juntas y la amenaza militar durante la década del ochenta, el Plan Austral y la hiperinflación, la intimidad del ejercicio del poder, lo que podría haber sido y no fue, los errores de cálculo, la evolución del radicalismo.</p><p>Este libro es un lúcido y conmovedor fresco político; lo recorremos guiados por una personalidad impar: Raúl Alfonsín, un líder ético acaso irrepetible.</p>Sobre el autor<p>Pablo León Gerchunoff nació en la ciudad de Buenos Aires el 2 de agosto de 1944. Tiene 79 años. Es, entre otras cosas, historiador económico y profesor emérito de la Universidad Torcuato Di Tella. También es docente honorario de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires y profesor invitado en diversas universidades extranjeras. Investigador asociado del Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Alcalá de Henares, miembro de número de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y becario de la Fundación Guggenheim (2008-2009). En 2016 fue Premio Konex como personalidad destacada de las Humanidades Argentinas en la categoría "Desarrollo Económico".</p><p>Entre sus publicaciones más importantes se destacan: "El ciclo de la ilusión y el desencanto. Un siglo de políticas económicas argentinas" (varias ediciones); "Entre la equidad y el crecimiento. Ascenso y caída de la economía argentina 1880-2002" (2004); "Por qué Argentina no fue Australia? Una hipótesis sobre un cambio de rumbo" (2006); "Desorden y progreso. Historia de las crisis económicas argentinas 1875-1905" (2007); "El eslabón perdido" (2017); "La caída, 1955" (2018) y "La moneda en el aire. Conversaciones sobre la Argentina y su historia de futuros imprevisibles" (2021), junto a Roy Hora.</p><p>(*) Prólogo del libro "Raúl Alfonsín. El planisferio invertido", ensayo biográfico de Pablo Guerchunoff. Obra publicada por Edhasa Argentina, Buenos Aires, año 2022 (462 páginas).</p>]]>
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                <updated>2026-03-18T16:15:30+00:00</updated>
                <published>2024-01-07T21:22:59+00:00</published>
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