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    <title>Sur24</title>
    <subtitle>Todo el sur, todo el día, todos los días.</subtitle>
    <updated>2022-11-21T13:52:09+00:00</updated>
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            Hebe de Bonafini: las muertes nunca se celebran
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                <![CDATA[Redacción Sur24]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/m0UsDJrXEtcnT0t8t-GE0eqKHlk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2022/11/bonafini-cherep.webp" class="type:primaryImage" /></figure>
<p>(Por Coni Cherep) &#8211; Murió Hebe de Bonafini, la emblemática y polémica Madre de Plaza de Mayo. Su lucha original, su resistencia a la dictadura militar y su valiente reclamo ante los organismos internacionales por la desaparición de decenas de miles de argentinos, se fue extinguiendo con el tiempo a consecuencia de muchas de sus acciones.</p>


<p>De verbo fácil y con una intransigencia ideológica que le impidió relacionarse pacíficamente con el gobierno de Alfonsín, su tiempo político fue derivando en una personalidad conflictiva que rompió con su propia organización, la enfrentó a las Abuelas, y la condujo a una posición extremista que, antes del kirchnerismo, sólo coincidía con sectores de la política marginal.</p>


<p>Los retrocesos argentinos en los procesos de investigación y condena a los responsables de la dictadura le alimentaron el odio. Y ella no lo ocultaba: “Odio, claro, ¿cómo no voy a odiar?, imagínese a usted mismo con sus hijos desaparecidos, y con los asesinos libres… ¿Usted no odiaría?” respondió a una pregunta que le formulé en el año 2001, en los estudios de LT10. Habían pasado pocos días del atentado a las Torres Gemelas, y ella tuvo la ocurrencia de “celebrarlo”.</p>


<p>Desde entonces, y todavía lejos del poder que le otorgó la llegada de Néstor Kirchner al gobierno, Hebe de Bonafini se convirtió en una celebradora de horrores. Cualquiera de los hechos criminales que encajaban en perjuicio a sus “enemigos”, merecían celebración.</p>


<p>Desde los asesinatos de ETA, pasando por las bombas del terrorismo islamita o los fallecimientos naturales de quienes estaban en la pasarela de sus odios asociados, ella se encargaba de celebrar la muerte. Una “cultura” que se extendió a algunos pocos sectores de las organizaciones de víctimas de la dictadura, que aún hoy creen que haber sido víctimas los autoriza a ser victimarios, sin lugar a reproches.</p>


<p>Cuando el kirchnerismo la “empoderó”, profundizó su perfil de “odiadora” y propuso acciones disparatadas y ajenas a la democracia, como tomar por la fuerza el Poder Judicial o proponer violencia directa sobre adversarios políticos de los ex presidentes.</p>


<p>Paradójicamente, algunos de aquellos que sufrieron el espanto de los abusos estatales, las torturas, la violación de todos los derechos individuales y colectivos, fueron desarrollando un mecanismo de reivindicación de las mismas acciones que produjeron sus sufrimientos.</p>


<p>Ejemplos hay muchos, y muy recientes en la provincia de Santa Fe, pero no es necesario mencionarlos.</p>


<p>Lo que sí merece una reflexión es la reacción de algunos antikirchneristas a la muerte de Hebe de Bonafini. El estallido en redes sociales, que se asoció a la idea de festejarla.</p>


<p>Con argumentos que valen para reprocharle sus pensamientos, especialmente desde la fundación de la organización delictiva con Sergio Schoklender, a Bonafini le sobraban desprecios, claro. Sus últimos años de la mano del ala más dura y corrosiva del kirchnerismo -Amado Boudou, como ejemplo más acabado- acumularon un conjunto de expresiones que la convirtieron en un personaje bochornoso.</p>


<p>Sin embargo, no se puede caer en la bajeza de celebrar su muerte. Porque hacerlo, implica mirarse en el espejo de ella que más horrorizaba.</p>


<p>Argentina necesita, y con urgencia, una purga de sentimientos. Seguimos abordando los asuntos públicos y sus protagonistas, desde una lógica estomacal. Las discusiones centrales, casi siempre, terminan encharcadas en réplicas ideológicas nacidas de los manuales del siglo XIX, y con un reacomodamiento parcial y utilitario de fragmentos de la historia, según convenga.</p>


<p>No nos reconocemos nunca en el otro, ni admitimos que “el otro”, será necesario para acordar una salida racional, que nos geste algún futuro.</p>


<p>La idea de la “eliminación” del otro, además de imposible, remite al espanto de creer que existen fórmulas extintivas del pensamiento diferente, sin que eso derive en un nueva e infinita cinta de Moebius que alimente nuevos odios.</p>


<p>Bonafini representó acabadamente el modelo de discurso político argentino que no conduce a ningún lugar, y que incluye las dos caras del espanto argentino: la de las víctimas y la de los victimarios. Lejos, muy lejos de los ejemplos que algunas mujeres y hombres del siglo XX, habían sembrado: las víctimas del holocausto nazi, Mahatma Gandhi y el mismísimo Nelson Mandela.</p>


<p>A Bonafini le caben todos los reproches que quieran, pero su muerte no es motivo de celebración. Porque la muerte nunca lo es. Porque la mera idea de que la eliminación del otro signifique una alegría, nos determina ocupando ese mismo lugar que reprochamos y nos espanta.</p>


<p>Los hombres y las mujeres que son y serán historia en este país, deben ocupar un lugar en la memoria, y a eso generalmente lo definen los pueblos de manera genuina, más allá de los esfuerzos sectoriales.</p>


<p>En este país, sobra muerte. Y sobran deudas sociales. Todas, son las consecuencias directas de nuestra incapacidad para admitir que el otro, los otros, también formarán parte de cualquier futuro.</p>


<p>Si no somos capaces de hacerlo, empecemos al menos, por no celebrar las muertes adversarias. Por respetar el dolor del otro. Por tener la decencia del silencio, y evitar la provocación innecesaria, mientras otro argentino transita el duelo. Que en muchos casos, como el de Hebe, tiene un punto de partida trágico.</p>


<p>De vidas se hace y se hará la historia, y no de muertes. Tan mal lo hicimos, que siempre elegimos conmemorar, en lugar de celebrar las vidas de nuestros protagonistas.</p>

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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/m0UsDJrXEtcnT0t8t-GE0eqKHlk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2022/11/bonafini-cherep.webp" class="type:primaryImage" /></figure>(Por Coni Cherep) – Murió Hebe de Bonafini, la emblemática y polémica Madre de Plaza de Mayo. Su lucha original, su resistencia a la dictadura militar...]]>
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                <updated>2022-11-21T13:52:09+00:00</updated>
                <published>2022-11-21T13:52:09+00:00</published>
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            Murió Hebe de Bonafini, la titular de Madres de Plaza de Mayo
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                <![CDATA[Redacción Sur24]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/MzyKThBSuMWI4zLH5ILuh2Yn5JU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2022/11/B2KIP3WFRJAS3FQNUXALO3QTG4.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Murió, a los 93 años, Hebe. Murió una mujer que no necesita apellido. Había nacido como Hebe María Pastor el 4 de diciembre de 1928 en una casa de clase media, en una familia sencilla de un barrio obrero de Ensenada, provincia de Buenos Aires. Murió como Hebe de Bonafini, este domingo por la mañana, en el hospital Italiano de La Plata, donde estaba internada desde hace unos días. Era una activista por los derechos humanos, una luchadora por la tríada Memoria, Verdad y Justicia, titular de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, convertida con los años en un actor político afín al kirchnerismo, una militante de fundamentos encendidos, de declaraciones enérgicas, una próspera proveedora de titulares periodísticos, una usina de tensión al debate ideológico. Murió, también, procesada, envuelta en polémicas.</p>
<p>Murió después de que las redes sociales anunciaran su muerte más de una vez. Murió después de que su biografía de Wikipedia mutara de “activista” a “vieja, lacra, decadente y senil”. En una de sus últimas declaraciones públicas, entendió que esta intervención de su perfil virtual obedecía a “las ganas que tienen algunos de que me muera”. Anunció, a su vez, que iniciaría acciones legales por la difusión de estos calificativos despectivos. Si hay algo de lo que Hebe de Bonafini puede presumir es que nunca se calló. Nunca esquivó la discusión. Incurría en la desmesura, en la exaltación. Se convirtió en una voz de referencia, en un foco de opinión, en un termómetro político, en un derrotero de declaraciones entrecomilladas. Uno de sus últimos títulos fue dirigido a Alberto Fernández: “Hable lo menos posible porque cuando lo hace es una desilusión”, enfatizó quien ya había exigido la renuncia del presidente luego del intento de magnicidio contra Cristina Kichner.</p>
<p>Hace solo una semana había participado de la inauguración de una muestra de fotos que se hizo en su honor en el Centro Cultural Kirchner (CCK). La exposición se llama “Hebe de Bonafini, una madre rev/belada” y se nutre de imágenes que recorren su vida “desde su infancia y juventud hasta su militancia”, informó el organismo de derechos humanos de las Madres de Plaza de Mayo.</p>
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<p>La asociación que fundó para visibilizar y sembrar conciencia sobre la desaparición de personas durante la última dictadura cívico militar dice que sus consignas están cargadas de principios. Después de más de cuarenta años de lucha, debieron explicar que ya no son un organismo de derechos humanos: “Somos una organización política, ahora con un proyecto nacional y popular de liberación”. Una declaración que la presidenta de la Asociación Madres de Plaza de Mayo desde 1979 defendía desde sus discursos, desde su proselitismo, desde sus manifestaciones públicas.</p>
<p>Hebe, esa mujer con un pañuelo blanco en la cabeza que hablaba loas del Che Guevara, Fidel Castro, Hugo Chávez, Evo Morales, que ofrecía su apoyo a las comunidades aborígenes, que evidenciaba su contrapunto con el neoliberalismo y el FMI, que vociferaba a favor de la lucha revolucionaria de los pueblos, no terminó la escuela primaria porque en su familia no había plata para pagar el boleto de colectivo. Hija de Francisco Pastor y de Josefa Bogetti, le decían Kika, la atacó el asma de niña y la diabetes de grande, aprendió a caminar y a hablar antes de lo previsto. Se crió en el barrio El Dique, en las afueras de La Plata. “A mí me decían ‘niña regadera’, porque hablaba todo el tiempo, preguntaba, intervenía. Antes se acostumbraba que a los chicos, cuando estaban los mayores, se los mandara afuera. Y yo me metía, quería saber todo, lo que se contaba y lo que no”, dijo en una entrevista publicada por Gatopardo.</p>
<p>Se puso de novia a los 14 años, el 29 de diciembre de 1942. Su pareja, Humberto Alfredo Bonafini. Se casaron y se dedicó a ser ama de casa. Tuvieron tres hijos: Jorge Omar, Raúl Alfredo y María Alejandra. Solo vive la hija, la menor. Humberto falleció a los 57 años, en septiembre de 1982. Sus otros dos hijos, simplemente, dejaron de estar.</p>
<p>A Jorge Omar lo secuestraron de su domicilio en la calle 24 esquina 56 en la ciudad de La Plata el 8 de febrero de 1977: tenía 26 años, era profesor de matemáticas, cursaba la carrera de física en la facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Nacional de La Plata, era ayudante en dos cátedras y militaba en el Partido Comunista Marxista Leninista. “Unos días antes habían matado a unos chicos en la esquina de mi casa -contó la activista en la edición 48 del ciclo Mateando con Hebe de Bonafini-. ‘Ay Dios mío, pobre madre, tiene a sus hijos ahí tirados y no lo sabe’, pensaba. Viene mi hijo Jorge y me dice ‘mamá vamos a poner la radio que parece que los militares van a dar un comunicado’. Se pusieron tan mal, tan mal que yo les decía ‘pero chicos no es tan grave’. ‘No mamá, no sabés lo que es esto’, me respondieron”.</p>
<p>La dinámica familiar de los Bonafini había cambiado estrepitosamente en marzo de 1976. “Corridas, gente que se llevaban, compañeros que había que cambiar de lugar, chicos a los que había que llevarles la comida. Fue muy trágico. Nunca pensás que estas cosas te van a pasar hasta que nos pasó”. A Jorge lo golpearon y torturaron en su casa en el marco de un operativo ilegal de detención y posterior desaparición forzada. Desmayado y encapuchado, lo subieron a un auto. Vecinos vieron cómo se lo llevaban.</p>
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<p>“Cambié como persona el mismo momento en que me dijeron ‘no lo encontramos a Jorge’. Mi casa se transformó en otra cosa”, expresó. La casa se transformó en una guardia permanente y ella en una mujer desesperada, iracunda. Recorría morgues, psiquiátricos, juzgados, comisarías buscando respuestas. Su hijo Raúl la llamó y le dijo que la quería verla en el Hospital de Niños. Ella no lo encontró, lo descubrió: tenía el pelo corto, la barba tupida, la piel pálida. Lucía como un hombre clandestino. Coordinaron una visita a un abogado que les recomendó presentar un hábeas corpus para denunciar la desaparición. Llovía esa noche. Estaban con María y Humberto en el auto. “El abogado no lo quiso ni redactar. Lo dictó para que lo escribiéramos nosotros. Lo hicimos con un papel que teníamos en el auto. Escribimos el primer hábeas corpus y lo fuimos a llevar. Ahí empezó la odisea”, relató.</p>
<p>El 30 de abril de 1977 fue sábado y la primera vez que madres de hijos desaparecidos se juntaron en la Plaza de Mayo. Eran pocas, eran casi invisibles. Fueron a la búsqueda puerta a puerta de otras compañeras. “Nos empezamos a juntar cada vez más en la plaza. Al principio no caminábamos, estábamos reunidas, hasta que un día vino la policía, nos pegó, nos dijeron ‘caminen’, nos agarramos del brazo y empezamos a caminar de a dos”, recordó Hebe la vez que un grupo de mujeres comenzó a rodear la Pirámide de Mayo en silencio, en clave de protesta.</p>
<p>El pañuelo blanco identificatorio de las madres era un pañal de tela. Y era color blanco porque el blanco se ve. Nació en una peregrinación a Luján. Las madres se juntaban, además de bares, en parroquias, iglesias, conventos. Ahí comprendieron que a la misa iban a asistir millones de jóvenes de las mismas edades de sus hijos.</p>
<p>A Raúl Alfredo lo secuestraron en Berazategui el 6 de diciembre de 1977 en medio de una reunión sindical en el marco de un operativo ilegal de detención y posterior desaparición forzada: tenía 24 años, trabajaba en una refinería de YPF en La Plata, era estudiante de zoología en la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata y militaba en el Partido Comunista Marxista Leninista. Testigos lo identificaron en los Centros Clandestinos de Detención del Pozo de Quilmes y La Cacha. A su hermano Jorge, sobrevivientes lo ubicaron en los Centros Clandestinos de Detención del Circuito represivo Camps destacamento de Arana y Comisaría Quinta. Ambas desapariciones fueron incluidas en juicios probados de delitos de lesa humanidad y tuvieron sentencias dictadas en la causa “Camps” de diciembre de 1986 y en la causa “Circuito Camps” de diciembre de 2012.</p>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/MzyKThBSuMWI4zLH5ILuh2Yn5JU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2022/11/B2KIP3WFRJAS3FQNUXALO3QTG4.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Murió, a los 93 años, Hebe. Murió una mujer que no necesita apellido. Había nacido como Hebe María Pastor el 4 de diciembre de 1928 en una casa de cla...]]>
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                <updated>2022-11-21T07:55:16+00:00</updated>
                <published>2022-11-20T11:21:32+00:00</published>
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