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    <title>Sur24</title>
    <subtitle>Todo el sur, todo el día, todos los días.</subtitle>
    <updated>2022-12-20T18:22:52+00:00</updated>
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            Una rufinense donó médula ósea  y fue compatible con un paciente
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                <![CDATA[Redacción Sur24]]>
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<p>Sol Maderna es rufinense, nació el 23 de julio de 1999 y protagonizó una historia de valor y empatía que emociona e inspira. A fines de noviembre, la menuda mujer de ojos claros y mirada sensible, hizo pública su historia, en su muro de Facebook.</p>
<p>“En 2018 doné sangre y me anoté como donante voluntaria de médula ósea. El 23 de septiembre me contactaron porque era potencialmente compatible con un paciente no emparentado”, comparte la joven de 23 años sobre su experiencia y agrega: “Después de unos estudios, supimos que era 99% compatible con el paciente y comencé el proceso de la donación. El domingo 6 de noviembre viajamos a Buenos Aires con mi mamá para terminar de chequear que todo estuviera bien, allá me explicaron el procedimiento”, agregó.</p>
<p>Su mamá fue quien la acompañó desde el primer momento en todo este periplo que no hizo menos que poner en primer plano la posibilidad de salvar una vida. Viajes, medicación, internaciones y mucha valentía, decoran el recorrido de Sol; quien sin dudas llegó para compartir su luz e inspirar a otros hacerlo.</p>
Valentía y solidaridad 
<p>“El 19 comencé con la aplicación de vacunas para que mi médula ósea produzca en cantidad para la extracción; eran dos aplicaciones por día, durante cinco días. Al cuarto día volvimos a viajar para que a las siguientes 24 horas me sometiera a la extracción, que duró aproximadamente cinco horas. No fue para nada doloroso, solo me molestó estar quieta por tanto tiempo”, se sinceró la valiente joven después de llevarse espontáneamente a realizar esta promesa que muestra su corazón.</p>
<p>“Ni yo pensaba que era tan fuerte y valiente; me aguanté dos agujas en los brazos al mismo tiempo. Si se quiere se puede”, subrayó orgullosa la joven que es callada, sensible y que trabaja como guardavidas en Rufino.</p>
Donar vida 
<p>Visibilizar historias de entrega y solidaridad como estas, y protagonizadas por jóvenes con conciencia y empatía, amplía los márgenes de esperanza para pensar en una comunidad que se mira a los ojos desde el corazón, y en un mundo mucho mejor.</p>
<p>Sol se encuentra perfectamente bien de salud y pudo pasar la vida, sometiéndose a un tratamiento no invasivo en Buenos Aires, que permitió a otro ser humano seguir viviendo. La celebración para ella, en estas fiestas navideñas, será doble.</p>
<p>Cabe destacar que Sol, quien estudia en Rosario la carrera de Educación Física, viajó junto a su mamá desde esa ciudad a Buenos Aires y los pasajes aéreos fueron costeados como parte de la intervención.</p>
<p>NOTA PUBLICADA EN LA EDICIÓN IMPRESA DE SUR24 DE ESTE LUNES 19 DE DICIEMBRE</p>
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                <published>2022-12-20T18:21:59+00:00</published>
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            “Tutti” Jauregui: “Me salvaron la vida y vuelvo a ser una persona normal”
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/hD7HL4TSswVElu0e1aXVz0vJQIM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2021/05/4.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Con 21 años, Branco “Tutti” Jauregui, tiene más que una historia de vida para contar en Carreras, la localidad de donde es oriundo. Lo que empezó como un contagio de COVID-19, aceleró un proceso que se estaba dando en el interior de su cuerpo y que hoy hace que sea una de las pocas personas trasplantadas del corazón que hay en el sur provincial.</p>
<p>Las páginas empezaron a escribirse en septiembre del 2020, cuando su familia y él resultaron positivos de coronavirus. Estuvo los primeros 15 días sin síntomas graves y a los 2 días del alta, empezó con tos fuerte y fiebre. “No me di cuenta de lo que estaba pasando hasta que el catarro apareció con sangre”, contó.</p>
<p>Desde entonces, siempre estuvo en contacto con médicos. Estuvo primero en la vecina localidad de Alcorta, donde lo medicaron por una neumonía mal curada y problemas en el pulmón, porque una placa radiográfica indicaba que tenía líquido en esa zona. Pero ese tratamiento no resultó.</p>
<p>Ahí la situación cambió y fue más dramática. Ya no podía dormir, le costaba comer y literalmente no se levantaba de la cama. “Cuando no pude más, fuimos a Firmat con mi familia y en 2 horas me dijeron que el problema era del corazón. Me derivaron a Rosario, donde me estabilizaron y estuve bien hasta el 30 diciembre, porque nuevamente recaí”.</p>
<p>A Buenos Aires por tiempo indeterminado</p>
<p>Para entonces, la retención de líquido que tenía en el cuerpo no le dejaba verse las rodillas ni los tobillos. Su corazón estaba rodeado de líquido y por eso no se movía como corresponde. Ese fue el momento donde le aconsejaron buscar especialistas en la Capital Federal, más precisamente en la Fundación Favaloro.</p>
<p>“Consulté con la sobrina de René Favaloro, Liliana, el 22 de enero y ya no volví más a Carreras. La obra social me derivó al Hospital Italiano, donde quedé internado. Al segundo día me dijeron que lo mío era irreversible y que necesitaba un trasplante para seguir viviendo”, relató.</p>
<p>Indirectamente, lo fueron preparando. Con asistencia profesional, le bajaron el mensaje para que de a poco lo fuese aceptando. Ingresó a lista nacional de trasplantes y a los 4 días estaba en condición de emergencia nacional y primero en orden de urgencias: “Con 21 años y toda una vida por delante no entendía por qué me pasaba esto. Hago deportes, en mi familia no hay antecedentes. Pensaba mucho. Por eso hoy digo que me salvaron la vida. Vuelvo a ser una persona normal y estoy tan contento”.</p>
<p>Todavía no hay abrazos</p>
<p>“Tutti”, explicó que al estudiar su corazón, los médicos vieron que había muchas cicatrices: “Estaba desgastado y dilatado. No creen que haya sido causa directa del COVID-19, pero sí que aceleró el proceso. Si no era ahora, en 2 o 3 años podría pasar. Resultó ser una patología que estaba desarrollada. Fue de un día para otro y no me pude dar cuenta de nada”.</p>
<p>Branco despertó 36 horas después de la cirugía. Apenas abrió los ojos estaba rodeado de profesionales. Su corazón iba a una velocidad mucho más intensa que la de una persona normal. “Una vez que me desperté no me dormí más. Seguía sedado, pero me acuerdo incluso la sensación cuando me quitaron el tubo de oxigeno que fue fea pero necesaria. Y también que temblaba porque la frecuencia cardiaca iba muy rápido. Ahí me asusté porque vi que mi corazón funcionaba”, explicó.</p>
<p>Y es que la misma medicación y la frecuencia del nuevo corazón tienen que estar a otro “ritmo” para que el órgano se estimule los primeros días. “Girar la cabeza y ver la cicatriz fue algo impactante. Era encontrarme con drenajes, cables. No tenía idea de que fuera tanto. No me lo esperaba. Después me fui acostumbrando”.</p>
<p>Estos primeros meses son de cuidados extremos. Al margen de las recomendaciones propias por la época de pandemia, tiene que tener especiales recaudos en su vida diaria hasta en las comidas. Ya puede caminar, correr y andar en bici, pero sin esfuerzos. “Mi cuerpo no tiene defensas a causa de la medicación”, remarcó.</p>
<p>Cada 25 días tiene turnos para biopsias, luego análisis por la medicación que toma, control de la piel, gastroenterólogo y nutricionista, entre otros. “Es muy serio pero lo peor ya pasó. Ahora retome la facultad para terminar Educación Física. Voy a hacer deportes sin contacto y me gustaría participar de los Juegos Olímpicos para personas trasplantadas”, adelantó.</p>
<p>En cuanto a la familia del donante (un joven de 16 años de Salta que falleció en un accidente de tránsito), no tuvo contacto directo sino por terceros. “Si algún día quieren conocerme, me encantaría. Se que no es fácil para ellos. Me salvaron la vida en su momento más doloroso. Donaron órganos, pensaron en mí y otras 8 personas más. Son mi segunda familia”.</p>
<p>“Hoy me levanto con alegría. Cada día que pasa es una batalla ganada, un día más que tengo la posibilidad de vivir. Paso el tiempo con mis seres queridos y no lo pierdo. Agradezco siempre a quienes hicieron fuerza. Mi vida cambió por completo. La pasé muy y mal y volví a nacer”.</p>
<p>Y cerró: “Antes del trasplante lloraba de impotencia. Hoy recuerdo todo y lloro, pero de felicidad”.</p>
<p></p>
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