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    <updated>2026-08-28T12:59:47+00:00</updated>
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            Alberto Pesaola: de aquel delegado de 15 años en Alcorta a tener voz y voto en la AFA
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/MpbmzZYrP-k9Kstt3CHhFR3Ef28=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2026/08/alberto_pesaola_3.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Mucho antes de sentarse en una Asamblea de la Asociación del Fútbol Argentino, de votar balances, presupuestos o modificaciones estatutarias, Alberto Pesaola ya pasaba buena parte de sus días dentro de un club. No había despachos importantes ni viajes ligados a la dirigencia nacional. Había una pelota, equipos de inferiores, rifas que organizar y grupos de chicos que conducir.</p><p>Tenía apenas 15 años cuando comenzó a desempeñarse como delegado de un club de Alcorta. Ya jugaba, después sería entrenador de divisiones inferiores y Primera, pero sin advertirlo todavía estaba empezando a construir otro recorrido: el del dirigente.</p><p>Hoy, recién cumplidos los 60 años, Pesaola vuelve a ocupar uno de los lugares de representación que el fútbol del interior posee dentro de la AFA. Por quinta vez será asambleísta titular por la Jurisdicción Litoral, que comprende a las ligas de Santa Fe, Chaco y Formosa.</p><p>Detrás de esa designación aparecen más de cuatro décadas vinculadas al fútbol y casi dos décadas al frente de la Liga Deportiva del Sur, con sede en Alcorta. Pero cuando repasa su historia, Pesaola no identifica un momento exacto en el que decidió convertirse en dirigente. Más bien siente que fue una consecuencia natural de todo lo anterior.</p><p>“Comencé a dirigir grupos desde muy joven, a armar rifas, torneos y distintas actividades. Eso me llevó también a ser dirigente”, recuerda. La Liga, admite, siempre estuvo dentro de sus objetivos, aunque recién llegaría después de haberse alejado de la competencia deportiva.</p>El dirigente empezó a formarse mucho antes del cargo<p>La relación con la dirigencia institucional comenzó desde abajo. Pesaola conoció al fútbol desde adentro: fue jugador, entrenador de inferiores, técnico de Primera y delegado. Esa experiencia terminó siendo la base sobre la cual años después construiría su conducción.</p><p>En 2004 llegó a la estructura de la Liga Deportiva del Sur como coordinador de la mesa de divisiones inferiores. Luego pasó por la vicepresidencia y en 2009 dio el salto que cambiaría definitivamente su relación con la institución: asumió como presidente.</p><p>No era un cambio menor. Llegaba después de una conducción que había permanecido durante décadas al frente de la Liga y debía hacerse cargo de una organización que reunía clubes con historias, necesidades e intereses diferentes.</p><p>“Ya venía con experiencia, pero por supuesto que ser presidente fue una responsabilidad muy grande. Le dediqué mucho tiempo de mi vida a la institución”, reconoce.</p><p>Desde entonces transcurrieron casi 18 años de conducción, además de los cuatro que anteriormente había ocupado como vicepresidente. Hubo domingos tranquilos, otros bastante menos, decisiones difíciles y discusiones propias de un fútbol donde cada institución observa la realidad desde su lugar.</p><p>Pesaola aprendió temprano una de las reglas no escritas del cargo: cuando termina una fecha, siempre hay alguien descontento.</p><p>Por eso, si pudiera regresar a aquel 2009 y encontrarse con el dirigente que recién asumía, no cambiaría demasiado su manera de actuar. Solamente le haría una advertencia.</p><p>“Le diría que se maneje muy parecido al actual, pero también que se prepare, porque todos los domingos la mitad de los equipos te van a culpar de todo”, dice entre la experiencia y el humor que dejan tantos años recorriendo canchas.</p>De Alcorta a la estructura nacional<p>El salto hacia la dirigencia nacional tampoco ocurrió de un día para otro. Su primer contacto importante con el Consejo Federal llegó durante la temporada 2011/2012, cuando comenzó a desempeñarse como representante.</p><p>Fue allí donde empezó otro aprendizaje. La distancia entre conducir una liga regional y formar parte de la estructura que organiza el fútbol del interior argentino parecía enorme. Con los años entendió todavía más lo difícil que era alcanzar esos espacios.</p><p>“Llegar desde el interior a ser asambleísta es algo de lo que me llevó varios años darme cuenta de la importancia que tiene y de lo difícil que es conseguirlo”, señala.</p><p>En ese recorrido, Pesaola destaca especialmente al presidente ejecutivo del Consejo Federal, Pablo Toviggino, a quien considera determinante para ampliar la representación territorial dentro de la organización.</p><p>“Soy un agradecido a Dios y a Pablo Toviggino, que ha federalizado el fútbol como nunca antes”, afirma.</p><p>Su nueva elección vuelve a colocarlo como uno de los representantes de las ligas afiliadas. Los asambleístas provenientes del fútbol del interior están integrados por cinco miembros titulares surgidos de las ligas y dos representantes del Torneo Federal A.</p><p>En el caso de Pesaola, su designación surge de la Región Litoral, donde intervienen las ligas de Santa Fe, Chaco y Formosa.</p><p>La dimensión del cargo se entiende mejor cuando menciona a quiénes representa.</p><p>“Para mí es algo muy importante porque estoy representando a muchas ligas, 33 en total”, dimensiona.</p>Qué significa sentarse en una Asamblea de AFA<p>Desde afuera, la palabra “asambleísta” puede sonar distante. Incluso dentro del fútbol regional no siempre se conoce con precisión qué puede decidir quien ocupa ese lugar.</p><p>Pesaola lo explica de manera sencilla: tiene voz y voto sobre los asuntos puestos a consideración de la Asamblea.</p><p>Allí se analizan cuestiones centrales para la estructura del fútbol argentino. Las renovaciones de autoridades se producen cada cuatro años, mientras que anualmente pasan por ese ámbito el balance y el presupuesto. También pueden tratarse reformas del Estatuto o solicitudes de nuevas ligas para incorporarse al Consejo Federal.</p><p>“El asambleísta tiene voz y voto sobre todos los temas que se tratan”, resume.</p><p>Aclara, sin embargo, que no se trata de un cargo ejecutivo. Su tarea es distinta a la del representante regional, que mantiene una relación más cotidiana con las necesidades de las ligas.</p><p>En ese sentido, observa una transformación positiva en la estructura federal durante los últimos años. La creación de delegaciones en distintos puntos del país, sostiene, redujo distancias que históricamente separaron a muchas instituciones del interior de los ámbitos nacionales.</p><p>“Esta conducción del Consejo creó distintas delegaciones en el interior y eso permite una mayor cercanía para solucionar los inconvenientes que van surgiendo”, destaca.</p>Una Liga que duplicó la cantidad de equipos<p>Aunque su función nacional genera reconocimiento, Pesaola mide buena parte de su recorrido por lo ocurrido mucho más cerca, en la Liga que conduce.</p><p>Cuando asumió la presidencia en 2009, el campeonato tenía 10 equipos compitiendo en Primera División. Actualmente son 20.</p><p>Esa transformación aparece inmediatamente cuando debe elegir cuál fue su mayor satisfacción como dirigente.</p><p>“Mi mayor satisfacción es ver el crecimiento de la Liga. Cuando asumí competían 10 equipos y hoy tenemos 20 en Primera División”, remarca.</p><p>Curiosamente, después de tantos años en una función atravesada inevitablemente por conflictos, no identifica una gran injusticia que todavía le genere resentimiento. Tampoco se queda atrapado en fallos arbitrales o situaciones deportivas particulares.</p><p>Su mirada parece estar puesta en otra escala: que los torneos comiencen, se desarrollen y puedan terminar en paz.</p><p>“Lo que más disfruto es cuando los campeonatos finalizan como la fiesta que deben ser, y también ver a los clubes con cada vez más deportistas en sus instalaciones”, cuenta.</p><p>Ahí aparece quizá una de las claves para comprender su manera de mirar el fútbol del interior. Para Pesaola, un club no puede medirse solamente por el resultado del domingo.</p>“Me preocupa cuando se gasta en una campaña y el club no crece”<p>Después de décadas recorriendo instituciones, conoce las diferencias económicas que existen incluso entre clubes separados por pocos kilómetros. Por eso mira con preocupación algunas prácticas del fútbol profesional que lentamente encuentran réplicas en el amateurismo.</p><p>Una de ellas es gastar por encima de las posibilidades únicamente para armar un plantel competitivo.</p><p>“Me preocupa cuando se gasta plata en una campaña y después no se crece dentro de la institución en infraestructura”, advierte.</p><p>Para él, un campeonato puede durar algunos meses; una obra, una cancha, un vestuario o una estructura para inferiores quedan mucho más tiempo.</p><p>La reflexión se conecta con otra convicción que atraviesa su manera de entender la dirigencia: los clubes del interior cumplen una función social que excede largamente al deporte.</p><p>Si alguna vez esa tarea fue importante, Pesaola considera que hoy resulta indispensable.</p><p>“La función social de un club siempre fue importante, pero hoy creo que es fundamental para las luchas diarias contra las adicciones. Ser dirigente de un club es un orgullo personal que muchas personas tienen”, sostiene.</p><p>Por eso, cuando habla de crecimiento no piensa solamente en trofeos. Mira la cantidad de chicos y chicas que atraviesan diariamente las puertas de una institución.</p>El costo invisible de ser dirigente<p>Detrás de los cargos aparecen años de reuniones, llamadas telefónicas, viajes, conflictos, fines de semana ocupados y decisiones que pocas veces pueden dejar conformes a todos.</p><p>Pesaola no desconoce ese costo, pero tampoco lo plantea como un sacrificio impuesto.</p><p>“Ser dirigente es algo que elegí”, afirma.</p><p>En ese camino reconoce un respaldo indispensable: su familia. Después de tantos años, considera que una de sus principales virtudes fue conseguir que la actividad institucional no absorbiera por completo el resto de su vida.</p><p>“La familia me acompaña y creo que una de mis mayores virtudes es haber podido mantener un equilibrio”, explica.</p><p>La palabra equilibrio aparece varias veces durante la charla. No parece casual. Es el concepto con el que describe su vida personal, pero también la forma con la que pretende ser identificado cuando termine su etapa dirigencial.</p>Un Alumni que no esperaba<p>En 2025 llegó otra distinción importante. Pesaola recibió el Premio Alumni como dirigente destacado de la Jurisdicción Litoral, un reconocimiento nacional a su trayectoria dentro del fútbol federal.</p><p>No lo menciona como una meta perseguida ni como la coronación de un recorrido. Precisamente por eso, dice, tuvo un significado especial.</p><p>“Fue un hermoso reconocimiento que no esperaba”, recuerda.</p><p>El premio acompañó una etapa en la que su nombre ya había trascendido ampliamente los límites de la Liga Deportiva del Sur. Sin embargo, cuando se proyecta hacia adelante, su objetivo vuelve a quedar geográficamente mucho más cerca de Alcorta.</p>El centenario como última gran meta<p>Pesaola no habla todavía de retiro inmediato, pero sí empieza a imaginar cómo será el momento de correrse.</p><p>La Liga Deportiva del Sur cumplirá 100 años en 2029 y ese aniversario aparece como una especie de línea en el horizonte.</p><p>“Me gustaría llegar a ese momento y después seguir ayudando, pero sin esta responsabilidad”, confiesa.</p><p>No imagina un alejamiento absoluto. Pretende que quienes acumularon años de experiencia puedan permanecer cerca, aunque ya sin ocupar los lugares de máxima exigencia.</p><p>También observa que existe una nueva generación preparada para asumir responsabilidades. Pero sostiene que el recambio no debería significar desechar todo lo aprendido por quienes transitaron antes el mismo camino.</p><p>“Hay dirigentes jóvenes y muy preparados, pero es importante que el dirigente con experiencia siga, quizá con menos responsabilidad. La experiencia de un dirigente no se aprende comprando un libro; hay que escucharla de quien la vivió”, reflexiona.</p>El legado de una institución “con pocos hinchas”<p>Después de tantos años, podría elegir como legado la expansión de la competencia, su llegada a AFA, el reconocimiento nacional o algunos de los cambios atravesados durante su presidencia.</p><p>Pesaola elige otra cosa.</p><p>Habla de la propia Liga.</p><p>Una institución que no tiene tribunas llenas con gente alentándola, que no disputa campeonatos y que difícilmente genere el mismo sentido de pertenencia emocional que un club. Pero sin esa estructura, recuerda, el fútbol regional tampoco podría funcionar.</p><p>“Me gustaría que quien venga tenga la misma pasión para defender una institución con pocos hinchas, pero que cumple una función clave en la organización de todo”, expresa.</p><p>Tal vez allí esté la síntesis de una vida dirigencial que comenzó mucho antes de cualquier cargo nacional. En aquel adolescente de 15 años que ya organizaba, dirigía y representaba a su club estaba, sin saberlo, buena parte del hombre que décadas después llegaría a una Asamblea de AFA.</p><p>Cuando llegue el día de salir definitivamente de los despachos, Pesaola ya sabe cuál sería para él el mejor reconocimiento. No habla de cargos ni de premios.</p><p>“Me gustaría que me recuerden como el dirigente que siempre mantuvo un equilibrio para todos los temas”.</p><p>A los 60 años, nuevamente elegido para llevar la voz del interior a la casa madre del fútbol argentino, todavía falta para ese recuerdo. Antes está AFA, el día a día de la Liga, el centenario de 2029 y varios domingos en los que, como aprendió hace mucho tiempo, probablemente la mitad de los equipos vuelva a echarle la culpa de algo.</p>]]>
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                                <updated>2026-08-28T12:59:47+00:00</updated>
                <published>2026-08-28T12:57:26+00:00</published>
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