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    <title>Sur24</title>
    <subtitle>Todo el sur, todo el día, todos los días.</subtitle>
    <updated>2026-08-24T17:04:00+00:00</updated>
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            La ciencia argentina sigue en el ojo de la tormenta
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                <![CDATA[Redacción Sur24]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/fG1hFPnB-2PmIjgYP-sN8IU0NkI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2026/08/ciencia.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por Diego Frau (*)</p><p>Estamos atravesando un período álgido en lo que respecta a la discusión sobre la importancia del sistema científico argentino, el cual atraviesa una profunda crisis de desfinanciamiento y desprestigio.</p><p>En parte por una política nacional que prioriza el achicamiento del Estado y que ha alcanzado particularmente al sistema científico y en parte porque como ciudadanos desconocemos el funcionamiento y utilidad de este último.</p><p>Frente a esto, cabe preguntarse: ¿de quién es la responsabilidad de informar y generar conciencia? ¿De los investigadores, de los medios de comunicación masiva o de la propia sociedad?</p><p>Naturalmente, todos tenemos sesgos e ideas arraigadas que nos llevan a aceptar discursos sin un análisis previo, simplemente porque encajan con nuestra forma de ver el mundo.</p><p>Así, cuando el presidente afirma en una entrevista que en el sistema científico y universitario hay "terroristas disfrazados de investigadores, docentes y alumnos", tergiversando la teoría gramsciana sobre el poder de la cultura en la generación de consensos colectivos, ese mensaje cala en buena parte de la población.</p><p>Pero, en el otro extremo, la comunicación de nuestro propio sector tampoco ayuda a clarificar. Entre las agresiones del discurso oficial y las imprecisiones del reclamo sectorial, se genera una maraña informativa donde la verdad se desdibuja.</p><p>Y es justamente esa desinformación cruzada es la que a mi criterio termina alimentando la apatía social: una población hastiada de discursos hinchados que opta por desconectarse, dejando al sistema científico a la deriva. Tratemos entonces de separar la paja del trigo.</p><p>El Estado nacional efectivamente llevó adelante un fuerte proceso de reducción del gasto y de la dotación de personal estatal: desde diciembre de 2023 se redujeron decenas de miles de puestos en el sector público (alrededor de 60.000 puestos), pero no todas esas bajas fueron despidos; hubo contratos que no se renovaron, jubilaciones, retiros voluntarios y vacantes que dejaron de cubrirse.</p><p>Lo mismo ocurre en el sistema científico: la finalización de una beca para hacer un doctorado o un posdoctorado no constituye un despido, porque un becario no ocupa un cargo laboral equivalente al de un investigador o técnico de planta, del mismo modo que un retiro voluntario en el INTA no puede contabilizarse como un despido.</p><p>Pero que una baja no sea jurídicamente un despido no significa que carezca de consecuencias para las instituciones: si una beca no se renueva, un investigador se jubila y su cargo no se repone, o un técnico se retira y la vacante queda sin cubrir, la capacidad de generar conocimiento científico también se reduce.</p><p>Por eso, la discusión no debería centrarse en cuántos científicos fueron "despedidos", sino en algo más amplio: cuántas personas dejaron de incorporarse, cuántos cargos y becas dejaron de financiarse y cuánto se redujo la capacidad efectiva de investigar por reducción de presupuesto y acceso a convocatorias de financiamiento científico.</p><p>La dimensión presupuestaria permite poner esa discusión en perspectiva. La Ley N° 27614 estableció una trayectoria creciente de inversión correspondiente a la función Ciencia y Tecnología, que para 2026 fija un piso equivalente al 0,52% del PBI y que debería alcanzar el 1% en 2032. Sin embargo, las estimaciones para 2026 ubican la inversión efectiva en torno al 0,15% del PBI.</p><p>Esto ocurre en un contexto en el que el Gobierno efectivamente redujo subsidios y otros componentes del gasto público para alcanzar el equilibrio fiscal, por lo que tampoco sería correcto afirmar que todo el ajuste se concentró en ciencia.</p><p>La cuestión de fondo es otra: aun aceptando que el Estado necesitaba ordenar sus cuentas, todo presupuesto expresa prioridades. La pregunta, entonces, no es solamente cuánto se recortó, sino qué decidió preservar el Estado y qué decidió sacrificar.</p><p>Y en el caso de la ciencia, los números muestran que no estamos simplemente frente a una discusión sobre despidos o becas: estamos frente a una reducción muy significativa del esfuerzo público destinado a sostener el sistema científico y tecnológico nacional.</p><p>En este sentido, como científico, podría buscar convencerte con argumentos sólidos y validados con datos concretos de la importancia de la ciencia soberana, de por qué todas las áreas del conocimiento son valiosas y de que no todo saber debe tener una aplicación tecnológica inmediata o necesaria.</p><p>Te podría hablar de la importancia de generar ciencia de calidad en un país con necesidades acuciantes como la pobreza, el alto costo de vida o la crisis de vivienda. También de las consecuencias a largo plazo que genera el desfinanciamiento sobre líneas de investigación que tardan años en consolidarse para lograr crear vacunas y tratamientos médicos.</p><p>O los insumos que se usan para producir tecnologías de alto impacto que mejoran la calidad de vida de la población argentina y del mundo frente a amenazas como la resistencia a los antibióticos, el dengue, la contaminación del aire, el agua y la tierra.</p><p>Podría incluso hablarte de los peligros de la pérdida de los glaciares y la actual dialéctica extractivista o el avance de la frontera agrícola y su impacto en la salud humana y de los ecosistemas.</p><p>Temas que científicos de diferentes áreas de conocimiento trabajamos en nuestro día a día y para lo que necesitamos un Estado presente que no solo nos pague sueldos dignos y acordes a nuestra formación y labor, sino que sostenga las instituciones científicas en las que trabajamos y donde generamos conocimientos que nos sirven a todos como sociedad, a larga o a la corta.</p><p>Sin embargo, hoy los científicos estamos enfocando toda nuestra energía en salir a los medios de comunicación, usando las redes sociales y luchando contra bots y trolls que instalan discursos de odio y plantan la semilla de la desconfianza y la desinformación.</p><p>¿Cómo lo hacemos? Firmando misivas con colegas destacados de todo el mundo advirtiendo sobre las consecuencias del desfinanciamiento científico, movilizándonos y organizando actividades de todo tipo para intentar convencer a los indecisos de que lo que hacemos importa. Digo indecisos, porque quienes todavía no tienen una posición definida pueden ser receptivos a estos argumentos.</p><p>Por el contrario, quienes abrazan discursos reduccionistas en áreas estratégicas para el Estado -como ser Ciencia, Salud, Educación o Seguridad-, difícilmente cambien de postura cuando el debate se convierte en una lógica de descalificación que anula los reclamos originales y termina en un desprestigio mutuo en el campo de las redes sociales.</p><p>En este contexto, defender al sistema científico argentino se vuelve, citando a Miguel de Cervantes en el "Don Quijote", una lucha contra molinos de viento: una tarea que nos desgasta, nos desmoraliza y nos invisibiliza.</p><p>Pero acá seguimos. Frente a una clara decisión política de silenciamiento y ninguneo, seguimos apostando por la sociedad argentina de la que también formamos parte, buscando formar conciencia crítica y tratando de explicar lo que no debería requerir explicación.</p><p>Que el desarrollo científico es vital para el desarrollo de un país, que somos profesionales altamente formados y que la Argentina necesita un sistema científico saludable para dar respuestas a problemas presentes y futuros, pero también para posicionarse con soberanía frente al resto del mundo.</p><p>La pregunta que emerge entonces no es tanto de quién es la responsabilidad de informar con la verdad, sino aún más importante, qué modelo de país queremos como argentinos.</p><p>(*) El autor es doctor en Ciencias Biológicas e investigador del Conicet. La ilustración conceptual que acompaña el escrito, generada mediante IA, está basada en una idea original suya.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/fG1hFPnB-2PmIjgYP-sN8IU0NkI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2026/08/ciencia.webp" class="type:primaryImage" /></figure>El sistema científico argentino enfrenta recortes presupuestarios y ataques políticos que afectan su desarrollo, generando incertidumbre en el sector y en la sociedad sobre su futuro y relevancia.]]>
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                                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                                <updated>2026-08-24T17:04:00+00:00</updated>
                <published>2026-08-24T16:57:00+00:00</published>
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