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    <title>Sur24</title>
    <subtitle>Todo el sur, todo el día, todos los días.</subtitle>
    <updated>2026-09-21T19:06:57+00:00</updated>
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            El día que en las islas Malvinas rezaron por Perón
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                <![CDATA[Redacción Sur24]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/mzbOE5H8Nh5kyQ4jwx-dCVK3ViE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2026/09/peron_malvinas.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>A los pocos días de la muerte de Juan Domingo Perón, en las islas Malvinas se realizó una misa en su honor en la Iglesia de Santa María, el único templo católico del archipiélago. No fue un acto improvisado. Asistieron las máximas autoridades coloniales británicas y los empleados de las empresas públicas argentinas que operaban allí.</p><p>El historiador Felipe Pigna ha señalado cómo ese homenaje religioso evidencia el clima de cooperación que existía entonces entre el continente y los isleños.</p><p>No se trataba de propaganda. Desde los acuerdos de comunicaciones de 1971, el Estado argentino prestaba servicios esenciales: LADE volaba regularmente, YPF y Gas del Estado suministraban combustible, y dos maestras argentinas enseñaban español en las escuelas locales.</p><p>Los kelpers aceptaban pesos, compraban productos argentinos y convivían con una presencia cotidiana que no amenazaba su identidad. Una fotografía de mayo de 1973, rescatada años después por el investigador Sebastián Carassai en su libro "Lo que no sabemos de Malvinas", muestra a una maestra pegando en la pared de una escuela las imágenes de Perón y Evita.</p><p>No era un acto de conquista, era el reflejo de una relación de proximidad que hoy resulta casi inimaginable. Esa atmósfera no era casual. Perón, formado como oficial y profesor en la Escuela Superior de Guerra, entendía Malvinas desde una perspectiva geopolítica rigurosa. Veía el archipiélago no solo como un reclamo histórico, sino como el pivote del Atlántico Sur y la proyección antártica.</p><p>Por eso, cuando en junio de 1974 el embajador británico James Hutton entregó al canciller Alberto Vignes la propuesta formal de un condominio, Perón no dudó. El documento ofrecía un esquema de soberanía compartida: ambas banderas flameando juntas, español e inglés como idiomas oficiales, doble nacionalidad para los isleños y un gobernador designado de forma alternada por la Reina y el presidente argentino.</p><p>Según el testimonio del embajador Carlos Ortiz de Rozas, quien tuvo acceso directo a las negociaciones, Perón recibió el texto y pronunció una frase que resume su realismo estratégico: "Acepte. Una vez que pongamos un pie en las islas, no nos sacan más".</p><p>Perón comprendía que el reconocimiento británico de una soberanía compartida liquidaba de hecho la pretensión de posesión exclusiva y abría un camino irreversible, similar al que décadas después se materializaría en Hong Kong.</p><p>Según el testimonio de Ortiz de Rozas, y la posterior interpretación de analistas de la historia diplomática argentina, aquel fue el punto más alto de acercamiento diplomático alcanzado antes de 1982. El Foreign Office británico, presionado por los costos de sostener un territorio remoto y por la necesidad de desactivar un conflicto potencial, había dado luz verde.</p>Carlos Ortiz de Rozas (1926-2014), abogado y diplomático argentino. Un testimonio clave.<p>Los órganos del gobierno local de las islas no presentaron objeciones formales a que se explorara un eventual esquema de soberanía compartida. Las condiciones estaban dadas para comenzar las conversaciones formales en Buenos Aires. Pero apenas veinte días después Perón murió, y María Estela Martínez de Perón debió asumir la presidencia en un clima de profunda inestabilidad política.</p><p>Temerosa de que sectores del propio peronismo interpretaran el condominio como una "entrega", congeló la iniciativa. El gobierno británico, al observar la inestabilidad argentina y el lobby creciente de los isleños en el Parlamento, retiró formalmente la propuesta en diciembre de 1974. La oportunidad se disolvió. Lo que siguió fue la negación de esa lección.</p><p>La dictadura militar, aislada internacionalmente y necesitada de un acto que legitimara su poder, optó en 1982 por la vía armada. La decisión, impulsada por un cálculo político irracional y una improvisación operativa trágica, no solo fracasó militarmente, sino que reconfiguró por completo el escenario.</p><p>Los isleños, que habían convivido con argentinos y aceptado servicios del continente, se cerraron en una identidad británica reforzada por el trauma de la guerra. El Reino Unido fortificó su presencia, instaló bases y transformó las islas en un enclave estratégico de la OTAN en el Atlántico Sur.</p><p>Las secuelas del choque armado -más de 900 muertos, heridas abiertas en ambas sociedades y un distanciamiento diplomático que persiste- convirtieron lo que podía haber sido una transición ordenada en un conflicto congelado.</p><p>La imagen de aquella mujer pegando el retrato de Perón en una pared de Puerto Argentino y la misa oficiada al día de su muerte no son anécdotas nostálgicas. Son el testimonio de que existió un camino distinto, el de la presencia acumulativa, la cooperación cotidiana y la paciencia geopolítica. Perón lo había comprendido.</p><p>La historia posterior demostró el alto costo de abandonar esa lucidez. Hoy, cuando la cuestión Malvinas vuelve a la agenda por nuevas razones -recursos energéticos, reordenamientos globales, declaraciones de potencias-, vale la pena mirar hacia atrás sin romanticismos.</p><p>¿Qué hubiera ocurrido si aquel pie puesto en las islas en 1974 hubiera tenido tiempo de consolidarse? La respuesta no está en los libros de historia, sino en la reflexión sobre las oportunidades que se dejan escapar cuando la política se entrega a la urgencia del corto plazo. La soberanía se construye con hechos, tiempo, templanza e inteligencia.</p><p>(*) El autor es analista internacional especializado en Defensa en Estados Unidos, docente de Ciencia Política y autor del libro "Malvinas".</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/mzbOE5H8Nh5kyQ4jwx-dCVK3ViE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2026/09/peron_malvinas.webp" class="type:primaryImage" /></figure>En 1974, el Reino Unido ofreció un condominio sobre el archipiélago malvinense que el entonces presidente Juan Domingo Perón aceptó antes de morir, marcando una era de acercamiento diplomático que quedó trunca.]]>
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                                <updated>2026-09-21T19:06:57+00:00</updated>
                <published>2026-09-21T19:03:12+00:00</published>
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