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    <title>Sur24</title>
    <subtitle>Todo el sur, todo el día, todos los días.</subtitle>
    <updated>2025-04-15T18:02:23+00:00</updated>
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            El arte argentino contado en diez cuadros emblemáticos
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                <![CDATA[Redacción Sur24]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/0-uK5tXQ_jzIGTRcayWKXiRmId8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2025/04/la_vuelta_del_malon.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>(Por Juan Ignacio Novak) - Cada 15 de abril se celebra el Día Mundial del Arte, una efeméride promovida por la Asociación Internacional de Artes Plásticas en honor al nacimiento de Leonardo da Vinci.</p><p>El objetivo es recordar el valor universal del arte como forma de expresión humana, de reflexión social y de desarrollo cultural.</p><p>"Un alto en el campo" de Pueyrredón. Foto: Museo Nacional de Bellas Artes</p><p>Argentina, desde el siglo XIX, fue una enorme usina de obras plásticas de inmenso valor histórico y social para América Latina, pero incluso con proyección mundial.</p><p>Por eso, en el marco de la mencionada efeméride, cabe una mirada sobre diez pinturas fundamentales que marcaron la historia del arte argentino.</p><p>Un recorte arbitrario, sí, pero representativo de épocas, estilos y sensibilidades. Un camino posible para entender cómo se construyó una identidad visual a lo largo del tiempo.</p><p>"Después de la batalla de Curupaytí" de Cándido López. Foto: Museo Nacional de Bellas Artes</p>Viajero infatigable<p>El viaje comienza en el siglo XIX, con "Un alto en el campo", de Prilidiano Pueyrredón. Esta obra resume la búsqueda de una estética nacional en el naciente estado argentino, donde el gaucho aparece como emblema identitario.</p><p>El pintor capta en su trabajo un instante en la vida cotidiana del hombre de la llanura, dando así dignidad al retrato de lo rural.</p><p>El Litoral, en un artículo de abril de 1957, señaló a Pueyrredón como "el primero que intenta instalar un estilo pictórico que nos defina, no solamente por los temas elegidos para la composición sino por la forma de enfocarlos para trascender con ellos a la universalidad del arte".</p><p>“La vuelta del malón” de Ángel Della Valle. Foto: Museo Nacional de Bellas Artes</p>La guerra según López<p>Pocos años después, Cándido López, veterano de la Guerra del Paraguay, logra con "Después de la batalla de Curupaytí" una de las visiones más singulares de la guerra.</p><p>No hay grandilocuencia, tampoco se muestran escenas de heroísmo. Su mirada, desde una perspectiva elevada, permite una descripción precisa del campo de batalla.</p><p>"Es la imagen que, en toda su obra, representa la devastación de la guerra luego del hecho armado sin carga moral. Sobresale, entonces, dentro de una narrativa bélica en la que predomina la cotidianidad de los campamentos y los movimientos de tropas", señala Roberto Amigo.</p>La conquista del desierto<p>La tensión social y política del siglo XIX también está presente en "La vuelta del malón" de Ángel Della Valle, donde el drama colonial y la visión romántica del "otro", sintetizado en la figura del indígena, se reúnen en una escena violenta.</p><p>"Retrato de la esposa del autor" de Ernesto de la Cárcova. Foto: Museo Nacional de Bellas Artes</p><p>"​La vuelta del malón" fue celebrada como la "primera obra de arte genuinamente nacional" desde el momento de su primera exhibición en la vidriera de un negocio en 1892.</p><p>Aunque es una obra maestra, vista en perspectiva tiene aspectos polémicos. Laura Malosetti Costa dice que no sólo hay "una glorificación de la figura de Roca sino que, en relación con la celebración de 1492, plantea implícitamente la campaña de exterminio como culminación de la conquista de América".</p><p>"La comida de los cerdos" de Fernando Fader. Foto: Museo Nacional de Bellas Artes</p><p>Pero no todo es conflicto. Creada a principios del siglo pasado, "Retrato de la esposa del autor", de Ernesto de la Cárcova, muestra en cambio una atmósfera de intimidad. Lejos de su célebre “Sin pan y sin trabajo”, aquí el realismo es doméstico.</p>La belleza en la vida austera<p>El siglo XX abre nuevas posibilidades, y "La comida de los cerdos", de Fernando Fader, da prueba de ello. La escena campesina es un estudio de luz, materia y composición.</p><p>Fader, influenciado por el postimpresionismo, muestra un momento de la vida rural apelando a un lenguaje moderno, sin perder el contacto con lo local.</p><p>Autorretrato de Emilio Pettoruti. Foto: Museo Nacional de Bellas Artes</p><p>En otro registro, Emilio Pettoruti sintetiza su estética en "Autorretrato": planos geométricos, paleta fría, ruptura con la representación tradicional. El artista moderno, en diálogo con las vanguardias europeas.</p><p>Como indica Patricia Artundo, Pettoruti había alcanzado un notable prestigio internacional cuando "ya radicado en Francia apareció no como 'asociado a' sino como un actor que había sido un agente activo de la vanguardia de la década de 1910".</p>Ecos del interior<p>Más adelante, Raquel Forner y Lino Enea Spilimbergo introdujeron a los seguidores del arte en terrenos vinculados con la introspección y densidad emocional.</p><p>"Figura" de Spilimbergo. Foto: Museo Nacional de Bellas Artes</p><p>"Figura", obra de Spilimbergo que forma parte del acervo del Museo Nacional de Bellas Artes es, al mismo tiempo, título y contenido. El cuerpo es volumen, silencio interior y reflexión.</p><p>En tanto "El drama", de Forner, hace honor a su frase ​"Necesito que mi pintura sea un eco dramático del momento que vivo".</p><p>En la mirada de Diana Wechsler, esta obra "está atravesada por lo patético instalado en un paisaje trágico y violento que desgarra a los personajes".</p><p>"El drama" de Raquel Forner. Foto: Museo Nacional de Bellas Artes</p><p>De modo que ambos artistas dialogan con lo clásico desde el presente convulsionado del siglo XX. Y sus obras condensan destreza técnica y profundidad simbólica.</p>Universo único<p>El universo simbólico de Xul Solar irrumpe con fuerza en "Piai", donde el artista, místico e inventor, despliega un lenguaje visual que es también lingüístico y metafísico.</p><p>En este caso, el autor está inclinado a una temática americanista y el título se relaciona con los 'piay' o 'payé', una especie de hechizo generado por un curandero.</p><p>"Piai" de Xul Solar. Foto: Museo Nacional de Bellas Artes</p><p>No hay nada convencional en esta obra, que muestra a dos hombres en un acto ceremonial junto al fuego. Cada imagen es un acertijo, un mapa, una arquitectura esotérica.</p><p>"En la obra, de gran fuerza expresiva, los protagonistas están resueltos con una gran síntesis, de manera geométrica", explica Patricia Corsani.</p>Un personaje vigente<p>Finalmente, Antonio Berni, con "Juanito Laguna aprende a leer", reúne sensibilidad social con innovación formal. Juanito, hecho de retazos, representa la infancia popular que accede al conocimiento.</p><p>"Juanito Laguna aprende a leer" de Antonio Berni. Foto: Museo Nacional de Bellas Artes</p><p>Berni crea belleza con los residuos, y hace del arte una herramienta de transformación.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/0-uK5tXQ_jzIGTRcayWKXiRmId8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2025/04/la_vuelta_del_malon.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>De Prilidiano Pueyrredón a Antonio Berni. Cada pintura elegida es una ventana a momentos de la historia nacional. Miradas, estilos y tensiones que definieron una identidad visual.]]>
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                                <category term="cultura" label="Cultura" />
                <updated>2025-04-15T18:02:23+00:00</updated>
                <published>2025-04-15T18:02:10+00:00</published>
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            Diego Rivera: maestro del muralismo y visionario del cambio social
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                <![CDATA[Redacción Sur24]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/aNTaNQMReDXzavwcBYcAbC_b7I4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2024/03/diego_rivera.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>(Por Juan Ignacio Novak) - El pintor Diego Rivera (1886-1957) fue una figura central en el movimiento conocido como “muralismo mexicano”, cuya búsqueda principal consistía en utilizar el arte para transmitir mensajes sociales y políticos. Sus murales, atravesados por historia, política, cultura y lucha de clases, se implantaron con hondura en la percepción del arte del público de Latinoamérica. Y, de la misma manera en que Argentina lo hicieron artistas como Antonio Berni, llevaron la voz de los desamparados a un público mucho más amplio, de culturas diversas.</p><p>&nbsp;</p><p>Archivo / EFE</p><p>A pesar de que, por la influencia de su obra y su relación con Frida Kahlo, su esposa, con quien vivió una tórrida y compleja relación, en estos días vuelve a ser noticia. ¿Por qué motivo? Es que dos retratos infantiles que llevan su firma y que se ubican en el periodo posterior a la Revolución Mexicana (que fue, a la postre, decisiva para la obra de Rivera) están a la vista hasta el 5 de abril en la galería Schoelkopf de Nueva York luego de permanecer durante muchos años como parte de colecciones privadas.</p><p>Rivera con Frida Kahlo. Foto: Archivo / EFE</p><p>Concretamente, las obras son “Niño” y “Niña sentada con rebozo”, ambos de 1929. Las mismas habían integrado la exposición de 1931 en el Museo de Arte Moderno de Nueva York y en su retrospectiva en el Palacio de Bellas Artes, en 1949. La posibilidad de revisar estas obras de primera mano, supone una posibilidad de gran valor para el universo del arte.</p><p>Los retratos infantiles de Rivera, a la vista en Nueva York. Foto: EFE</p><p>&nbsp;</p>La estética de Rivera<p>Rivera desarrolló un estilo único que combinaba influencias del arte precolombino, el renacimiento italiano y el realismo socialista. Esta última doctrina estética, surgida en la Unión Soviética post revolución del 17, apuntaba a representar la realidad de acuerdo con los principios del marxismo-leninismo y poner el eje en las aspiraciones del trabajador. Rivera, que absorbió el arte precolombino por su propio origen y conoció a los renacentistas en sus viajes a Europa, en cambio fue contemporáneo de la tendencia artística que se impuso en la URSS durante buena parte del siglo pasado.</p><p>Museo de los Ángeles</p><p>Las obras de Rivera se caracterizan por una composición dinámica y la presencia de figuras monumentales. Además, se destacó particularmente en el uso de la técnica de fresco, que implica pintar sobre yeso húmedo. Esto derivó en que sus murales, en general de gran escala, pudieran tener una durabilidad excepcional.</p><p>El pintor mexicano creía en la accesibilidad del arte para todos, rechazaba la idea de que estuviera reservado a las élites. De ahí que su vocación con el arte público se haya manifestado a través de su participación en proyectos de muralismo que convirtieron espacios urbanos en verdaderas galerías de arte, al aire libre, que podían ser disfrutadas por cualquiera. Esta idea de democratizar el arte despertó vocaciones en artistas y movimientos en toda América, que se unieron en la premisa de llevar el arte más allá de los corsés impuestos por los museos y las galerías.</p><p>&nbsp;</p><p>Archivo</p><p>Jackson Pollock, David Alfaro Siqueiros fueron influenciados por su visión del arte como un instrumento para el cambio social y político. Además, inspiró a artistas locales a adoptar el muralismo como medio de expresión. Entre los argentinos, Antonio Berni, artista de origen rosarino, valorado por su compromiso con el realismo social y la búsqueda de inspiración en temáticas como la pobreza, la injusticia social y la lucha de clases puede ser, en parte, resultado de la influencia del muralismo mexicano y la obra de Rivera. Al igual que Lino Enea Spilimbergo, quien compartía la idea de Rivera respecto al poder del arte para promover el cambio social y político.</p><p>&nbsp;</p>Miradas<p>“La cultura mexicana siempre estuvo presente en su obra, incluso cuando se ‘contamina’ de Europa en sus viajes al París de las vanguardias. Su obra influyó a cientos de artistas y su vida sigue fascinando hoy por su irreverencia en lo político, su legendario hedonismo y un inexplicable atractivo para las mujeres. Su obra, de enorme eclecticismo, chupó de todo el arte occidental y también del precolombino (el gusto por la pintura mural, sin ir más lejos). Destaca por su monumentalidad, para poder comunicarse mejor con las masas populares”, señala Miguel Calvo Santos en el portal Historia/Arte.</p><p>Archivo / EFE</p><p>“Rivera se formó dentro de los movimientos de vanguardia, muy cercano al cubismo, pero comprendió la necesidad que había en América latina de formular nuevas imágenes”, contaba en tanto el pintor y muralista argentino Luis Felipe Noé en un artículo publicado en 2007 por el diario Clarín de Buenos Aires. “Hizo una propuesta personal con una idea que correspondía a un contexto, aprovechó su contexto para convertirse en un artista realmente importante en América latina. En Argentina muchos quisieron incorporar el muralismo pero no hubo lugar. La diferencia fue que los mexicanos tenían de su parte un contexto revolucionario, hubo simpatías, los auspició el Estado. Yo veo puntos en común entre Rivera y Giotto, por ejemplo. Lo que uno hizo en función de la Iglesia, el otro lo hizo con el proceso revolucionario: crearon imágenes para llevar un relato a las masas analfabetas”, agregaba.</p><p>“La obra de Rivera cuando uno la admira en directo te invita a recorrerla”, opina el muralista argentino Gerardo Cianciolo, en un artículo que aparece en el portal cultura.gob.ar. “Tiene un respeto por la arquitectura colonial, no rompe las estructuras tradicionales y adapta su forma a esos planteos. Y lo hace de manera muy plástica y también muy entendible para el transeúnte. Su organización estética, del color, de esa perspectiva de superposición, todo eso genera una dinámica de lectura en su obra. Cuando te acercas, se ve la gestualidad de la pincelada del fresco que tiene que ser tan precisa porque se va haciendo por zonas. No obstante eso, Rivera genera una unidad de la obra que le da garantías a esos criterios que en el muralismo tienen que ver con la lectura y con un equilibrio de formas y contrastes”.</p><p>Archivo / EFE</p><p>Pero, según el especialista, la temática histórica y social es lo que sobresale en Rivera. “Siempre estuvo vinculado a la historia, a re-contar esa vivencia del pueblo precolombino, desde su concepción marxista que ponía al muralismo como un espacio formativo. Lo que él aprende en Europa, en cuanto a los planteos de color y nuevos criterios compositivos, lo trae a América, a México, y hace de todo un sincretismo cultural, una reinterpretación de esa técnica, en función de la historia del pueblo mexicano y la importancia de reivindicar sus tradiciones, sus fiestas y sus tragedias”.</p><p>Archivo / EFE</p><p>Rivera, con su compromiso con la democratización del arte, su mixtura de influencias estéticas y su contacto con las realidades sociales y políticas, es un emblema artístico del arte latinoamericano del siglo XX. La exposición actual de sus retratos infantiles en Nueva York es, en este sentido, un hito.</p>&nbsp;]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/aNTaNQMReDXzavwcBYcAbC_b7I4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2024/03/diego_rivera.webp" class="type:primaryImage" /></figure>La galería Schoelkopf de Nueva York exhibe hasta abril dos retratos infantiles de su autoría. Así, ofrece una ventana actual para volver la mirada al genio del muralismo mexicano y repasar su influencia en el arte y la sociedad.]]>
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                <updated>2026-03-18T16:15:30+00:00</updated>
                <published>2024-03-20T17:32:09+00:00</published>
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