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    <title>Sur24</title>
    <subtitle>Todo el sur, todo el día, todos los días.</subtitle>
    <updated>2026-04-11T11:14:56+00:00</updated>
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        <title>
            La pantalla no te escucha... te estudia
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                <![CDATA[Redacción Sur24]]>
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        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/SeBeEDJAHO_gz2kIJed0s1zqyIc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2026/04/adolescente.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por María Verónica Prendes (*)</p><p>El 47% de los adolescentes argentinos reporta síntomas compatibles con ansiedad clínica. No ansiedad coloquial, no son nervios antes del examen. Ansiedad que interfiere con el sueño, con los vínculos, con la capacidad de estar en un lugar sin revisar el celular cada tres minutos. Y cuando se cruza ese dato con el uso diario de pantallas, la correlación no deja margen para la duda.</p><p>Los adolescentes tienen compañía permanente, disponible, que nunca los juzga y nunca tiene un mal día. Plataformas de IA conversacional acumulan decenas de millones de usuarios menores de 24 años. El problema no es que la tecnología exista. El problema es lo que ocurre en el cerebro de un adolescente que elige sistemáticamente el vínculo artificial sobre el humano.</p>Una ventana que se cierra<p>La adolescencia es una ventana crítica del desarrollo neurológico. Durante esta etapa el cerebro atraviesa un proceso masivo de poda sináptica y el córtex prefrontal —la región que regula impulsos, tolera la frustración y procesa la complejidad emocional— todavía está en construcción. No madura hasta los 25 años.</p><p>La neuroplasticidad funciona en las dos direcciones: se entrena con lo que se usa y se atrofia con lo que se evita. Un adolescente que pasa horas con una IA que siempre valida, siempre responde, nunca frustra, está entrenando un cerebro que no sabe qué hacer cuando el mundo real no funciona así. Y el mundo real nunca funciona así.</p>Lo que vemos en consultorio no es "una fase"<p>La ansiedad social tiene criterios diagnósticos precisos: miedo persistente a situaciones donde el individuo puede ser evaluado, evitación activa, deterioro funcional. Chicos que no pueden sostener una conversación cara a cara porque el lenguaje en tiempo real les resulta insoportablemente impredecible.</p><p>La frustración tolerable se erosiona cuando el entorno digital la elimina por diseño. Un vínculo con una IA no frustra. Siempre responde. Siempre está. Y eso, que parece una ventaja, es clínicamente un desastre.</p>El mito que hay que desmontar<p>"Pero si la IA lo contiene, algo es algo."</p><p>No. Eso no es contención. Es anestesia.</p><p>La contención terapéutica implica un vínculo con historia, con límites, con alguien que puede equivocarse y reparar. Una IA no repara nada porque nunca rompe nada. Es el equivalente emocional de la comida ultraprocesada: llena, pero no nutre.</p><p>Hay adolescentes que hoy prefieren hablar de su ansiedad con un chatbot antes que con un profesional. No porque el chatbot sea mejor, sino porque no los expone. Y la exposición —controlada, gradual, dentro de un vínculo seguro— es exactamente lo que cura la ansiedad. Evitarla la cronifica.</p>Tres señales que no son "adolescencia normal"<p>Primera: evita situaciones sociales presenciales que antes toleraba. No es introversión. Es retroceso.</p><p>Segunda: se irrita de manera desproporcionada cuando se interrumpe el uso del celular. Eso es un indicador clínico, no un berrinche.</p><p>Tercera: su red de vínculos reales se redujo. Tiene "amigos" online pero no hay nadie a quien llame si está en crisis. Eso no es una red de apoyo. Es decoración social.</p><p>La tecnología existe y va a ser más sofisticada cada año. Pero hay una diferencia clínica entre un adolescente que usa herramientas digitales y uno que las usa como sustituto del mundo. A veces el chico "más tranquilo" es el que más preocupa.</p><p>La salud mental no se mide por la ausencia de conflicto. Se mide por la capacidad de estar en el mundo real, con toda su incomodidad, y seguir funcionando.</p><p>La tecnología avanza. La adolescencia, no. Sigue necesitando exactamente lo mismo de siempre: un adulto que sepa leer lo que no se dice.</p><p>(*) Médica especializada en Psiquiatría</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/SeBeEDJAHO_gz2kIJed0s1zqyIc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2026/04/adolescente.webp" class="type:primaryImage" /></figure>El problema no es que la tecnología exista. El problema es lo que ocurre en el cerebro de un adolescente que elige sistemáticamente el vínculo artificial sobre el humano.]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2026-04-11T11:14:56+00:00</updated>
                <published>2026-04-11T11:14:54+00:00</published>
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            Avizorando una longevidad que nos deja huérfanos
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                <![CDATA[Redacción Sur24]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/E8nTEURYjPmcwunVTOCZIoxoupA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2026/02/longevidad.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por Lisandro Pietro Femenía (*)</p><p>La aspiración contemporánea de prolongar la vida confronta una tensión ética y existencial cuando las redes de convivencia que sostienen sentido se deshacen. No se trata únicamente de una cuestión de salud pública ni de una estadística inquietante sino que es la articulación misma de una pregunta antropológica: ¿qué valor tiene la duración de la vida si carece de interlocución?</p><p>La biomedicina nos otorga años adicionales, pero si esos años se despliegan en un paisaje de soledad, la ganancia se transforma en anomalía significativa desde el punto de vista humano.</p><p>La vida, más allá de su extensión, exige resonancia intersubjetiva para desplegar su plenitud. La evidencia empírica que vincula las relaciones cálidas con una mejor salud y mayor longevidad obliga a reconsiderar ciertas prioridades.</p><p>Concretamente, el estudio longitudinal de Harvard sobre el desarrollo adulto, liderado por George Vaillant y continuado por Robert Waldinger, resume décadas de hallazgos que sostienen que "las relaciones cálidas y duraderas protegen contra enfermedades, mejoran el bienestar emocional y alargan la vida" (Waldinger y Schulz, 2010, página 143).</p><p>Esta afirmación no es retórica: los mecanismos biológicos asociados al aislamiento social-elevación del cortisol, inflamación sistémica, alteraciones del sueño- se traducen en aumento de mortalidad y morbilidad.</p><p>Así, la búsqueda de longevidad sin inversión relacional es una forma de progreso tecnocrático que pierde de vista la matriz social donde la vida humana adquiere sentido. Los informes recientes que hablan de una "recesión de la amistad" profundizan este diagnóstico en clave social.</p><p>Investigaciones vinculadas a instituciones como Harvard indican que la proporción de adultos que reportan no tener amigos cercano se ha incrementado de manera sostenida y que comportamientos como almorzar y cenar en soledad han crecido rápidamente en pocos años (Fuemmeler y Bruckmann, 2025; Making Caring Common, 2024).</p><p>Si la amistad y la familia se diluyen, se empobrece el espacio de aparición ante los otros, reduciéndose la posibilidad de constituir memorias comunes y juicios compartidos.</p><p>Estos datos apuntan a transformaciones estructurales bien conocidas, a saber: movilidad geográfica, precariedad laboral, disminución de espacios públicos y una reconfiguración cultural del tiempo libre que prioriza el trabajo y la presencia digital por sobre las interacciones presenciales.</p><p>La investigación añade matices a esta cuestión, puesto que más allá de la cantidad de contactos, la carencia de relaciones de calidad incrementa la prevalencia de ansiedad, depresión y sensación de falta de propósito, lo que equivale a un deterioro tanto moral como epidemiológico.</p><p>La dimensión biológica de la soledad, por su parte, reafirma la urgencia de transformar las prioridades. Estudios en psiconeuroinmunología muestran correlaciones entre el aislamiento social y marcadores inflamatorios, elevación crónica del cortisol y peor pronóstico cardiovascular.</p><p>En términos comparativos, la soledad puede aumentar los riesgos de mortalidad en magnitudes comparables a factores de salud tradicionales. Si la medicina actúa sobre órganos y células sin considerar el entramado relacional, podrá prolongar la vida pero también aumentar la proporción de años vividos con mala salud.</p>La autonomía y la eficiencia<p>Por ello, la ética del cuidado se vuelve imprescindible: reconocer la interdependencia como constitutiva de la "vida buena" y orientar políticas públicas en consecuencia. Frente a estos diagnósticos biológicos y sociales, la filosofía ofrece herramientas conceptuales para comprender la gravedad del fenómeno.</p><p>Por ejemplo Hannah Arendt afirmó que la vida humana alcanza su visibilidad y su mundo compartido en la acción colectiva y en la interacción pública, al sostener que "lo que es humano y digno de ser recordado emerge sólo cuando los hombres aparecen unos ante otros y testimonian sus actos" (Arendt, 1958/2000, página 52).</p><p>Si la amistad y la familia se diluyen, se empobrece ese espacio de aparición y se reduce la posibilidad de constituir memorias comunes y juicios compartidos. La tecnología, que promete conexión, con frecuencia entrega sustitutos: comunicaciones instantáneas que no alcanzan la corporalidad ni la reciprocidad profunda necesarias para que la persona aparezca plenamente ante el otro.</p><p>Además, la cultura posmoderna tiende a valorar la autonomía y la eficiencia, y a instrumentalizar el afecto. En sociedades que ensalzan la productividad y la flexibilidad, las relaciones suelen medirse por su utilidad material inmediata.</p><p>Tal perspectiva induce una economía afectiva que devalúa la amistad profunda y la familia extensa cuando estas no aportan rendimiento evidente. Sin embargo, la amistad verdadera no es un insumo, sino una experiencia que transforma deseos, criterios y resistencias.</p><p>Tal como lo planteó oportunamente C. S. Lewis sobre la amistad, al afirmar que "no es la fruta del intercambio; es un don que se funda en la constancia recíproca y en la aceptación" (Lewis, 1955/1998, página 78).</p><p>De este modo, recuperar el sentido de las relaciones implica resistir una cultura que mercantiliza el tiempo íntimo y exige, en cambio, una ética de la presencia que reconozca la amistad y los lazos familiares como bienes finales, no meramente utilitarios.</p><p>La pedagogía social también entra en este juego. Si las universidades deben impartir cursos sobre cómo cultivar amistades, ello revela una carencia social que precisa intervención institucional.</p><p>Sí, lamentablemente es cierto: existen cursos y programas ofrecidos por universidades o instituciones asociadas que se enfocan en desarrollar las habilidades sociales y, específicamente, la capacidad de entablar y mantener amistades.</p><p>Aunque quizás no sean "cátedras" tradicionales en el sentido de una asignatura troncal dentro de un plan de estudios, muchas instituciones de educación superior han reconocido la importancia del bienestar emocional y la conexión social de sus estudiantes.</p><p>Enseñar técnicas de sociabilidad no basta si no se transforman los marcos estructurales que atomizan la existencia: horarios laborales extensos, dispersión geográfica y precariedad económica.</p><p>Más aún, la formalización académica de la amistad pone de relieve que la adquisición de competencias interpersonales demanda práctica intencional y comunidades que las sostengan. Recuperar la amistad exige, por tanto, tanto praxis social como políticas públicas que favorezcan la convivencia y el tiempo compartido.</p>El declive de las relaciones<p>Hasta aquí, la argumentación se sostiene sobre evidencia empírica. Sin embargo, la crítica debe volverse más incisiva cuando observamos el estilo de vida posmoderno que potencia y, al mismo tiempo, normaliza el problema. La larga ampliación de la vida humana choca con una cultura que celebra la fragmentación como virtud y presenta la autonomía radical como logro moral.</p><p>Bajo esa estética, la identidad se configura estrictamente por el consumo, redes y performances temporales mientras que la profundidad se mercantiliza y la promiscuidad relacional se confunde con libertad.</p><p>El resultado de este cóctel detestable, es una vida construida sobre superficies brillantes: perfiles que exhiben logros, amistades que funcionan como capital simbólico y tiempos compartidos medidos en "likes" y apariciones efímeras.</p><p>Esta fachada de vida no es inocua: produce sujetos habituados a la gratificación inmediata, a la relación líquida, al lazo que no exige continuidad ni responsabilidad.</p><p>Sobre este último aspecto, Zygmunt Bauman diagnosticó con agudeza esa fragilidad cuando describió la modernidad líquida: las conexiones humanas, según él, "se vuelven frágiles porque la sociedad hace de la relación una elección permanente y reemplazable" (Bauman, 2000/2003, página 76).</p><p>Su crítica es, por tanto, tanto descriptiva como normativa: describe la volatilidad relacional y advierte sobre sus costes para la cohesión social.</p><p>Complementariamente, Byung-Chul Han denuncia cómo la sociedad del rendimiento y la exposición permanente erosiona la capacidad de cuidado y de espera necesaria para la amistad: la constante optimización del propio brillo reduce la solidaridad y suprime la lentitud que permite la construcción de la confianza interpersonal real (Han, 2012/2015, página 34).</p><p>En conjunto, estos diagnósticos explican por qué las relaciones profundas declinan, no solamente porque la tecnología facilita conexiones superficiales, sino porque una racionalidad productiva convierte los afectos en recursos explotables y desechables. La crítica posmoderna puede ser incluso más ácida, puesto que la apología del individualismo absoluto sirve a intereses económicos y políticos puntuales.</p><p>El sujeto desarraigado es más manejable, menos proclive a realizar demandas colectivas y más disponible a formar parte de un mercado que exige la flexibilidad total. La soledad, entonces, no es solo efecto colateral cultural sino que puede funcionar como técnica de gobierno.</p><p>La soledad debe ser analizada correctamente. No es solo un efecto colateral cultural, puede aumentar los riesgos de mortalidad en magnitudes comparables a factores de salud tradicionales.</p><p>Recuperar la amistad es, por tanto, también un gesto de resistencia política, ya que reinstaurar las obligaciones mutuas, reconstruir los espacios de aparición y sostener las narrativas compartidas de sentido refundan el sentido de la existencia humana.</p><p>No es casual que Robert Putnam nos haya advertido sobre la pérdida del capital social, que erosiona la capacidad comunitaria para sostener los bienes comunes a todos. Hoy, esa erosión se acelera y se inserta en una economía de la atención que premia la visibilidad por sobre la fidelidad (Putnam, 2000/2003, página 22).</p>Reconocimiento de los demás<p>Como mencionamos al pasar recientemente, la ética del cuidado, de Carol Gilligan y sucesores, remarca que la responsabilidad por el otro no es un rasgo secundario de la moralidad, sino su núcleo potencialmente restaurador. En efecto, valorar la interdependencia no socava la autonomía madura, sino que la constituye.</p><p>Por ende, políticas de conciliación laboral, diseño urbano que propicie encuentros, inversión en espacios públicos y prestaciones que alivien la carga del cuidado se presentan como medidas complementarias a los avances biomédicos. Enseñar a cultivar amistades en la universidad puede ser útil, pero sin condiciones estructurales que permitan prácticas relacionales sostenidas la lección seguirá siendo un parche.</p><p>Asimismo, la dimensión narrativa del yo reclama cierta atención. Erikson enfatiza que la integridad en la tercera edad depende de una biografía reconocida por otros. Es decir, sin testigos, la vejez puede devenir en una soledad narrativa que niega el sentido retrospectivo (Erikson, 1982, página 210).</p><p>La medicina puede intervenir sobre el organismo, pero no restituir la memoria testificada por los otros. La celebración de aniversarios, la transmisión intergeneracional de historias y la presencia en los momentos decisivos son prácticas que confieren sentido retrospectivo y que, por ello, deben ser objeto de políticas y prácticas culturales que las sostengan.</p><p>No obstante, la recuperación de la amistad y de la familia exige una disposición práctica: la lentitud relacional, la fidelidad y la disposición a la reparación. Estas actitudes contrastan con la dinámica posmoderna de rendimiento y apariencia; por tanto, exigirán cambios tanto personales como institucionales.</p><p>En lo personal, implican priorizar la presencia sobre la gestión del tiempo instrumental; en lo institucional, demandan reorientar recursos y repensar prioridades públicas para que la vida prolongada sea también vida compartida.</p><p>La respuesta política, por tanto, debe ser multidimensional: integrar la medicina con políticas urbanas y laborales, con educación relacional que no instrumentalice la amistad, y con sistemas sanitarios que traten la soledad como un determinante social de la salud.</p><p>En otras palabras, la ampliación de la vida corporal debe intersectarse con una política del cuidado que haga posible la compañía. De no hacerlo, la promesa de la longevidad se convertirá en una conquista técnica que deja intactos los factores que empobrecen la existencia humana.</p><p>En conclusión, queridos lectores, si la modernidad nos alarga la vida pero nos priva de compañía, debemos replantear colectivamente qué significa el bien humano. ¿Qué valor tiene una vida prolongada si no hay manos que sostengan los temblores, voces que recuerden el pasado, risas que celebren los logros, miradas que confirmen nuestra existencia?</p><p>¿Aceptaremos la paradoja de la longevidad solitaria como inevitable, o resignificaremos nuestras instituciones para reconstituir redes de cuidado y amistad? La respuesta colectiva implicará decisiones políticas que prioricen la presencia, re-imaginen espacios públicos y educacionales, y traten la soledad como determinante tangible de salud.</p><p>En lo personal quedará la pregunta inquietante: ¿qué estaré dispuesto a sacrificar en nombre de la longevidad, y a quién buscaré para que mis años cuenten como algo más que tiempo? ¿Podremos aún recuperar la costumbre de acompañar, o habremos naturalizado la soledad como precio inevitable del progreso?</p><p>Finalmente, si la medicina puede curar el cuerpo,... ¿será también capaz de curar la soledad del alma, o ese es un remedio que debemos inventar entre todos antes de llegar a la vejez?</p><p>&nbsp;</p><p>(*) El autor es un docente, escritor y filósofo sanjuanino. En El Litoral publica el ciclo "Reflexiones desde una perspectiva filosófica".</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/E8nTEURYjPmcwunVTOCZIoxoupA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2026/02/longevidad.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Estudios de Harvard destacan cómo la falta de relaciones de calidad incrementa la ansiedad y la depresión, afectando tanto la salud física como emocional.]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2026-03-18T16:15:30+00:00</updated>
                <published>2026-02-10T17:21:41+00:00</published>
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            Salud mental: pedir ayuda también es un acto de valentía
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                <![CDATA[Redacción Sur24]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/0VmUR5ROgh9RWL2nA31NOy5qjKo=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2025/10/salud_mental.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>(Por Luciana Lanzamidad) - El Día Mundial de la Salud Mental se instaló en la agenda internacional como una fecha clave para reflexionar sobre un tema que, pese a ser cada vez más mencionado en el espacio público, todavía carga con mitos y prejuicios.</p><p>En la actualidad, millones de personas en todo el mundo enfrentan síntomas de depresión, ansiedad y otros trastornos sin recibir el acompañamiento adecuado, muchas veces por temor al qué dirán o por falta de acceso a la atención.</p><p>En diálogo con Vivi Mejor, la Dra. María Verónica Prendes, psiquiatra (M 4229) explicó por qué la salud mental no es un lujo ni una moda, sino una parte inseparable del bienestar integral, y resaltó que la prevención, la detección temprana y el acompañamiento son pilares fundamentales para mejorar la calidad de vida de quienes atraviesan un problema emocional o mental.</p><p>“La salud mental no es un lujo ni una moda: es una dimensión inseparable de la salud integral”, afirmó la Dra. Prendes, marcando la importancia de considerar a la mente como parte del equilibrio general del organismo.</p><p>La salud mental no es un lujo ni una moda, sino una parte inseparable del bienestar integral.</p><p>De acuerdo con la especialista, emociones como la tristeza, la ansiedad o el miedo son reacciones normales frente a circunstancias de la vida.</p><p>Sin embargo, cuando estas respuestas dejan de ser proporcionales al estímulo, se prolongan en el tiempo y alteran funciones básicas como el sueño, el apetito, la concentración o las relaciones, dejan de ser simples estados afectivos para convertirse en cuadros clínicos que requieren evaluación y tratamiento.</p><p>“Esa es la diferencia central: el síntoma que persiste y limita la vida cotidiana no es un rasgo de carácter, es una enfermedad”, aclaró.</p><p>En este sentido, reconocer la línea que divide lo normal de lo patológico resulta clave para derribar la idea errónea de que una persona puede superar cualquier sufrimiento emocional solo con fuerza de voluntad.</p><p>&nbsp;</p>El rol del entorno<p>Uno de los puntos en los que más insistió la psiquiatra es en el valor de los vínculos y del acompañamiento. “La familia y los lazos cercanos no sustituyen el abordaje terapéutico, pero actúan como factor protector: favorecen la adherencia al tratamiento, reducen el riesgo de recaídas y aportan contención emocional”, explicó.</p><p>De acuerdo con su experiencia clínica, un paciente rodeado de comprensión y apoyo tiene mayores posibilidades de recuperación que aquel que enfrenta la enfermedad en soledad o bajo el peso del estigma.</p><p>El estigma, de hecho, sigue siendo una de las principales barreras para la consulta temprana. Muchas personas temen ser juzgadas o etiquetadas, mientras que otras arrastran prejuicios en torno al uso de medicación psiquiátrica. “El miedo a ser discriminado, a que te digan que estás exagerando o que es solo falta de voluntad, hace que muchos lleguen tarde a la consulta”, señaló.</p><p>La consecuencia de esta demora es grave: postergar el diagnóstico y el tratamiento prolonga el sufrimiento, cronifica los síntomas y empeora el pronóstico. “La intervención temprana, en cambio, acorta la evolución de los síntomas y mejora la calidad de vida”, enfatizó Prendes.</p><p>Pedir ayuda no es un signo de debilidad, sino una decisión madura que abre la puerta a una vida más plena.</p>Hábitos que protegen la salud mental<p>La especialista remarcó que la prevención es posible y tiene base científica. Existen hábitos cotidianos que, incorporados de manera sostenida, reducen de forma significativa el riesgo de desarrollar cuadros de ansiedad o depresión.</p><p>Entre ellos, mencionó:</p><p>Dormir en horarios regulares.</p><p>Realizar actividad física aeróbica.</p><p>Mantener una alimentación equilibrada.</p><p>Evitar el consumo problemático de alcohol y drogas.</p><p>Cultivar vínculos sociales y actividades de pertenencia.</p><p>En este punto, la profesional advirtió sobre el impacto de la soledad crónica. Hoy, incluso la Organización Mundial de la Salud la reconoce como un factor de riesgo para la salud mental y física, con consecuencias comparables a enfermedades graves como la hipertensión o la diabetes.</p><p>“No se trata solo de estar acompañado físicamente, sino de tener lazos de confianza y apoyo mutuo. La desconexión emocional tiene un peso enorme en el bienestar psicológico”, sostuvo.</p><p>&nbsp;</p>En todas las etapas de la vida<p>Hablar de salud mental no es exclusivo de los adultos jóvenes o de quienes trabajan bajo presión. La especialista subrayó que cada etapa vital presenta desafíos particulares, y que en todos los casos es posible brindar acompañamiento y contención.</p><p>En los niños, explicó que se les puede hablar con ejemplos simples y claros, evitando minimizar lo que sienten.</p><p>En los adolescentes, lo central es la escucha activa: “Hay que escucharlos más que sermonearlos. Validar sus emociones sin juzgar”.</p><p>En los adultos mayores, el mensaje es que el malestar emocional no es un destino inevitable de la vejez. “Sentirse triste o ansioso no es parte obligada de envejecer. También tienen derecho a ser atendidos y tratados”, dijo.</p><p>“El denominador común en todas las edades es transmitir que pedir ayuda no es un signo de debilidad, sino una decisión madura que abre la puerta a una vida más plena”, destacó la psiquiatra.</p><p>&nbsp;</p>Salud mental y trabajo<p>El lema de este año hace foco en la importancia de la salud mental en el lugar de trabajo. El estrés laboral, la sobrecarga de tareas, la inseguridad económica y la falta de límites entre vida personal y profesional han hecho que cada vez más personas desarrollen síntomas vinculados al contexto laboral.</p><p>“Muchas veces el ámbito de trabajo puede ser un desencadenante de cuadros ansiosos o depresivos. El reconocimiento, el trato justo y la posibilidad de conciliar el empleo con la vida personal son factores que marcan la diferencia”, explicó Prendes.</p><p>La especialista subrayó que los empleadores también tienen responsabilidad: generar ambientes saludables, promover espacios de escucha y reducir prácticas que fomenten la competencia excesiva o la precariedad laboral impacta de manera directa en el bienestar de los trabajadores.</p><p>&nbsp;</p>Cambio cultural<p>A pesar de los avances en el discurso público, aún falta mucho para que la salud mental sea vista con la misma seriedad que una enfermedad física. “Todavía se escuchan frases como ‘está así porque quiere’, ‘le falta voluntad’ o ‘es débil’. Son comentarios que duelen y desalientan la búsqueda de ayuda”, lamentó Prendes.</p><p>La especialista insistió en que la psiquiatría no busca silenciar emociones, sino acompañar a las personas en el proceso de recuperar su capacidad de vivir, elegir y disfrutar. “Reconocer cuándo lo que sentimos deja de ser pasajero y se convierte en patológico es el primer paso para sanar, y también para derribar prejuicios”, sostuvo.</p><p>El Día Mundial de la Salud Mental no es solo una fecha en el calendario, sino una invitación a reflexionar como sociedad. Cada persona puede contribuir a un cambio cultural: hablar sin miedo, escuchar sin juzgar, acompañar sin minimizar.</p><p>En palabras de la Dra. Prendes: “La salud mental es parte de la salud, y merece la misma seriedad que cualquier otra enfermedad médica”.</p><p>Cuidarla no es solo una cuestión individual, sino también un compromiso colectivo que involucra a las familias, las comunidades, los espacios laborales y las políticas públicas. Porque, al final del día, una sociedad que cuida la salud mental de sus integrantes es una sociedad más justa, empática y resiliente.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/0VmUR5ROgh9RWL2nA31NOy5qjKo=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2025/10/salud_mental.webp" class="type:primaryImage" /></figure>El 10 de octubre se conmemora el Día Mundial de la Salud Mental, una iniciativa global para concientizar sobre los problemas emocionales, derribar el estigma y fomentar hábitos y apoyos que mejoren nuestro bienestar.]]>
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                                <category term="provinciales" label="Provinciales" />
                <updated>2026-03-18T16:15:30+00:00</updated>
                <published>2025-10-10T20:02:35+00:00</published>
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        <title>
            Del maltrato verbal al odio digital en la era de las redes sociales
        </title>
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        <author>
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                <![CDATA[Redacción Sur24]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.sur24.com.ar/noticias/del-maltrato-verbal-al-odio-digital-en-la-era-de-las-redes-sociales">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/HvksB9FgCKpD_dPprkowIWaIo_4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2024/12/redes_sociales_2.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>(Por Rodrigo Agostini) - La convivencia humana es un delicado equilibrio sostenido por valores compartidos, emociones personales y el entorno social en el que habitamos. En un mundo cada vez más interconectado, donde las interacciones trascienden lo físico, la construcción de una ciudadanía respetuosa enfrenta desafíos sin precedentes. La violencia, en cualquiera de sus formas, emerge como un síntoma de desigualdades estructurales, emocionales y culturales, amplificadas por la hiperconexión digital. Reflexionar sobre cómo educar para la empatía, fortalecer los vínculos sociales y garantizar oportunidades equitativas es esencial para construir una sociedad más justa y resiliente.</p><p>La violencia física, que ha sido históricamente el centro de atención en debates sociales y académicos, representa un acto tangible y visible que deja marcas inmediatas en las víctimas. Golpes, agresiones y enfrentamientos tienen un impacto innegable en la salud física y mental, y su frecuencia continúa siendo alarmante en muchas comunidades. Sin embargo, la violencia no se limita al daño físico; las palabras también tienen un poder destructivo. La violencia verbal, muchas veces ignorada o subestimada, puede ser tan perjudicial como la física, dejando cicatrices emocionales que afectan profundamente la autoestima y las relaciones interpersonales. Las humillaciones, insultos y comentarios despectivos son armas que lastiman desde dentro, debilitando a las personas y socavando su confianza.</p><p>En la era digital, estas formas tradicionales de violencia han encontrado nuevos canales de expresión, menos evidentes, pero igual de perjudiciales. Las redes sociales, que en teoría fueron diseñadas para conectar a las personas, han dado lugar a dinámicas de hostilidad que amplifican las desigualdades y el sufrimiento emocional. Uno de los fenómenos más preocupantes en este contexto es el de los haters, individuos que, escudados en el anonimato que permiten estas plataformas, se dedican a atacar, deshumanizar y ridiculizar a otros. Los haters son un síntoma claro de cómo la desconexión emocional y la impunidad digital han transformado el espacio virtual en un terreno fértil para la violencia.</p><p>Los ataques de los haters no son incidentes aislados. Estas agresiones suelen estar cargadas de racismo, sexismo, clasismo o cualquier otro tipo de prejuicio que alimenta el odio. En un mundo hiperconectado, un comentario malintencionado puede viralizarse rápidamente, amplificando el daño hacia las víctimas y creando un efecto de contagio que fomenta una espiral de violencia colectiva. Este tipo de comportamientos no solo afecta a los directamente implicados, sino que también moldea las normas sociales, normalizando la agresión y deshumanización como parte del discurso público.</p><p>El impacto de esta violencia digital es devastador. Las víctimas enfrentan niveles elevados de ansiedad, depresión e incluso pensamientos suicidas. La exposición constante al rechazo y la hostilidad digital afecta el bienestar emocional, limitando su capacidad para participar plenamente en la vida social. Este problema es particularmente grave en adolescentes y jóvenes, quienes están en una etapa crucial de formación de su identidad y autoestima. En este sentido, el daño no se limita a las víctimas individuales: las dinámicas de odio y exclusión digital debilitan la cohesión social, erosionan la confianza mutua y profundizan las divisiones en la sociedad.</p><p>Para abordar esta problemática, es necesario reconocer que la violencia, en cualquiera de sus formas, no es un fenómeno aislado, sino un reflejo de desigualdades más profundas. Las brechas económicas, sociales y culturales generan condiciones que perpetúan la hostilidad y el conflicto. La educación, tanto formal como informal, tiene un papel crucial en la construcción de una sociedad basada en el respeto y la empatía. En palabras de Martha Nussbaum, cultivar emociones pro-sociales como la compasión y la solidaridad es fundamental para fortalecer la democracia y las relaciones humanas.</p><p>Educar en valores, sin embargo, no puede limitarse a enseñar conceptos abstractos. Es fundamental que las personas comprendan cómo sus acciones, tanto en el espacio físico como en el digital, tienen un impacto directo en la vida de los demás. Esto implica enseñar habilidades como la resolución de conflictos, la comunicación efectiva y el manejo de las emociones. En un mundo donde las redes sociales amplifican tanto las conexiones como las críticas, es imprescindible fomentar una ciudadanía digital responsable, que utilice estas herramientas como espacios para el diálogo, el aprendizaje y la colaboración, en lugar de perpetuar dinámicas de exclusión y violencia.</p><p>La resiliencia emocional es una de las habilidades más necesarias para enfrentar estos desafíos. Daniel Goleman, en su trabajo sobre inteligencia emocional, destaca que la capacidad de manejar las emociones y responder de manera constructiva a los desafíos no solo mejora la calidad de vida individual, sino que también contribuye a la cohesión social. Enseñar a los jóvenes a manejar el rechazo, las críticas y los conflictos es tan importante como instruirlos en matemáticas o literatura. Sin embargo, esta resiliencia no puede construirse en un vacío. Requiere entornos que valoren la diversidad, promuevan el respeto mutuo y ofrezcan modelos positivos de comportamiento.</p><p>En este contexto, las redes sociales pueden transformarse en herramientas poderosas para el cambio, si se utilizan con propósito y responsabilidad. Movimientos sociales como Black Lives Matter o Ni Una Menos han demostrado el potencial de estas plataformas para movilizar a millones de personas en torno a causas justas. Estos ejemplos nos muestran que, cuando se usan para construir, las redes sociales pueden ser aliadas en la lucha por la igualdad y el respeto. Sin embargo, esto requiere un compromiso colectivo para regular y moderar el contenido, promoviendo una cultura de respeto y responsabilidad en el espacio digital.</p><p>La construcción de una sociedad más justa y resiliente no puede recaer únicamente en las instituciones educativas o las familias. Es un esfuerzo colectivo que implica a todos los actores sociales, desde las empresas tecnológicas hasta los gobiernos y las organizaciones comunitarias. Como dijo Paulo Freire: "La educación no cambia el mundo, cambia a las personas que van a cambiar el mundo". Esta transformación requiere no solo una reflexión profunda sobre los valores que queremos promover, sino también acciones concretas que fortalezcan el tejido social.</p><p>En este camino, cada uno de nosotros tiene un papel que desempeñar. Ya sea enseñando a los jóvenes a utilizar las redes sociales de manera responsable, promoviendo políticas públicas que reduzcan las desigualdades estructurales o simplemente eligiendo nuestras palabras con cuidado en las interacciones diarias, todos podemos contribuir a construir una sociedad basada en la empatía, la igualdad y el respeto.</p><p>La violencia, en cualquiera de sus formas, es un recordatorio de las fallas en nuestra convivencia, pero también una oportunidad para reflexionar y actuar. Como señaló Martin Luther King Jr.: "La oscuridad no puede expulsar a la oscuridad; solo la luz puede hacer eso. El odio no puede expulsar al odio; solo el amor puede hacer eso". La clave está en no perder de vista que, aunque el cambio es un proceso lento y complejo, cada paso cuenta en el camino hacia un futuro más justo y humano.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/HvksB9FgCKpD_dPprkowIWaIo_4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2024/12/redes_sociales_2.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Las redes sociales, en teoría diseñadas para conectar a las personas, han dado lugar a dinámicas de hostilidad que amplifican las desigualdades y el sufrimiento emocional. Los haters, por ejemplo, son individuos que, escudados en el anonimato que permiten estas plataformas, se dedican a atacar, deshumanizar y ridiculizar a otros.]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2026-03-18T16:15:30+00:00</updated>
                <published>2024-12-20T20:25:12+00:00</published>
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        <title>
            Impacto de la crisis económica en la salud mental
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                <![CDATA[Redacción Sur24]]>
            </name>
        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/8nBo2zdF9h8u8URyHBdCtCipjlc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2024/10/salud_mental.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por Verónica Dobronich</p><p>La crisis económica ha generado una serie de dificultades que afectan no solo las finanzas personales y colectivas, sino también el bienestar psicológico. La incertidumbre sobre el futuro, la pérdida de empleos y el aumento del costo de vida son factores que contribuyen al incremento de trastornos mentales como la ansiedad, el estrés y la depresión. Diversos estudios indican que las tasas de problemas de salud mental tienden a elevarse en tiempos de recesión económica, lo que deja claro que el impacto no se limita a cuestiones materiales.</p><p>&nbsp;</p>Estadísticas alarmantes<p>Según un informe reciente de la Organización Mundial de la Salud (OMS), durante períodos de crisis económica, los trastornos de salud mental aumentan hasta un 25%. En países con altos niveles de desempleo, la prevalencia de depresión y ansiedad ha subido significativamente, con un 30% de las personas afectadas presentando síntomas relacionados. Además, un estudio de la Universidad de Harvard destacó que en tiempos de recesión, los casos de suicidio también pueden incrementarse, con tasas que han subido hasta un 10% en algunos países.</p><p>Esta situación es aún más preocupante cuando se consideran las barreras para acceder a atención psicológica en estos contextos. El desempleo y la precarización del trabajo limitan la capacidad económica de las personas para recibir servicios de salud mental, creando un círculo vicioso que agrava los problemas.</p><p>Los síntomas más comunes son ansiedad, insomnio, fatiga crónica y cuadros depresivos.</p>Factores desencadenantes<p>Varios factores contribuyen al aumento en los problemas de salud mental durante una crisis económica:</p><p>• Inseguridad financiera: La preocupación constante por pagar cuentas o deudas, sumado al temor de perder el empleo o no encontrar nuevas oportunidades laborales, crea un clima de incertidumbre emocional.</p><p>• Aislamiento social: La falta de ingresos o empleo puede llevar a la pérdida de relaciones sociales importantes, lo que contribuye al aumento de la soledad y, con ella, de los síntomas depresivos.</p><p>• Sobrecarga emocional en los hogares: Los conflictos familiares tienden a intensificarse cuando los miembros del hogar están bajo presión financiera, lo que afecta tanto a adultos como a niños.</p>Consecuencias en la salud mental<p>El impacto psicológico de la crisis económica no solo se refleja en el aumento de diagnósticos de trastornos mentales, sino también en un deterioro general del bienestar emocional. Los síntomas más comunes son ansiedad, insomnio, fatiga crónica y cuadros depresivos, que a menudo no reciben tratamiento adecuado. A largo plazo, esto puede derivar en problemas más graves como adicciones, trastornos de alimentación y enfermedades físicas relacionadas con el estrés, como hipertensión o problemas cardiovasculares.</p><p>El cuidado de la salud mental debe ser una prioridad en momentos difíciles.</p><p>&nbsp;</p>Acciones para minimizar el impacto<p>Si bien no es posible eliminar las tensiones generadas por una crisis económica, existen varias acciones que pueden ayudar a mitigar su impacto en la salud mental:</p><p>• Promover la educación financiera: Aprender a gestionar los recursos disponibles de manera eficiente puede reducir la carga emocional que acompaña a la incertidumbre económica. Planificar presupuestos realistas, priorizar gastos y buscar asesoramiento financiero son estrategias clave.</p><p>• Fomentar redes de apoyo comunitario: El aislamiento social agrava los problemas de salud mental. Por ello, es fundamental fortalecer las redes de apoyo entre amigos, familiares y vecinos. Compartir preocupaciones y buscar ayuda emocional puede marcar una gran diferencia.</p><p>• Facilitar el acceso a la atención psicológica: Es crucial que gobiernos e instituciones garanticen el acceso a servicios de salud mental asequibles y de calidad. Ampliar los programas de asistencia psicológica y promover iniciativas de telemedicina puede ser una respuesta efectiva para quienes no tienen los medios económicos para acceder a consultas tradicionales.</p><p>• Incentivar la actividad física: Está comprobado que el ejercicio regular ayuda a reducir los niveles de estrés y ansiedad. Fomentar la práctica de actividad física, ya sea a través de caminatas, yoga o deportes colectivos, puede ser una excelente forma de cuidar la salud mental durante tiempos difíciles.</p><p>• Fomentar la resiliencia emocional: Desarrollar habilidades emocionales para afrontar situaciones de crisis es clave para atravesar estos momentos con mayor estabilidad. La práctica de mindfulness, la meditación y otras técnicas de manejo del estrés pueden ayudar a las personas a adaptarse mejor a las circunstancias cambiantes.</p>&nbsp;Un llamado a la empatía y la acción<p>Es fundamental que tanto las políticas públicas como la sociedad civil tomen conciencia del impacto psicológico de la crisis económica. No se trata solo de resolver problemas financieros, sino de entender que las emociones y la salud mental juegan un papel central en la vida de las personas. Crear espacios para el diálogo, brindar apoyo emocional y facilitar el acceso a herramientas de bienestar mental son pasos esenciales para enfrentar esta crisis de una manera más integral.</p><p>La economía puede estar en crisis, pero nuestras emociones no deben quedar relegadas. El cuidado de la salud mental debe ser una prioridad en momentos difíciles, pues es la base que nos permitirá superar los desafíos que se presenten.</p>]]>
                </content>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/8nBo2zdF9h8u8URyHBdCtCipjlc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2024/10/salud_mental.webp" class="type:primaryImage" /></figure>La crisis económica ha generado una serie de dificultades que afectan no solo las finanzas personales y colectivas, sino también el bienestar psicológico.]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2024-10-31T18:22:56+00:00</updated>
                <published>2024-10-31T18:21:19+00:00</published>
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            ¿Cómo pueden afectar las aplicaciones de citas a la salud mental?
        </title>
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        <author>
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                <![CDATA[Redacción Sur24]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.sur24.com.ar/noticias/como-pueden-afectar-las-aplicaciones-de-citas-a-la-salud-mental">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/dgoVRNF-AlR7k3QBFKAK36qeOYE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2024/05/citas.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por Maria J. García Rubio (*)</p><p>Mireia es psicóloga clínica desde hace 20 años y ve entre 15 y 20 pacientes semanales. En los últimos seis meses ha detectado algo que le perturba: la cantidad de motivos de consulta relacionados con las aplicaciones de citas.</p><p>Recuerda, por ejemplo, a una paciente cuyos problemas de sueño dependían de tener activa o no la aplicación. Y a personas que acudían con síntomas de ansiedad debido a la incertidumbre o la aflicción producida por el rechazo y el abandono.</p><p>Sin embargo, el uso de esas aplicaciones se incrementa exponencialmente día a día: ¿qué está pasando? ¿Acaso importa más el crecimiento de esta nueva forma de relacionarnos que el bienestar emocional?</p><p>Para contestar a esto, primero hay que conocer los factores que subyacen en esas consultas de los usuarios a los especialistas.</p>¿Qué efectos tiene el match en el cerebro?<p>Hace unos años se hablaba mucho de la adicción a sustancias como el cannabis. Luego llegó la avalancha científica sobre los efectos del enganche a las pantallas y ahora, quizá, les ha tocado el turno a las aplicaciones para encontrar pareja.</p><p>El auge de estas apps es notable, aunque el estudio de sus efectos psicofisiológicos no se desarrolla a la misma velocidad. Desde la creación de la primera –Grindr, en 2009–, han surgido muchas otras con diferentes opciones y un objetivo común: conectar personas con un fin afectivo y sexual.</p><p>Poco después de la aparición del fenómeno, el profesor Elias Aboujaoude, de la Universidad de Stanford, ya afirmó que este tipo de herramientas podrían ser adictivas, ya que ofrecen a los usuarios un subidón similar a una droga. Esto ocurre al recibir un like o un match, que es cuando dos personas se dan un like mutuamente.</p><p>Los efectos psicológicos en la autoestima, el concepto de uno mismo o la identidad social tras un match resultan obvios. Sin embargo, el impacto en el cerebro no ha sido tan estudiado, o al menos no existe un modelo teórico claro. Eso sí, todo apunta al sistema de recompensa y la liberación de la dopamina y otras sustancias hormonales.</p><p>Dicho sistema es la zona cerebral vinculada con la sensación de bienestar y la responsable de que repitamos una conducta al margen de ser o no correspondida. Además, se ha demostrado que no solo se activa cuando se genera el placer, sino también ante la mera expectativa de que el estímulo placentero llegará en algún momento. Esto se produce más intensamente con todo lo relacionado con el amor o la búsqueda de pareja romántica, por la implicación que tiene en la supervivencia.</p>¿Existe la adicción a los matchs?<p>Se trata de una pregunta con difícil respuesta, ya que se necesitarían datos objetivos sobre la cantidad de matchs y su relación con otras variables sociodemográficas y clínicas, y no todas las aplicaciones hacen pública esta información.</p><p>Por ejemplo, en Tinder se han registrado nada menos que 70.000 millones de matchs desde su creación. De hecho, la propia app tiene una opción para que los usuarios descarguen sus estadísticas.</p><p>Sin embargo, es cierto que la frecuencia con que una persona hace match es relativa y se desconocen los factores implicados, tal y como comparten los propios usuarios en foros. De lo que no hay duda es de que estamos ante una revolución mundial en torno a la búsqueda de pareja.</p><p>En 2019, la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) confirmó, por ejemplo, que uno de cada diez españoles usa aplicaciones de citas de forma habitual, y que uno de cada tres de esos usuarios era adicto. Un informe más reciente, de 2024, arroja cifras similares: más de cuatro millones de personas utilizan estas herramientas digitales cada mes en este país.</p><p>Teniendo en cuenta los datos, es lógico pensar en una posible adicción al match, más aún si este incide directamente sobre el sistema de recompensa cerebral. Por otro lado, se ha demostrado que la desinstalación de este tipo de aplicaciones puede generar en la persona un síndrome de abstinencia con sintomatología similar al “desenganche” de una sustancia concreta como la cocaína, por ejemplo.</p>¿Y qué efectos tiene recibir un un match?<p>El unmatch es el rechazo explícito a un perfil después de haber obtenido un match previo e, incluso, haber iniciado un historial de conversación. Es lo que se conoce en WhatsApp o en otros medios digitales como ghosting. Aunque en este caso está un nivel por encima, ya que el unmatch elimina sin ningún tipo de aviso tanto el perfil como las conversaciones con la persona que lo envía. Es como si el vínculo no hubiera existido nunca.</p><p>Algunos estudios han demostrado que se asocia con un estado de decepción, tristeza y desesperanza en el que se ve dañada la autoestima y la imagen. La persona rechazada puede llegar a tener pensamientos intrusivos relacionados con el castigo y la culpa como: “normal que no le interese si no valgo para nada” o “¿qué hago mal para que me pasen todas estas cosas?”.</p><p>Varias investigaciones neurobiológicas sobre el rechazo y el abandono han encontrado una respuesta en el circuito cerebral de la tristeza, caracterizado por un descenso de la actividad cortical y la implicación sobre otros correlatos del sistema nervioso autónomo.</p><p>Una posible explicación apunta a que el repudio afectivo o sexual activa áreas cerebrales específicas como la zona ventrolateral de la corteza prefrontal y la ínsula, relacionadas con las experiencias de rechazo registradas en edades tempranas.</p><p>Otro posible escenario es que no haya respuesta, ni match ni unmatch. Aquí la protagonista es la ansiedad anticipatoria generada por la incertidumbre. Varios autores apuntan a esta como la más incapacitante porque no tiene un límite máximo y depende mucho de la exposición al estímulo.</p><p>En cuanto a los efectos psicológicos y conductuales de esta adicción, se pueden citar algunos relevantes: la revisión constante del móvil para constatar si hay novedades, la alimentación compulsiva y la falta de apetito ante una respuesta de rechazo o los problemas de sueño esperando a que llegue una respuesta.</p><p>De hecho, son conductas similares a las que se registran en relaciones de pareja muy tóxicas o las ahora conocidas como breadcrumbing, apoyadas en el fenómeno psicológico del refuerzo intermitente.</p>De la adicción al match también se sale<p>En el manejo de esta adicción, las expectativas, la experiencia previa, el nivel de autoestima y ciertos rasgos de personalidad juegan un papel importante. Establecer límites de tiempo para usar la aplicación puede ayudar a evitar las conductas compulsivas. También es recomendable bajar las expectativas en cuanto a las citas que se deriven de nuestros contactos, fomentar conversaciones genuinas y significativas, así como hablar con amigos de confianza sobre las experiencias con la aplicación.</p><p>Sin duda, la forma de relacionarnos ha cambiado y nuestro sistema nervioso ha de ir adaptándose. En ese punto, cuando ni siquiera las estrategias anteriores evitan que la salud mental se vea afectada, pedir ayuda psicológica puede ser la decisión que nos ponga a salvo de la adicción al match.</p><p>(*) María J. García-Rubio, profesora de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Internacional de Valencia - Codirectora de la Cátedra VIU-NED de Neurociencia global y cambio social - Miembro del Grupo de Investigación Psicología y Calidad de vida (PsiCal), Universidad Internacional de Valencia.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/dgoVRNF-AlR7k3QBFKAK36qeOYE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2024/05/citas.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Hace unos años se hablaba mucho de la adicción a sustancias como el cannabis. Luego llegó la avalancha científica sobre los efectos del enganche a las pantallas y ahora, quizá, les ha tocado el turno a las aplicaciones para encontrar pareja.]]>
                </summary>
                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2026-03-18T16:15:30+00:00</updated>
                <published>2024-05-27T17:16:28+00:00</published>
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        <title>
            Las quejas constantes afectan a nuestro cerebro: enterate cómo
        </title>
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        <author>
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                <![CDATA[Redacción Sur24]]>
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        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/2ePcV1mOl9b5hH_sHb5-0CM4lq8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2024/05/queja.png" class="type:primaryImage" /></figure><p>(Por Delfina Montagna) - Una persona promedio se queja entre 15 y 30 veces en un solo día. Si esta cifra parece mucho, imagínate la cantidad de quejas a las que estamos expuestos sumando las propias y las de los demás. A pesar de que esta actividad es una descarga y puede sentirse bien en el momento, puede que nos esté afectando negativamente a largo plazo.</p><p>En un estudio conducido por la Universidad de Stanford se indagó cómo afectan las quejas a nuestro cerebro utilizando resonancias magnéticas. Pudieron identificar tres daños importantes:</p><p>La exposición a 30 minutos de quejas por día hace que liberemos cortisol y adrenalina, que son las hormonas del estrés. Esto empeora nuestro estado de ánimo y capacidad cognitiva. Gracias a las neuronas espejo, que provocan que nuestro cerebro imite de forma inconsciente los estados de ánimo de quienes nos rodean, esto pasa no solo con nuestras quejas, sino también con las de quienes nos rodean.</p><p>Esta exposición también provoca un daño físico: se reduce el hipocampo, que es la parte del cerebro que se utiliza para la resolución de problemas. Esta reacción también implica un deterioro del funcionamiento cognitivo.</p><p>Por último, nos sumerge en un círculo vicioso; sabemos que las neuronas se asocian y construyen puentes entre ellas. Por eso, quejarse repetidamente reconfigura el cerebro para que sea más fácil encontrar quejas en el futuro. A la larga, se vuelve más fácil ser negativo que positivo, ya que se convierte en nuestro comportamiento por defecto.</p><p>Estrés, ánimo, energía y ansiedad</p><p>Sin embargo, evitar las quejas al 100% y de un día para el otro no parece algo muy plausible o sano para nuestra mente. Estas son algunas actividades que pueden ayudarnos a apaciguar el daño:</p><p>El Dr. Travis Bradberry, psicólogo de la Universidad de California y autor del libro Inteligencia emocional 2.0, sugiere cultivar una actitud de gratitud. Esto se hace desplazando tu atención hacia algo por lo que estés agradecido cuando sientas ganas de quejarte. Según estudios en la Universidad de California, esta actividad puede reducir el cortisol (hormona del estrés) en un 23%, mejorando el estado de ánimo, nivel de energía, y reduciendo la ansiedad.</p><p>En las ocasiones en las que realmente tenemos algo de lo que quejarnos estamos ante un problema a resolver. Esto significa que la queja puede convertirse en una actividad constructiva siempre y cuando esté orientada hacia un objetivo. Si no podemos identificar ningún objetivo, es probable que estemos buscando quejarnos porque sí.</p><p>Como vimos, las quejas que nos afectan no son solamente las propias. ¿Cómo podemos hacer para establecer límites con personas quejosas sin quedar mal? El consejo anterior también aplica: cuando estemos escuchando las quejas, podemos preguntarles cómo piensan solucionar el problema. Esto suele provocar que la persona se tranquilice o rediriga la conversación a una línea más positiva.</p><p>Este artículo fue originalmente publicado en RED/ACCIÓN y se republica bajo el programa Periodismo Humano.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/2ePcV1mOl9b5hH_sHb5-0CM4lq8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2024/05/queja.png" class="type:primaryImage" /></figure>Quejarse provoca tres consecuencias negativas a nivel neurológico.]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2024-05-16T12:07:57+00:00</updated>
                <published>2024-05-16T11:59:18+00:00</published>
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            Trastorno de ansiedad… ¿generalizada?
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                <![CDATA[Redacción Sur24]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/NSALah9OGoaQfLyYEnwkEOn8bVg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2024/02/ansiedad.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Nos escribe Agustín (38 años, Catamarca): "Hola Luciano, ¿quería preguntarte sobre la ansiedad? Leí en Internet acerca del trastorno de ansiedad generalizada y siento que tengo todos los síntomas. Además, muchos amigos me dicen que soy muy ansioso y lo que me pasó hace poco fue que me llevé puesto un poste mientras iba de un lugar a otro y me hice un corte grande en la cabeza. ¿Vos qué indicaciones das para esta patología?".</p><p>Querido Agustín, muchas gracias por tu correo, que nos acerca a un tema importante de la consulta actual. Un poco en chiste a veces digo que del trastorno de ansiedad se dice que es "generalizada" porque nos toca a todos. En nuestras sociedades, la ansiedad es casi una forma de vida y de sentir. Por otro lado, si puedo continuar con otro chiste: no hace falta que me digas que sos un ansioso si me contás que te fijaste en Internet los síntomas del trastorno. En todo caso, mucho más me interesa lo que te pasó hace poco, que te hayas dado un golpazo mientras ibas "de un lugar a otro". Detengámonos en esa situación.</p><p>¿Qué es la ansiedad? Más allá de los síntomas específicos, voy a tomar tus palabras con el fin de construir una definición: es ir de un lugar a otro, sin parar. Dicho de otra manera, la ansiedad es que no haya solución de continuidad; es vivir en continuidades, sin tiempos intermedios que funcionen como intervalos. Recuerdo la situación de una mujer que hace un tiempo me consultó porque no podía dormir. Tenía insomnio de conciliación, por eso el psiquiatra le indicó que tomara un ansiolítico antes de un somnífero. ¿Qué pasaba en su caso? Como estaba atravesando por una situación de crisis, no podía despegarse de la escena en que estaba cotidianamente.</p><p>Recuerdo la situación de una mujer que hace un tiempo me consultó porque no podía dormir. Tenía insomnio de conciliación, por eso el psiquiatra le indicó que tomara un ansiolítico antes de un somnífero. ¿Qué pasaba en su caso? Como estaba atravesando por una situación de crisis, no podía despegarse de la escena en que estaba cotidianamente.¿A qué me refiero con esto último? A algo muy concreto. A que todos necesitamos que haya dos escenas para poder realizar un acto o pensar algo. Si estoy en pareja y, como buen neurótico, vivo con el pensamiento de separarme, lo más probable es que nunca me separe y esté durante años en pareja gracias a la fantasía de separación. Por lo tanto, sin una segunda escena, uno queda atrapado en el mismo lugar en que está y empieza a sufrir. Una segunda escena es la que garantiza la distancia mínima y suficiente como para que no pueda pensar qué quiere o qué piensa. Esa distancia es lo que más arriba llamé "intervalo".</p><p>Volvamos al ejemplo del sueño. ¿Por qué te parece que muchas personas antes de irse a dormir salen a caminar un rato, o bien fuman un cigarrillo, etc.? La respuesta es muy simple. Porque es así que construyen la distancia y pasan a una segunda escena. Este es el mecanismo que está obstaculizado en la ansiedad; por eso dije que es vivir en la continuidad.</p><p>¿Por qué muchas personas antes de irse a dormir salen a caminar un rato, o bien fuman un cigarrillo, etc.? La respuesta es muy simple. Porque es así que construyen la distancia y pasan a una segunda escena. Este es el mecanismo que está obstaculizado en la ansiedad; por eso dije que es vivir en la continuidad.Ahora sí, tu pregunta. Yo no puedo darte indicaciones porque no soy un psicoterapeuta ni estás bajo mi tratamiento. No obstante, te voy a sugerir una herramienta que alguna vez puse en práctica conmigo mismo y me ayudó con mi propia ansiedad. Se trata de algo que tal vez pueda interesar a los demás lectores.</p><p>Es una herramienta muy sencilla. Consiste en llevar una botella de agua, el tamaño no es lo que importa; pero ahí a donde vayamos, que sea con esa botella, porque en la medida en que terminamos de hacer algo, nos detenemos y nos quedamos cinco minutos y no hacemos otra cosa que disfrutar del agua.</p><p>Parece hasta tonto, ¿no? Sin embargo, te pido que lo pruebes, porque vas a ver lo que es sentir la inercia del tiempo que te quiere llevar rápido hasta el próximo lugar, o la siguiente cosa que tenés pendiente; pero al cabo de varias veces que pongas en práctica el ejercicio te vas a dar cuenta que el tiempo sigue de largo y a vos no te cambia nada.</p><p>Así vas a empezar a apropiarte del tiempo y, además, de un tiempo de calidad, ese en el que todo puede esperarte a vos, en lugar de correr para satisfacer quién sabe qué exigencia, de quién y para qué. En el núcleo de la ansiedad también hay postulado implícito de que todo es urgente y nosotros tenemos en nuestras manos cosas fundamentales.</p><p>Querido Agustín, te invito a tomarte esos cinco minutos; te propongo que tomes agua, que además siempre es sano. Fito Páez diría que podés estar "al lado del camino, fumando el humo mientras todo pasa". Mejor hacele lugar a la botellita, que el resultado va a ser idéntico: todo pasa y querer ganar tiempo es la pérdida más grande.</p><p>Para concluir, un consejo: no puedo asegurar que sea tu caso, pero sí muchas veces me encontré diciéndole a personas cercanas "Aprendé a parar vos, o te para la realidad". Espero que tu golpe sea también una instancia que te invite a la reflexión antes que a algún tipo de justificación (como decir que fue una distracción).</p><p>Un último chiste a propósito del hábito de leer listados de síntomas en Internet. ¿No conocés el síndrome del estudiante de psicología? Leemos sobre psicosis y nos diagnosticamos como psicóticos; leemos sobre depresión y ya nos sentimos deprimidos. Las agrupaciones por ítems tienen ese problema; o, mejor dicho, son índices y/o signos que, además, se tienen que complementar con una buena entrevista clínica. El diagnóstico no es un autoservicio. Por eso, como dicen las publicidades: "Ante la duda, consulte a un profesional de confianza".</p><p>(*) Para comunicarse con el autor: lutereau.unr@hotmail.com</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/NSALah9OGoaQfLyYEnwkEOn8bVg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2024/02/ansiedad.webp" class="type:primaryImage" /></figure>¿Qué es la ansiedad? Más allá de los síntomas específicos, ser ansioso significa "ir de un lugar a otro" sin parar, sin que haya una solución de continuidad.]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2024-02-12T14:03:08+00:00</updated>
                <published>2024-02-12T14:00:49+00:00</published>
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        <title>
            El estrés psicosocial de las elecciones: una realidad que nos atraviesa a todos
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        <link rel="alternate" href="https://www.sur24.com.ar/noticias/el-estres-psicosocial-de-las-elecciones-una-realidad-que-nos-atraviesa-a-todos" type="text/html" title="El estrés psicosocial de las elecciones: una realidad que nos atraviesa a todos" />
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                <![CDATA[Sur24]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/vYkbpZBcKc5oqaXUEw37Rjac0Gw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2023/11/estres_virtual.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por Luciana Lanzamidad</p><p>En la antesala de las elecciones en Argentina, la población se vio sumida en un estado de estrés psicosocial. Las discusiones políticas encendidas, la polarización social y la incertidumbre sobre el futuro del país convergieron en un cóctel emocional que impacta en los ciudadanos de todos los estratos sociales.</p><p>La psicóloga Karen Basabilbaso (Mat.1679) destacó la naturaleza subjetiva del estrés y su variabilidad entre individuos. "El estrés es una percepción de no poder hacer frente a una sobrecarga, una sensación de no contar con las herramientas necesarias para enfrentar lo que se presenta", explicó. En este caso, el estrés se vuelve crónico y sostenido, generando malestar emocional y físico a medida que la sociedad se sumerge en una vorágine de incertidumbre política”.</p><p>“Debido a esto las personas pueden experimentar un incremento en la ansiedad y la agitación emocional, resultado de la anticipación y la importancia que le otorgan a los eventos políticos”, se explayó la especialista.</p>A nivel colectivo<p>Para la Dra. Basabilbaso “este fenómeno no es nuevo; a lo largo de la historia, situaciones como la Segunda Guerra Mundial, crisis económicas y eventos traumáticos provocaron estrés psicosocial a nivel colectivo. En la actualidad, el contexto de las elecciones se une a la lista de eventos que impactan a toda la sociedad argentina, generando una sensación generalizada de temor, duda e incertidumbre”.</p>La psicóloga Karen Basabilbaso (Mat.1679) destacó la naturaleza subjetiva del estrés y su variabilidad entre individuos.<p>La profesional de la salud explicó la importancia de reconocer que este estrés psicosocial se suma al estrés individual que cada persona enfrenta en su vida cotidiana. La saturación de información, las discusiones constantes sobre política en redes sociales y en la vida diaria contribuyen a un ambiente cargado de ansiedad. "Estamos bombardeados con noticias, y el tema de las elecciones se ha vuelto omnipresente en todas las interacciones sociales", agregó.</p><p>En medio de este escenario, la psicóloga advirtió sobre las consecuencias a largo plazo del estrés. "Hemos observado un aumento significativo en las consultas por malestares psicosomáticos, problemas gastrointestinales e incluso casos de infartos. No es casualidad que la salud mental de la población se vea afectada en este contexto".</p>Consejos y sugerencias<p>Las personas se sumergen en la cobertura de información, siguiendo de cerca debates, encuestas y otros eventos políticos relevantes.</p><p>Es por esto, que la Dra. Basabilbaso ofreció sugerencias para sobrellevar esta situación, haciendo hincapié en la importancia de limitar el consumo de noticias, elegir momentos específicos para informarse y practicar actividades que promuevan el bienestar, como la actividad física y la meditación.</p>La profesional de la salud explicó la importancia de reconocer que este estrés psicosocial se suma al estrés individual que cada persona enfrenta en su vida cotidiana.<p>Además, la profesional remarcó que “hay una realidad que tenemos que aceptarla y transitalra, pero también hay una realidad interna que cada uno elige cómo transitar y desde ese lugar se puede hacer un montón. Por ejemplo, en las reuniones sociales tratar de que la política no sea el tema de conversación. En cuanto a las redes sociales, estar todo el tiempo viendo que uno dijo tal cosa, este otro dijo tal otra, no es bueno. Es importante empezar a cuidarse, cada uno puede elegir, qué absorber y qué consumir de todo eso”.</p><p>En cuanto a la jornada electoral dominical, los ciudadanos expresan preocupaciones sobre los resultados y las posibles repercusiones políticas. Basabilbaso enfatizó en la necesidad de encontrar formas saludables de lidiar con la ansiedad, fomentando el diálogo constructivo y el autocuidado.</p>Temor al futuro<p>El artículo publicado recientemente en diversos medios destaca que la población argentina experimenta una sintomatología propia del estrés psicosocial, caracterizada por una sensación constante de temor e inseguridad sobre el futuro del país.</p><p>Organizaciones de salud mental, ante el aumento de consultas, instan a la población a ser consciente de su bienestar emocional y a buscar ayuda profesional si es necesario. La sociedad argentina espera con expectación y cierta aprehensión el desenlace electoral, con la esperanza de que la transición política brinde estabilidad y alivie la tensión que actualmente afecta a la población.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/vYkbpZBcKc5oqaXUEw37Rjac0Gw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2023/11/estres_virtual.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Se deben encontrar formas saludables de lidiar con la ansiedad, fomentando el diálogo constructivo y el autocuidado. Malestar emocional y físicos en la sociedad Argentina.]]>
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                                <category term="nacionales" label="Nacionales" />
                <updated>2023-11-19T19:23:19+00:00</updated>
                <published>2023-11-19T19:13:59+00:00</published>
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            Técnicas de respiración para combatir la ansiedad
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        <link rel="alternate" href="https://www.sur24.com.ar/noticias/tecnicas-de-respiracion-para-combatir-la-ansiedad" type="text/html" title="Técnicas de respiración para combatir la ansiedad" />
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                <![CDATA[Sur24]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/cL75ZXIPM5MHYMKjjCszGpAVsoQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2023/10/ansiedad_estres_preocupacion.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>La ansiedad es un fenómeno que afecta a millones de personas en todo el mundo, y Argentina no es la excepción. Los desafíos diarios, las tensiones laborales, los problemas personales y la incertidumbre constante pueden llevar a un estado de ansiedad que dificulta la calidad de vida. Sin embargo, existen técnicas de respiración simples y efectivas que pueden ayudarnos a lidiar con esta situación y recuperar la tranquilidad que necesitamos.</p><p>1. Respiración diafragmática: La técnica de respiración diafragmática implica utilizar el músculo del diafragma para inhalar y exhalar. Para hacerlo, siéntate o acuéstate en un lugar cómodo, coloca una mano en tu pecho y la otra en tu abdomen. Inhala profundamente por la nariz, sintiendo cómo tu abdomen se expande, y luego exhala lentamente por la boca. Repite este proceso varias veces. Esta técnica ayuda a reducir la frecuencia cardíaca y a liberar la tensión en el cuerpo.</p><p>2. Respiración 4-7-8: Desarrollada por el doctor Andrew Weil, esta técnica es ideal para calmarse rápidamente. Siéntate en una posición cómoda y cierra los ojos. Inhala silenciosamente por la nariz durante 4 segundos, luego mantén el aire en tus pulmones durante 7 segundos y, finalmente, exhala lentamente durante 8 segundos. Repite este ciclo tres veces. Esta técnica promueve la relajación y ayuda a reducir la ansiedad.</p><p>3. Respiración cuadrada: Imagina un cuadrado en tu mente. Inhalando, sigue un lado del cuadrado durante 4 segundos; mantén el aire mientras recorres el siguiente lado durante 4 segundos; exhala mientras avanzas por el tercer lado durante 4 segundos; y, finalmente, mantén los pulmones vacíos mientras completas el cuarto lado durante otros 4 segundos. Repite este proceso varias veces para restablecer el equilibrio emocional.</p><p>4. Respiración consciente: La práctica de la respiración consciente implica prestar atención plena a cada inhalación y exhalación. Dedica unos minutos al día a sentarte en silencio y concentrarte en tu respiración. Si tu mente divaga, simplemente vuelve tu atención a la respiración. Esta técnica no solo combate la ansiedad, sino que también mejora la concentración y la claridad mental.</p><p>Aprender a controlar la ansiedad a través de técnicas de respiración es una herramienta valiosa que todos podemos incorporar en nuestra rutina diaria. No importa cuán abrumados nos sintamos, la capacidad de respirar conscientemente nos permite recuperar la calma y la paz interior en cualquier momento. Entonces, respiremos profundamente y enfrentemos la ansiedad con confianza y serenidad.</p>&nbsp;<p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/cL75ZXIPM5MHYMKjjCszGpAVsoQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2023/10/ansiedad_estres_preocupacion.webp" class="type:primaryImage" /></figure>En tiempos de estrés y preocupaciones, aprender a respirar de manera consciente puede ser la clave para mantener la calma. Conoce aquí algunas técnicas efectivas para combatir la ansiedad y recuperar la paz interior.]]>
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                                <category term="nacionales" label="Nacionales" />
                <updated>2023-10-13T13:23:54+00:00</updated>
                <published>2023-10-13T13:20:27+00:00</published>
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            Exámenes: la ansiedad es conveniente, pero no debe paralizar
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.sur24.com.ar/noticias/examenes-la-ansiedad-es-una-emocion-muy-buena-pero-no-debe-paralizar" type="text/html" title="Exámenes: la ansiedad es conveniente, pero no debe paralizar" />
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        <author>
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                <![CDATA[Redacción Sur24]]>
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        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.sur24.com.ar/noticias/examenes-la-ansiedad-es-una-emocion-muy-buena-pero-no-debe-paralizar">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/wouHq4VyD4TnKSDRIEwtjoPqCz0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2023/09/examenes_ansiedad.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>(Por Mariela Goy) - Haber estudiado mucho una materia, ir a la facultad a rendir con dolor de panza, sentir que no se sabe nada, entrar al aula, mirar a la cara al profesor que lanza la daga de la pregunta, respirar hondo, sobreponerse y empezar a responder, al principio entrecortado, luego más fluido. El nerviosismo al que, invariablemente, se expone un estudiante cuando debe enfrentarse a un examen -principalmente los orales- suele ir acompañado de alteraciones orgánicas comunes como trastornos del sueño o del apetito, cólicos, etc.</p><p>Hay otros alumnos que directamente entran en pánico o sienten un miedo sobredimensionado ante el tribunal examinador que los lleva a eludir la situación y huyen despavoridos o bien se paralizan en el momento: lo más común es escuchar que se les pone "la mente en blanco" por más que estudiaron, pero hay casos en los que lloran y se frustran delante de los profesores y cada vez que deben volver a rendir esa materia, todo empeora.</p><p>"En primera instancia es fundamental poder entender que la ansiedad es una emoción que puede ser muy funcional y adaptativa para los estudiantes. Sentir ansiedad ante una situación de preparación de exámenes es muy bueno. Lo problemático de la ansiedad es cuando es muy intensa, muy duradera o frecuente, y eso dificulta las posibilidades de adquirir conocimientos y de demostrar lo que uno sabe", explicó el psicólogo clínico y educacional Luciano Zocola, profesor evaluador de la Universidad Católica de Santa Fe, quien también dicta cursos de habilidades psicológicas para la preparación de exámenes.</p><p>&nbsp;</p><p>A la hora de enfrentarse a las primeras mesas examinadoras, hay que tener en cuenta no solo estudiar, sino también prepararse mentalmente. Foto: El Litoral</p><p>-¿Por qué dice que la ansiedad es buena para el estudiante?</p><p>-Soy partidario de decir que la ansiedad es la mejor amiga de las emociones para un estudiante porque tiene muchos beneficios. Por un lado, me activa, hace que yo pase de un estado pasivo a un estado de interés, de preocupación y movilización. Si tengo un mes para estudiar, es sumamente necesario que me ponga ansioso para poder activarme. Yo puedo estar mirando el techo, pero la ansiedad hará que me ponga a buscar los materiales, a consultar con un amigo, a ver el programa. En ese sentido es una emoción muy buena. Por otra parte, la ansiedad aumenta mi capacidad de creatividad, de resolución de problemas; entonces, a la hora de comprender contenidos, me sirve.</p><p>También aumenta mi rendimiento: no es lo mismo cuando estoy tranquilo o aburrido leyendo dos páginas, que cuando tengo un tiempo determinado para estudiar. Está comprobado que, en los últimos días antes de un examen, los chicos generalmente pueden estudiar 8 o 10 horas y ni siquiera se dan cuenta de que estuvieron tanto tiempo abocados a una tarea. Y finalmente también la ansiedad lo que aumenta es mi capacidad de evocación, es decir, lo que memorizo: a la hora de un examen y sobre todo en los orales, si practiqué bien la evocación, la ansiedad me ayudará mucho a manifestar lo que el profesor me está pidiendo.</p><p>-¿Cuándo la ansiedad no es favorable o representa un problema?</p><p>-Cuando se vuelve muy intensa. Hay ciertos momentos que cuando ya no podemos gestionar la ansiedad es que se generan las lagunas o esta intención de querer evitar las situaciones de exposición. Eso es muy común en los chicos que deben enfrentarse las primeras veces a los exámenes. La ansiedad no es en sí mala. Generalmente uno cuando percibe ansiedad ya lo connota de forma negativa y eso lo predispone de una manera, justamente, disfuncional a la hora de tener un buen rendimiento. De hecho, puede ser que una persona se vaya preparando de cierta manera, pero de antemano percibir la ansiedad, hace que sea problemática en la concentración, en la atención, en muchos aspectos.</p><p>-Hablabas de los estudiantes que escapan a la situación de examen. ¿Qué pasa cuando postergan indefinidamente y no pueden avanzar?</p><p>-Cuando una situación es desafiante, lo esperado es que uno tenga ansiedad. El problema es que yo no evito los exámenes, sino que evito esa sensación de malestar. Entonces, cuando no me presento a un examen o no me siento a estudiar, mi ansiedad disminuye. Pero aparecen otras emociones: la culpa, el reproche, la autocrítica, la comparación. Todo eso repercute de manera negativa en mi autoestima. Lo cierto es que cuando esta conducta evitativa no me resuelve el problema, tendré que rendir ese examen en la próxima mesa, en el próximo parcial. Y cuando yo me vuelva a exponer a esa misma situación, mi ansiedad va a ser un poquito mayor a la que sentía inicialmente.</p>Interpretar la situación<p>-¿Qué implica gestionar bien la ansiedad antes de un examen? Porque hay jóvenes que tienen hasta vómitos antes de ir a rendir, otros que se largan a llorar en plena mesa...</p><p>-Acá hay que ver la personalidad de cada uno, porque no todos afrontamos las situaciones de la misma manera y en esto influyen mucho las interpretaciones que se hacen de toda la situación, y no solo del examen en sí. Algunas personas, por su experiencia, más lo aprendido, más lo que está observando del momento, tienen distintas formas de responder. No son los exámenes los que generan ansiedad, sino la interpretación que hacemos de esas situaciones. Si un chico lo percibe como algo determinante, lo más probable es que tenga una conducta evitativa y no se presente a rendir. Si alguien lo ve como un desafío, seguramente sentirá una ansiedad alta, pero tendrá una conducta de exposición, gestionando la ansiedad. Y hay otros chicos, que son los menos, que consideran que el examen es una instancia más, simplemente de compartir conocimiento, donde sienten poca ansiedad.</p><p>Entonces lo importante es cómo yo interpreto la situación: qué creencias están en juego sobre el examen y también cómo evalúo mis capacidades. Es decir, si yo me considero que soy una persona capaz, que superé con antelación otras situaciones similares, seguramente mi predisposición va a ser mucho mayor que si cuento con creencias de que "no soy capaz", de que "soy inútil", de que "esto va a ser determinante" o de que "la carrera es sumamente jodida y sólo aprueban los que son inteligentes o aquellos que tienen ciertas capacidades".</p><p>Luciano Zocola es psicólogo clínico y educacional. Foto: Gentileza</p>"Estudié, pero..."<p>-Los alumnos suelen decir mucho que estudiaron pero que en el momento se ponen muy nerviosos, no se acuerdan de nada. ¿Qué asidero tiene esto?</p><p>-En los cursos suelo encontrarme con ese argumento. Para mí es sumamente determinante cómo te preparás, porque a veces los chicos piensan que uno puede darle unos tips de cómo rendir en ese momento, y eso no es lo más importante. Si bien sobre esas cuestiones se puede trabajar en terapia con lo que son los ensayos, la exposición gradual o los "role playing", lo que es más importante y más significativo es cómo te preparaste, y no digo sólo en términos pedagógicos, sino psicológicos. Es decir, no me refiero sólo a los hábitos de estudio, a la estrategia, sino a cómo te preparaste mentalmente para esa situación que vas a encarar: si yo me preparo pensando que soy capaz, que es una situación de exposición, que tengo recursos y que me puede ir bien como me puede ir mal, entiendo que hay cosas que van a depender pura y exclusivamente de mí, pero también que hay otros factores que no dependerán de mí y que tengo que aceptar eso. Por ejemplo, el estado de ánimo del profesor, la complejidad de los contenidos o incluso puede haber factores climáticos: si yo estudié, pero luego me agarró la lluvia y fui a rendir mojado, ahí mi rendimiento va a ser menor. Son factores que influyen y que no puedo manejar.</p><p>Lo importante es que yo pueda entender que hay factores que dependen de mí y que son de mi total responsabilidad, entonces los puedo gestionar, eso me da la sensación de control, disminuye mi ansiedad. Pero también tengo que entender que hay factores que no dependen de mí y que me toca aceptarlos; eso disminuye mi frustración y entiendo que "si no tiene solución, no es un problema", como dice un proverbio budista. Entonces yo me voy a concentrar en lo que sí está dentro de mis posibilidades. No tengo que controlar todo, sino sólo lo que depende de mí. Si yo tengo en claro estas cuestiones, mi predisposición va a ser mucho mejor y mi rendimiento también.</p><p>&nbsp;</p>Ensayos mentales: cómo prepararse psicológicamente<p>-¿Qué recomendaciones harías, además de que el estudiante se prepare en términos de estudio, para estar más tranquilo a la hora de rendir?</p><p>-Hay cosas que sirven mucho. Los estudiantes muchas veces lo que no hacen, sobre todo para los orales, es ensayar lo que van a decir. Eso se llama "ensayo mental", practicar la evocación. Muchos chicos, en el proceso de adquisición de aprendizajes tratan de comprender, de interpretar y de memorizar, pero falta la última instancia que es fundamental: evocar. Porque yo puedo estudiar un montón, puedo entenderlo, pero no es lo mismo cuando quedó en mi memoria, que cuando lo evoco. Hay principios neurológicos en donde los contenidos que yo adquiero tras un proceso que se llama "asimilación" y "acomodación" van a lugares específicos de mi cerebro, pero están ahí, no están evocados, no aparece esta facilidad para poder mencionarlos en un momento. Entonces, eso se debe practicar: una vez que yo aprendo contenidos debo hablarlo, tengo que imaginarme que estoy en una situación de examen y que me van a preguntar los contenidos que justo estoy estudiando.</p><p>-¿Recomendás evocar frente a un espejo, con un compañero, con alguien que haga preguntas?</p><p>-Esencialmente, si lo puedo hacer con algunos compañeros, eso ayuda un montón. Lo fundamental es que dentro de la organización del estudio no solo esté resumir, leer y memorizar, sino que también esté "evocar", "practicar cómo voy a exponer". De hecho, hasta me tengo que imaginar que me va saliendo bien. Justo a esta pregunta que no la entiendo, en ese momento, tengo la posibilidad de leer la respuesta; entonces el cerebro interpreta que esa experiencia ya la vivió -aunque no esté en el aula, con el docente- y, por habituación, la ansiedad disminuye.</p><p>-¿Alguna otra sugerencia sobre cómo hacer que no haya tantos nervios?</p><p>-También se pueden usar técnicas de respiración y relajación. Como instancia previa, la meditación, el mindfulness; todo eso pueden ayudar como técnicas complementarias. Pero, primero, deben entender que estos síntomas de ansiedad son conductas más típicas que atípicas. Hoy está comprobado en las estadísticas mundiales, que hay un mayor porcentaje de personas que tienen síntomas vinculados con el ataque de pánico o de ansiedad intensa, que las personas que no los tienen. Entonces, en una primera instancia, no percibir esto como algo patológico. Si esto perdura en el tiempo, sucede frecuentemente y genera angustia en la persona, lo recomendable es hacer una consulta con un psicólogo o con un psicopedagogo. Y una última cuestión: entender que esto de la superación de la ansiedad también es un proceso, que no se logra de golpe, sino que por la misma exposición y la habituación a los exámenes, puede ser que esta ansiedad vaya disminuyendo.</p>]]>
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                <updated>2026-03-18T16:15:30+00:00</updated>
                <published>2023-09-25T17:44:57+00:00</published>
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