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    <title>Sur24</title>
    <subtitle>Todo el sur, todo el día, todos los días.</subtitle>
    <updated>2026-09-01T01:55:20+00:00</updated>
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            Juan Bautista Alberdi y los abogados
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                <![CDATA[Redacción Sur24]]>
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        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/4T2GYdVR9AWKWI3RuDBvpUN3Grw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2026/09/alberdi.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Eduardo Orio<p>El 29 de agosto de 1810 nacía en Tucumán quien sería con el tiempo uno de los espíritus más elevados que haya producido nuestra patria, Juan Bautista Alberdi, aunque las circunstancias y la época en que vivió hayan sido poco propicias para él: las pasiones y el acaloramiento de una lucha continua hicieron que no se lo comprendiera ni se lo tratara como merecía.</p><p>Jurisconsulto, publicista, diplomático, hombre de letras, Alberdi representa, dentro de nuestros arquetipos, a la conciencia constituyente argentina. También refleja, como tal, la instancia creadora dentro del proceso constitucional argentino, su fase fundacional y la del alumbramiento de la Constitución Nacional, nuestra Carta Magna. Así sentó las bases institucionales de la Argentina moderna.</p><p>Y por eso mismo el tiempo, que acaba siempre por reducir el término de sucesos y cosas a sus naturales límites, colocándolos en el lugar que les corresponde, va iluminando cada vez más la figura de este brillante y hondo pensador, que será considerado en el porvenir como una de las glorias más legítimas de nuestro país.</p>Juan Buatista Alberdi (1810-1884). Uno de los librepensadores más influyentes del siglo XIX y el máximo representante del liberalismo hispanoamericano.<p>Es decir, como uno de aquellos hombres que, sin intervenir jamás en la política activa, le marcaron, no obstante, rumbos fijos y luminosos desde la soledad.</p>Ciudadano del exilio<p>Alberdi fue el gran ausente, el ciudadano del exilio, que vivió intensamente en la patria habitando en el extranjero. Y propuso un modelo liberal para organizar el país. Para él, el sistema rentístico y económico de la Confederación Argentina es una expresión de fe en el trabajo, la constancia y la sobriedad.</p><p>Condenaba sin reservas el emisionismo, la ociosidad y el lujo, considerando que el problema era de producción y que este era el pilar sobre el que se sustentaba el bienestar. En su estudio sobre la crisis de 1874 condena el enriquecimiento repentino.</p><p>Tomar capitales a préstamo -dice allí- para reemplazar los capitales destruidos por la crisis no es remediar la pobreza sino agravarla; la riqueza de otro no es la riqueza del país, solo el trabajo y el ahorro son las fuentes naturales de la riqueza, y los gastos insensatos y el abuso de los empréstitos conducen fatalmente a la pobreza, al descrédito y a la decadencia.</p><p>Como dice Carlos Fay en el homenaje a Alberdi que le hace la Corte Suprema de Justicia:</p><p>"A Alberdi le corresponde el mérito de haber adivinado, en medio del oleaje de las pasiones que suelen oscurecer las mentes, en una época de caos, de amargas convulsiones, de desorbitadas rivalidades, la ley inexorable que orientaba la vida de su patria (...)".</p><p>"(...) Es el intérprete de nuestras necesidades y su influencia, superior a la de los hombres de su época, es la inteligencia creadora que ajusta los factores reales de poder y las necesidades sociales a las exigencias del presente y del futuro de la vida institucional argentina. Alberdi está en la Constitución con la fuerza determinante de sus postulados y axiomas".</p><p>Justamente, en el Día del Abogado, designado en su homenaje, cobran renovada actualidad las palabras del propio Alberdi:</p><p>"Reconociendo que la riqueza es un medio, y no un fin, la Constitución Argentina propende, por el espíritu de sus disposiciones económicas, no tanto a que la riqueza pública sea grande, como a que esté bien distribuida, bien nivelada y repartida (...)".</p><p>"Porque solo así es nacional, solo así es digna del favor de la Constitución, que tiene por destino el bien y la prosperidad de los habitantes que forman el pueblo argentino, no de una parte con exclusión de la otra (...)".</p><p>"Ella ha dado garantías protectoras de este fin social de la riqueza. Dar utilidad a los unos y excluir de ella a los otros sería contrario a la moral cristiana. La Constitución no intenta hacer del país un mercado, de la república una bolsa de comercio, de la nación un taller".</p>Un peligroso clima depresivo<p>Sus ideas están hoy más vigentes que nunca. Creía en la igualdad de oportunidades, sin excluir la jerarquía impuesta por el mérito, la virtud y la inteligencia. Lo conmovió la suerte de los grandes patriotas de América Latina que entraron en la política y sacaron de ella la miseria, el cadalso, la proscripción, la ignominia. Como lo indignaba la de aquellos otros que entraron pobres y salieron ricos, célebres, llenos de títulos y dignidades.</p><p>Consternados, hoy observamos cómo la sociedad se encuentra inmersa en un peligroso clima depresivo, propicio para que los enemigos de la libertad, los demagogos o los aventureros aparezcan nuevamente para pedir soluciones mágicas e inmediatas.</p><p>Gran parte de la responsabilidad de este estado de cosas recae indudablemente sobre dirigentes que no asumen sus deberes como tales, olvidando que la democracia es el mejor sistema de gobierno, pero es el que obliga en mayor medida a quienes representan la voluntad del pueblo.</p><p>La indignación es la justificada reacción que provoca constatar que las instituciones de la república se ven directamente cuestionadas o sospechadas de corrupción, a tal punto que las leyes no parecen ser el producto de la discusión, del debate de ideas o del consenso, sino la resultante de la compra de voluntades.</p><p>A ellos, que parecen creerse propietarios de la democracia y no simples mandatarios, les cabe la frase del poeta: juegan con cosas que no tienen repuesto. Los abogados hemos sido partícipes directos de la historia de la Nación. Nada de ella, ni de lo bueno ni de lo malo, nos ha sido ajeno.</p><p>Desde la misma fundación de la patria, los abogados argentinos hemos honrado nuestro compromiso con la libertad, la justicia y el estado de derecho.</p><p>En este mes, en el que se han cumplido 176 años de la muerte del más grande de todos los argentinos, es nuestra obligación, más que nunca, recordarlo y recordar a la vez que nuestro país se forjó con su espada, para que el derecho, la justicia y la libertad reinaran para siempre.</p><p>Porque fue el sable del general José de San Martín el que impulsó las ideas de abogados como Mariano Moreno y Manuel Belgrano, y de sus victorias amaneció la Nación, a la que Alberdi modeló en la Constitución.</p><p>Por eso hoy se nos impone a los abogados la responsabilidad de ser dignos del ejemplo de esos abogados, con nuestras únicas armas, que son las más limpias y por eso las más valiosas y nobles.</p><p>Sobre el camino que traza el derecho se constituye la grandeza de un país, y el grado de acatamiento de una sociedad al mismo marca el nivel de civilización alcanzado, porque revela también su adhesión a la regla moral.</p><p>El tradicional enemigo de la democracia, el totalitarismo en todas sus variantes, ha sido reemplazado por uno más insidioso y más mortífero, porque es silencioso y, como un virus maligno, ataca a las instituciones y corroe a todo el cuerpo social.</p>Función social de la abogacía<p>La corrupción constituye hoy el instrumento de destrucción de las libertades más peligroso, porque genera su propia inmunidad, con su secuela de descreimiento y escepticismo. En ese contexto, cuando los sistemas judiciales se encuentran en crisis, el papel del abogado es el de ser un actor preeminente en las modificaciones que se requieren.</p><p>Quedarnos en la queja o asumir resignadamente que las cosas no pueden mejorar constituyen actitudes impropias del abogado, y su propia negación como operador del derecho y líder de los cambios sociales.</p><p>En medio de la guerra civil que desgarra a España, su patria, el destacado abogado, jurista y decano del ilustre Colegio de Abogados de Madrid, Ángel Ossorio y Gallardo (1873-1946), reprochaba a los abogados gran parte de la responsabilidad de la tragedia, por haber perdido su sentido de clase.</p><p>No la clase concebida como división de patrimonio o de privilegios de cuna, sino aquella marcada por la elevación de los valores espirituales, la preeminencia de la moral, la autoridad del intelecto. La clase como conjunto de deberes de cada grupo social y como actitud de servicio abnegada hacia los demás.</p><p>Por eso proclamo: "No basta que cada abogado sea bueno: es preciso que, juntos, todos los abogados seamos algo". Y en ese sentido, nuestro Colegio de Abogados, que este mes ha cumplido 100 años de su creación, merece que se le rinda homenaje por haber marcado un hito de la abogacía en el país que nos hace sentir orgullosos.</p><p>Su accionar estuvo destinado a propender el mejoramiento de la administración de justicia y al progreso de la legislación; velar por la observancias de las reglas de ética profesional; defender los derechos de los abogados en el ejercicio de la profesión; fomentar el espíritu de solidaridad, la asistencia y la recíproca consideración entre los abogados; estimular la ilustración de los mismos.</p><p>Su legitimidad y prestigio institucional provienen también de la función social de la abogacía, con la defensa de los derechos de los ciudadanos y con la administración de justicia.</p><p>Ha intervenido en cuestiones institucionales, defendiendo los valores republicanos, bregando por ende, por la separación de poderes, la independencia judicial, el acceso a la justicia, la defensa en juicio, sin que esto implique política partidaria.</p><p>Es decir, su razón de ser fue y es la independencia y la dignidad de la abogacía, para que esta siga siendo, como quería Henri François d'Aguesseau, canciller de la Orden de Abogados de Francia, "tan antigua como la magistratura, tan noble como la virtud, y tan necesaria como la justicia".</p><p>Y volviendo a Alberdi, podemos decir que su obra no es hija de la oportunidad ni de la casualidad. Las contingencias de la primera, o los acasos de la segunda, son enemigos implacables de toda inmortalidad. Alberdi vive entre nosotros.</p><p>El autor es abogado.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/4T2GYdVR9AWKWI3RuDBvpUN3Grw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2026/09/alberdi.webp" class="type:primaryImage" /></figure>En el Día del Abogado, recordamos a un hombre de una visión extraordinaria, aquel que imaginó e ideó la Constitución Nacional que, desde el exilio, sentaría las bases de la Argentina moderna. Su increíble legado sigue vigente en la lucha por la justicia y la equidad social, valores que los abogados deben honrar hoy más que nunca.]]>
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                                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                                <updated>2026-09-01T01:55:20+00:00</updated>
                <published>2026-09-01T01:55:14+00:00</published>
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        <title>
            Los usos políticos del General San Martín
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                <![CDATA[Rogelio Alaniz]]>
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        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.sur24.com.ar/noticias/los-usos-politicos-del-general-san-martin">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/G0pT1XyrZ8WEu-ZIyFxxBhi1kgI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2026/08/san_martin.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>I</p><p>Cuando en 1824 José de San Martín regresó a Europa, o se fue a Europa (no es un juego de palabras), estaba muy lejos de ser el héroe o el prócer nacional que íbamos a conocer las posteriores generaciones. Para esa fecha, en Perú lo consideraban un político con ínfulas monárquicas y un mujeriego compulsivo.</p><p>En Chile se le imputaba su amistad con intrigantes y bandoleros, además de responsabilizarlo de la muerte de los hermanos Carreras. Y en Buenos Aires no le perdonaban haberse negado a enviar el Ejército de los Andes para salvar a la ciudad asediada por las montoneras federales.</p><p>Por supuesto que el general siempre contó con defensores leales y nunca llegó a ser un paria en su tierra, como lo demuestran las expectativas que despertó en Buenos Aires su llegada en 1829, pero convengamos que su gravitación en aquellos años estaba muy lejos de la unanimidad que luego despertaría.</p><p>II</p><p>En 1842, en un diario de Chile salió una nota firmada por "Un teniente de artillería de Chacabuco". Allí se recuerda el rol desempeñado por San Martín en el proceso de emancipación chilena. Por primera vez, después de más de veinte años de silencio, autoridades políticas chilenas reconocían la labor del general.</p><p>El artículo responsable de esa justa reivindicación pertenece a Domingo Faustino Sarmiento, quien en 1845 lo visitó en su casa de Grand Bourg, visita que tres años antes había realizado Juan Bautista Alberdi, lo que demuestra que ya para entonces San Martín no era un desconocido, un olvidado en la política nacional.</p><p>Para Alberdi como para Sarmiento, el San Martín que conocieron era un hombre dotado de notables virtudes republicanas. Lo definen como sobrio, austero y modesto. Admiran su sencillez y su temple, pero no comparten sus relaciones con Juan Manuel de Rosas y, mucho menos, comprenderán la decisión testamentaria de donar su sable a quien califican como un tirano.</p><p>III</p><p>Bartolomé Mitre desempeñará un rol decisivo en la reivindicación histórica de San Martín. En 1862, y a través de sus gestiones, se levantó en la ciudad de Buenos Aires el primer monumento en su homenaje.</p><p>En realidad, el homenaje más trascendente de Mitre lo hará redactando un excelente libro de historia, bien escrito y bien documentado, que transformó al creador del Ejército de los Andes en el prócer por excelencia, una necesidad histórica de la Nación y del Estado para constituir sus propios símbolos y mitos.</p><p>Contrapunto digno de destacar son las críticas de Alberdi a San Martín, críticas políticas e históricas que impugnan la decisión de consagrar jefes militares. Alberdi le imputa a San Martín haber hecho poco y nada por Argentina. Según sus argumentos, a la batalla de San Lorenzo no se la puede considerar un antecedente liberador, porque apenas fue una emboscada de escasa trascendencia.</p><p>Pero la objeción más fuerte apunta al hecho de que preocupado por liberar a Chile y Perú, desatendiera la liberación de las cuatro provincias del Alto Perú, tarea que finalmente realizó Simón Bolívar, motivo por el cual los argentinos perdimos ese territorio.</p><p>Alberdi tampoco creía que fuera una solución feliz para los argentinos reivindicar a un militar para padre de una Nación que debe predicar los valores de la paz, la instrucción y el trabajo.</p><p>Controvertidas y polémicas, las opiniones de Alberdi merecen ser tenidas en cuenta más allá de las imputaciones de quienes le reprochan que solo estaban motivadas por su odio contra Mitre y sus recelos contra el yerno de San Martín, Mariano Balcarce, con quien disputaba cargos diplomáticos en Europa.</p><p>IV</p><p>En 1878, bajo la presidencia de Nicolás Avellaneda, se celebraron los cien años del nacimiento del prócer. Y en mayo de 1880 sus restos llegaron a Buenos Aires, decisión política de las autoridades de entonces en sintonía con la voluntad del Libertador, quien en su testamento había escrito de puño y letra que deseaba que su corazón fuera enterrado en Buenos Aires.</p><p>Hasta el día de hoy se debate si es justo que los restos de San Martín estén en la Catedral. Los historiadores no se ponen de acuerdo al respecto, pero gravita más la hipótesis que sostiene que los restos deberían estar en un cementerio.</p><p>Incluso, entre las autoridades de la Iglesia Católica de entonces no había acuerdo unánime respecto de un militar cuyas relaciones con la masonería eran más que evidentes, una imputación muy seria en un tiempo en que la masonería era considerada una institución enemiga de la Iglesia Católica.</p><p>La iniciativa de construir un mausoleo fuera del recinto consagrado pudo haber sido una manera "salomónica" de resolver una diferencia que en esos años era considerada insalvable.</p><p>V</p><p>Ya para principios del siglo XX, San Martín era un prócer consagrado pero aún no alcanzaba la distinción de "Padre de la Patria". Hasta que, en el año 1933, el escritor radical Ricardo Rojas escribió "El Santo de la Espada", un libro que se vendió masivamente.</p><p>Allí se presenta a un San Martín que en su actitud mística, en el aura de misterio que lo rodea, en su pasión redentora, en su entrega generosa a una causa, se parece mucho a Hipólito Yrigoyen.</p><p>El San Martín descripto por Rojas es por sobre todas las cosas un héroe, algo así como un Cid Campeador o un caballero cruzado, un militar guiado por fines trascendentales que iban más allá de la política y la historia.</p><p>Ese San Martín sin dudas que es un santo, un santo laico cuyos objetivos reales no son de este mundo ni de esta vida. Un año después, el historiador José Pacífico Otero escribió su propia historia sobre la vida del general y creó el Instituto Nacional Sanmartiniano.</p><p>Para esa época, el presidente Agustín Justo declaró al 17 de Agosto como efeméride patria. El camino a la canonización laica estaba abierto y los libros de Mitre, Rojas y Otero serán los textos "sagrados" que certifiquen la santidad del prócer.</p><p>VI</p><p>Con la llegada al poder político de los militares nacionalistas, los homenajes a San Martín se estatizaron y militarizaron. En 1944 el Instituto Nacional Sanmartiniano se transformó en organismo estatal. Desde esa fecha hasta la actualidad, los presidentes de esta institución fueron militares, salvo el período correspondiente a José Castiñeira de Dios.</p><p>Ese mismo año se creó la Orden del Libertador General San Martín, y ya para esa fecha el bronce de San Martín pesará más que el de todos los próceres nacionales. En 1950 el gobierno peronista declaró el Año del Libertador, atendiendo a que se cumplía un siglo de su muerte.</p><p>El retrato del general Guan Domingo Perón, montado en un caballo pinto, fue un símbolo más que evidente de que se pretendía identificar -a través de la historia- la gloria de un prócer con la gloria de un político en pleno ejercicio del poder. Como para coronar los homenajes, ese año se creó la avenida Libertador, la avenida emblemática de la ciudad de Buenos Aires.</p><p>La iniciativa se impuso a pesar de los escrúpulos de algunos historiadores que recordaban que el atributo de Libertador pertenecía a Simón Bolívar. Ninguna de estas objeciones impidió que, a partir de 1950, para los argentinos, el Libertador fuera por definición el general San Martín.</p><p>VII</p><p>Desde el punto de vista político, la figura de José de San Martín logró la unanimidad. Fascistas, liberales, conservadores, izquierdistas y nacionalistas, entre otros, lo reivindican aunque por razones diferentes y a menudo opuestas. De todas formas, el debate acerca de su gravitación se mantiene hasta la actualidad.</p><p>En los últimos años se han escrito libros presentándolo como un agente de los ingleses, un hijo natural de Diego de Alvear, un mestizo defensor de los pueblos originarios o un jefe militar que anticipaba al Che Guevara.</p><p>Imposible impedir las escrituras más diversas y en algunos casos más disparatadas. Napoleón Bonaparte, George Washington, Giuseppe Garibaldi, o el propio Bolívar, corrieron riesgos parecidos.</p><p>Los mitos, como podrá apreciarse, siguen realizando su labor tenaz e invisible, por lo que la historia, además de librar su ya clásica lucha contra las mitologías, deberá abrir un frente de combate contra las banalizaciones, el sensacionalismo y las manipulaciones groseras.</p><p>Estas últimas son promovidas por quienes más que buscar la verdad o defender posiciones ideológicas controvertidas pero respetables, solo desean vender libros de pésima factura intelectual a una masa crédula y consumista.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/G0pT1XyrZ8WEu-ZIyFxxBhi1kgI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2026/08/san_martin.webp" class="type:primaryImage" /></figure>La figura del insigne Libertador de América ha sido objeto siempre de interpretaciones y manipulaciones diversas a lo largo de la historia, generando debates vigentes sobre su legado político y cultural, tanto en Argentina como en el continente americano.]]>
                </summary>
                                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                                <updated>2026-08-14T20:28:55+00:00</updated>
                <published>2026-08-14T20:21:51+00:00</published>
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