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    <title>Sur24</title>
    <subtitle>Todo el sur, todo el día, todos los días.</subtitle>
    <updated>2026-07-23T16:49:00+00:00</updated>
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            De las &quot;ayudas&quot; en Qatar a las &quot;conspiraciones” en Nueva Jersey
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                <![CDATA[Enrique Cruz]]>
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        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/GOr4nZ6PRtjobylmeV8r5GmZJYM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2026/07/malvinas_mundial_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Hace tres años y medio, en Qatar, las conspiraciones nos “ayudaban” a que Argentina ganase el Mundial. Todo “favorecía” a la selección de Scaloni. La derrota con Arabia Saudita estuvo “armada” para despistar; en los penales contra Países Bajos, las manos del Dibu tenían una “aspiradora” para que la pelota viaje directamente hacia ellas y en la final con Francia, Kolo Muani pateó al arco, pero “pateó a errar”. Todo un disparate que solo sirvió para echar mantos de sospecha mundiales en torno y por encima de los acabados méritos de aquel equipo.</p><p>Hoy, las conspiraciones nos perjudican. Que Argentina debió “entregar” el partido porque la FIFA iba a suspender a la AFA por la bandera de Malvinas que mostraron los jugadores en pleno festejo del gran triunfo ante Inglaterra; que la FIFA había “prometido” a la UEFA (enojada con FIFA y con Trump por la roja que le quitaron a Balogun) que el campeón sería un europeo. El fútbol puesto en el más cruel de los escenarios: el del supuesto complot basado en el relato o creencia que explica la derrota argentina por culpa de los planes ocultos de grupos poderosos. Y nosotros, dispuestos a creerlas por aquello de que el mundo está en contra de Argentina y nosotros en contra del mundo. Y dispuesto a ganar la batalla, para convertirnos de villanos a héroes. Un disparate.</p><p>El respetadísimo colega Ezequiel Fernández Moores, con quien tuve el honor de compartir momentos en Estados Unidos y publicar una entrevista que me concedió, escribió hace unas horas en La Nación: “¿Cómo sospechar arreglo en una final que premió efectivamente al único equipo que jugó a ganar y al que incluso le fue anulado un gol de modo polémico? Es que Argentina, “presionada por lo de Malvinas, fue obligada a entregar la final”. Allí están los videos filtrados, los audios inventados, la conspiración que se alimenta de lo que le costó siempre aprender al fútbol argentino: saber perder. No entender que, el último domingo, ni siquiera alcanzó la reacción final que había salvado todos los partidos previos porque, esta vez, el rival era la España que venía de reducir a la nada, que había borrado en semifinales nada menos que a la súper favorita Francia de Kylian Mbappé. Argentina ya había dado todo en su batalla previa contra Inglaterra, una enésima victoria dramática que coronó con el cartel de Malvinas”.</p><p>Coincido en todo. Quizás le hubiese agregado que esta selección milagrosa, corajuda, llena de temple y corazón para lograr cometidos casi imposibles, había llegado a la final con España portando el mejor de los antecedentes futbolísticos: el segundo tiempo contra Inglaterra fue de un muy buen nivel futbolístico; a ese partido se lo dio vuelta con “huevos” y con fútbol; no solamente empujando, sino también jugando.</p><p>El posteo de Messi tras la final: "Una vez más logramos unirnos como país y estar todos juntos". Foto: Fernando Nicola</p><p>Argentina jugó la verdadera final con Inglaterra, no con España. En la “yapa” (que fue jugar la final), el equipo estuvo ausente porque anteriormente se había vaciado. Llegó sin físico, mermado en su confianza, absolutamente limitado en sus posibilidades. El técnico no entendió cuál era la mejor forma de jugar el partido, no tuvo un plan para quitarle la pelota a un equipo que basa su juego en la tenencia de la pelota, ni tampoco tuvo un plan para contrarrestarlo con una estrategia diferente e igualmente eficaz que la de su rival. Aguantó por las atajadas del Dibu (a propósito de las teorías conspirativas, parece que de él se olvidaron porque llevó el partido a un alargue y a ser vulnerado cuando faltaban 14 minutos para ir a los penales). Y punto. Ni siquiera –Scaloni- tuvo la claridad suficiente para meter a Lautaro Martínez, que venía con el “pico caliente” después de haber convertido el gol del triunfo ante los ingleses en la primera pelota que tocó.</p><p>“Es una locura todo lo que se dice y esto habla muy mal de cómo estamos como sociedad. Quien dice y cree todo eso, nunca entró a una cancha y nunca jugó al fútbol”, me decía Nery Pumpido, poniendo un freno definitivo a las especulaciones de los hinchas y también de un sector de la prensa o de quienes utilizan medios públicos para tratar de instalar estas conspiraciones, valiéndose de la credulidad de la gente.</p><p>Argentina jugó mal, fue un equipo ausente, llegó al partido con una carga emocional tan intensa como desgastante por lo que fueron los partidos previos y la verdadera final la jugó con Inglaterra. ¿Qué quiso decir Messi en la arenga?, solamente él lo sabe. Hubo declaraciones previas de algunos jugadores de España que molestaron a los argentinos. Quizás, por eso, los incidentes del final (lamentables reacciones, por cierto) y aquella actitud de los nuestros, de darle la espalda al momento de la coronación de los españoles e ir a mirar a la cara a los miles de argentinos que estaban en una de las cabeceras. Y Messi llorando, con el llanto de los grandes, porque ve el posible final a la vuelta de la esquina y porque su “animal competitivo”, esta vez, le había fallado.</p><p>No faltarán voces que señalen que a Messi le pasó, en Estados Unidos, lo mismo que a Maradona hace 32 años y en el mismo lugar. Aquello fue diferente, muy burdo y a la vista de todos. Nunca antes –ni después- una médica ingresó a un campo de juego para llevarse a un jugador al control antidóping. El mundo vio y seguirá viendo la escena. ¿Por qué y para qué?, ya la respuesta, a esta altura, no importa. Quienes fueron protagonistas reales y directos, ya no están. Solo ellos lo saben. O en todo caso, uno de ellos es el que verdaderamente se llevó el misterio a la tumba.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/GOr4nZ6PRtjobylmeV8r5GmZJYM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2026/07/malvinas_mundial_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure>El fútbol tiene esto: a veces sana y a veces envenena. Los disparates que se escuchan en torno a lo que pasó el domingo en la final entre Argentina y España, sinceramente son escalofriantes y propio de mentes dispuestas a creer que todo es complot y conspiración.]]>
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                                <updated>2026-07-23T16:49:00+00:00</updated>
                <published>2026-07-23T16:36:45+00:00</published>
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            Una Selección que ilusionó a todos y el desafío del día después de Messi
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                <![CDATA[Enrique Cruz]]>
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        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Ly_FL3IA_Yf1roda0YPwMI37EEU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2026/07/messi_20.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>No se pudo en la final, el equipo estuvo ausente y no encontró respuestas tácticas, físicas y emocionales para revertir la superioridad de España. El resultado en el MetLife Stadium de Nueva Jersey deja un sabor amargo, pero la lectura debe ser profunda. Esta selección no repitió la corona, pero conmovió desde la adversidad. Llegar a la final con un plantel diezmado por las lesiones y el desgaste físico ya constituye una hazaña en sí misma. El entrenador lo dejó en claro cuando, avanzado el campeonato, remarcó las dudas que tenía en cuanto a la respuesta que podían darle algunos jugadores. Ese desgaste quedó en evidencia en la final, arrancando por Messi. Pero este cierre de etapa –la más importante de la historia del fútbol argentino por varios motivos-, obliga a sacar las primeras conclusiones:</p><p>1) La fidelidad y el respeto a un estilo. Más allá de los logros (cuatro títulos de campeón y un subcampeonato), estos siete años de Scaloni y este grupo de jugadores dejó en evidencia la fidelidad a un estilo de juego que entusiasmó a la gente. El hincha de fútbol se sintió representado por esta selección desde todos los lugares: el futbolístico y el emocional. No hubo nada que reprocharles a quienes se encolumnaron detrás de una idea que prendió en la gente y la gratificó. Frente a eso, la respuesta estuvo dada en el altísimo e inédito grado de aceptación que tuvo este equipo.</p><p>2) La gratitud de Scaloni a las bases. El director técnico apostó por la vieja guardia. Fue fiel hasta las últimas consecuencias con los héroes que le dieron la gloria eterna en Qatar. Esta lealtad blindó emocionalmente al grupo en los momentos de máxima tensión. Sin embargo, abrió el debate sobre si se retrasó el recambio necesario o no aparecieron las figuras nuevas que debían aparecer, como ocurrió en el Mundial pasado con Enzo Fernández, MacAllister y Julián Alvarez. Por ejemplo, Thiago Almada o Nicolás González debieron ser los abanderados de ese recambio.</p><p>Lionel Scaloni yu su llegada al MetLife Stadium para disputar la final del Mundial. Foto: Fernando Nicola</p><p>3) El gran torneo de Messi. A sus 39 años, el capitán argentino desafió cualquier expectativa previa. Messi dio mucho más de lo que la lógica futbolística suponía para la etapa final de su carrera. Ejerció un liderazgo total tanto dentro como fuera de la cancha, se sacrificó físicamente en contextos de extrema paridad y su magnetismo mantuvo con vida el temor de los rivales hasta el último segundo. No pesó en absoluto en la final, a la que llegó con los últimos jirones de su físico. Jugó los ocho partidos.</p><p>4) La mística de las remontadas espectaculares. Si algo caracterizó a este equipo a lo largo del certamen, fue su capacidad para emocionar al país. Argentina se convirtió en un sinónimo de resiliencia pura a través de reacciones memorables. Levantó partidos que parecían perdidos con puro coraje y fuego sagrado (por ejemplo, con Egipto). El punto de inflexión y mejor partido del torneo fue ante Inglaterra. Allí sintetizó todo en un segundo tiempo notable: temple, corazón y fútbol.</p><p>5) Los posibles errores en la planificación de la final. El duelo decisivo desnudó las limitaciones actuales del equipo. En los 120 minutos de la final, se cometieron fallas evidentes en el planteo táctico inicial. No hubo herramientas para quitarle la posesión del balón al mediocampo de España, el equipo careció de frescura y dejaron jugar muy solo a Rodri. Frente a un rival que juega a tener la pelota, no se marcó al que más la tiene. De allí, las consecuencias fueron la sumisión del equipo al planteo del rival y la derrota.</p><p>6) Los jugadores que no estuvieron en el nivel de otros momentos. El éxito de la selección en el ciclo previo se basó en la dinámica, el despliegue y el empuje de los volantes. Tanto Enzo Fernández como Alexis Mac Allister llegaron con un evidente desgaste físico y futbolístico acumulado. Estuvieron lejos de ser esa aduana de circulación rápida y presión asfixiante que deslumbró en Qatar. Y está clarísimo que están jugando en otras posiciones en sus clubes y les costó cuando debieron hacerlo de volante central. Allí, la única opción era Paredes.</p><p>Rodrigo De Paul entró bien con Inglaterra, fue titular con España y defeccionó, como casi todos. Foto: Fernando Nicola</p><p>7) El amor propio como bandera de muchas victorias. Argentina recién jugó bien al fútbol contra Inglaterra. Inclusive, ese partido nos hizo ilusionar porque le encontré mucho de parecido al proceso de Qatar. Si bien en el Mundial anterior se jugaba mejor que ahora en los partidos previos, lo mejor se vio en aquel choque de semifinales con Croacia. Acá fue igual, pero la gran diferencia se dio en la final, cuando Argentina no la jugó con el ímpetu y la confianza con la que jugó aquella ante Francia en Qatar.</p><p>8) El laberinto de los dos “9”. El cuerpo técnico nunca logró consolidar un faro ofensivo indiscutido, replicando una vieja disputa que esta vez se pareció más a una falta de certezas que a una abundancia de recursos. Terminó eligiendo a Julián Alvarez por su sacrificio y un desgaste que lo liberaba a Messi. “No puedo jugar con Julián y con Lautaro, porque ningún equipo puede darse el lujo de tener a dos jugadores que no marquen la salida”, dio a entender en algún momento, haciendo referencia a que si se inclinaba, por ejemplo, con un 4-3-3 o 4-3-1-2, con Messi y los dos “9” (que en algunos partidos de todo el proceso, funcionaron), se quedaba sin referencias de marca para la salida del rival. En la final, dejó a Lautaro Martínez en el banco, el jugador que le había dado el gol en la semi con Inglaterra. Fue un error.</p><p>9) Un recambio inevitable que se viene. El pitazo final no solo marcó el subcampeonato, sino el cierre de una época dorada. Hay varios futbolistas emblemáticos que han cumplido su ciclo definitivo en la Selección. Con la inminente salida de Lionel Scaloni en diciembre (allí se termina el contrato y la Afa quiere renovar, pero Scaloni prefiere esperar) y el adiós definitivo de Lionel Messi de las copas del mundo, el panorama cambia drásticamente. Ya el grupo no será el mismo y este aspecto es clave. Otamendi, antes de empezar el torneo, dijo que “somos una familia”. Y eso se ha notado en la cancha, en la solidaridad, en la unión, en la forma de apoyarse unos a otros y en eso de “pelear a muerte”, por uno mismo y por el grupo. Habrá que reinventarse, intentando armar algo parecido. Tarea nada fácil.</p><p>10) Prepararse para el post Messi. Este es otro tema imposible de no tener en cuenta y de asumirlo como algo que puede marcar el futuro inmediato. Cuando Maradona dejó la selección, en 1990, el Coco Basile consiguió ganar dos Copa América, en 1991 y 1993, que trajeron mucho alivio. Pero luego hubo que ir a buscarlo a fines de ese 93, después de la goleada con Colombia en la cancha de River y para no quedarse afuera del Mundial 1994 en el repechaje con Australia. Messi lleva más de 20 años en la selección, le costó muchísimo llegar a la gloria de los títulos, pero los consiguió y batió todos los records. Además, hizo que el mundo entero (o casi) se convierta en “hinchas de Argentina”. De allí también esa marea incesante de camisetas celeste y blanca que se veía en cada rincón de la amplísima geografía de Estados Unidos. De “grande”, Messi conoció lo que es ganar algo con Argentina, porque su primera copa América fue cuando él tenía 34 años. Y no le quedó ninguna “deuda” por saldar con el pueblo argentino, ganándose la idolatría y el amor eterno. El final, si no llegó en el partido con España, está muy cerca. Y será otro desafío para el futuro.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Ly_FL3IA_Yf1roda0YPwMI37EEU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2026/07/messi_20.webp" class="type:primaryImage" /></figure>El subcampeonato en Estados Unidos marca el cierre de la etapa más gloriosa de nuestra historia. Entre la gratitud a un estilo que conmovió al país y los cortocircuitos tácticos de la final ante España, un desglose profundo de las razones de un equipo al límite y el complejo desafío de aprender a caminar sin Lionel Messi.]]>
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                                <updated>2026-07-20T16:40:32+00:00</updated>
                <published>2026-07-20T16:31:44+00:00</published>
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            Rodri, el mejor de la final: ¿por mérito propio o por error argentino?
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                <![CDATA[Enrique Cruz]]>
            </name>
        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/ktRGJb4N6MNYJaDjubLG7UxMcvc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2026/07/rodri_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Me cuesta, mucho más en el fragor de una final perdida y con tan poco tiempo para el análisis frío, separar este partido ante España de los otros que jugó en este torneo y de la totalidad del proceso.</p><p>Pero un primer análisis futbolístico me lleva a decir que uno de los grandes errores fue el de haber dejado que España gobernara el partido de punta a punta. Y ahondando en ese análisis, la pregunta salta por sí misma: ¿por qué se dejó jugar tan solo al jugador que más maneja la pelota en un equipo que juega, precisamente, a manejar la pelota?</p><p>Eso fue lo que pasó con Rodri, elegido el mejor jugador de la final y el mejor del torneo. Un “5” que usa la “16” y que jugó solo. En el primer tiempo de los 90, porque recibía la pelota y la trasladaba sin que nadie lo tapara. MacAllister y Enzo Fernández (los dos de deslucido partido), lo esperaban en el campo argentino.</p><p>Y Rodri se hizo dueño y señor del partido, abriendo a los laterales, metiendo pelotas filtradas y apareciendo siempre en lugares vacíos porque no hubo una previsión; y si la hubo, el plan falló.</p><p>Siempre hemos resaltado que la identidad de este equipo se basaba en eso, en el respeto por la pelota y en manejar el partido a través de su posesión. También siempre me sentí tentado a saber qué podía pasar cuando nos encontremos con un equipo que no nos permita jugar. O que juegue al fútbol mejor que nosotros. España lo hizo y nos superó.</p><p>Jugadores de la categoría de Rodri, un “5” posicional moderno, de esos que marcan y juegan, son la descendencia de una idea futbolística que España empezó a construir a partir de Johan Cruyff y que siguió con Guardiola.</p><p>Pero el holandés (cuyo “5” y lugarteniente en la cancha era Pep Guardiola, justamente) fue el que les enseñó el camino: abandonar la idea de la tradicional “furia española” que no los había llevado a ninguna parte en cuanto a logros, para entender que para ganar algo, había que jugar al fútbol. Y en 16 años, consiguieron levantar dos veces la copa del mundo.</p>El mejor de todos<p>El jugador del Manchester City y capitán de la 'Roja' recibió el galardón de MVP del torneo mundialista disputado en Estados Unidos, México y Canadá. El centrocampista ha sido titular en los ocho encuentros del Mundial, a un nivel sobresaliente y recordando al Rodri que ganó el Balón de Oro en 2024.</p><p>El madrileño ha sido el timón de la España campeona del mundo, pese a llegar al torneo con dudas sobre su rendimiento por su grave lesión de rodilla. Pero el mediocentro ha respondido con altura a la confianza del seleccionador, Luis de la Fuente, como el jugador con más pases completados y un 94% de acierto, además de ser el futbolista que más kilómetros ha recorrido en el torneo.</p><p>Cubarsí, Rodri y Simón, premiados tras la final.</p><p>Además, la FIFA premió a Unai Simón como mejor portero del Mundial. El guardameta del Athletic Club solo ha encajado un tanto en ocho encuentros -récord en la historia de los Mundiales-, con un total de 14 paradas. Y puede presumir del mayor número de minutos imbatido en la historia del torneo, con 650.</p><p>Finalmente, el galardón como mejor jugador joven fue para Cubarsí. El central del FC Barcelona, de 19 años, formó pareja con Aymeric Laporte y hizo gala de su jerarquía y seguridad pese a su corta edad y a que este era su primer Mundial, como titular en los ocho partidos del torneo.</p>De la Fuente: "Siento orgullo”<p>El seleccionador nacional de fútbol, Luis de la Fuente, expresó su "orgullo" por haber acompañado a la generación de jugadores de 'La Roja' que este domingo se ha proclamado campeona del mundo, por segunda vez en su historia, tras derrotar por 1-0 a Argentina en la final disputada en Nueva Jersey, y que son, según él, "un ejemplo" para los jóvenes.</p><p>"Siento mucho orgullo por esta generación de futbolistas que han ido creciendo con esta idea, dando un ejemplo de grupo, de equipo, de familia, con unos grandes futbolistas, con un potencial y talento excepcional. Siento orgullo por haberles acompañado en este trayecto, es un honor", dijo en declaraciones a Televisión Española (TVE) que recoge Europa Press.</p><p>De la Fuente admitió estar "muy emocionado" después de echar la vista atrás. "Me han dicho: 'Míster, hemos ganado todo, y eso es maravilloso. Son una generación de futbolistas que son un ejemplo para los jóvenes españoles. Juntos somos más fuertes. El partido se tenía que haber decantado bastante antes, pero las grandes intervenciones de Dibu han impedido que nos pusiéramos por delante antes".</p><p>De la Fuente, el autor intelectual de este España campeón.</p><p>"Esto es una final de Campeonato del Mundo, pero como nos gusta sufrir estábamos preparados para todo", sentenció.</p><p>El seleccionador nacional recordó a su antecesor Vicente del Bosque, el técnico que hizo campeona del mundo a 'La Roja' en Sudáfrica 2010. "Ya sabéis la admiración que siento por Vicente y, sobre todo, estoy orgulloso de lo que significa para nuestro país. En una final cada uno tiene que utilizar sus armas".</p><p>"Ante grandes equipos es igual que estés con uno menos porque en cualquier situación de balón parado te pueden generar problemas. Pero ha pasado lo que tenía que pasar, lo que en fútbol creo que era justo y es que ganara España", concluyó.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/ktRGJb4N6MNYJaDjubLG7UxMcvc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2026/07/rodri_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Encarna a esos “5” de buen pie, pase preciso, inteligencia táctica y capacidad para estar siempre bien ubicado. Argentina no lo marcó adecuadamente. En un equipo que juega a tener la pelota, como España, había que cuidar al que más la pide y la tiene.]]>
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                                <updated>2026-07-20T01:26:18+00:00</updated>
                <published>2026-07-20T01:18:50+00:00</published>
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            España ganó porque fue superior, pero Argentina cayó con dignidad
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        <author>
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                <![CDATA[Enrique Cruz]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.sur24.com.ar/noticias/espana-gano-porque-fue-superior-pero-argentina-cayo-con-dignidad">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Os90HKi1LLiKEZL4WDcHCWUC2J0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2026/07/seleccion_8.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Argentina se encontró con un rival superior. Ganó el mejor y el fútbol le dio la derecha a la justicia. Hay que reconocerlo. Nada le quitará ni ensombrecerá todo lo que ha dado esta selección de Scaloni. Pero se encontró con un equipo que lo superó en todo. Llegó mejor al partido, demostró tener una solidez que a Argentina le faltó. No sufrió todo lo que debimos sufrir nosotros en el recorrido. Y en este partido marcó diferencias y jugó como juega un campeón, más allá de que todos teníamos la ilusión de que se repitiera lo del segundo tiempo con Inglaterra, cuando al coraje, el tesón y la garra (virtudes que nos trajeron a esta instancia), se le agregó fútbol. No fue así. Argentina no llegó en los 90 minutos, no pateó al arco, Rodri manejó la pelota todo el partido y en el suplementario pudo vencer la resistencia del Dibu, la figura argentina y sostén de un 0 a 0 que se prolongó demasiado en el tiempo.</p><p>Al ritmo del partido lo impuso España desde el comienzo. La variante que Scaloni tenía escondida bajo la manga (la salida de Paredes y el ingreso de Nicolás González) no le dio demasiado resultado ofensivo. Frenó un poco la subida de Porro por derecha, porque la posición de González fue bien abierto por izquierda, en un 4-4-2 que el equipo respetó pero en un sector de la cancha en el que España tuvo un mejor manejo de la situación a partir de Rodri, el volante central que se hizo eje del equipo y dueño del mediocampo.</p><p>De todos modos y a pesar de que España tuvo más la pelota, no hubo situaciones claras frente al arco de Emiliano Martínez, a no ser un mano a mano de Lamine Yamal entrando por derecha que terminó rebotando en el cierre de un defensor y terminó en las manos del arquero argentino, más un disparo de media distancia de Oyarzábal que el Dibu detuvo sin mayores problemas.</p><p>España fue mejor. Foto: Reuters</p><p>Argentina quedó bastante lejos del arco de Simón y no tuvo la posibilidad de armar juego para acercarse en bloque. Messi no entró en contacto con la pelota, en tanto que Enzo Fernández y MacAllister armaron un doble cinco al que le costó mantener la pelota cuando consiguieron recuperarla. Todo esto, siempre muy lejos de las inmediaciones del área rival. Por eso, Argentina no tuvo ni una situación de peligro en ese primer tiempo que se consumió bajo dos premisas: 1) la prevalencia de España en el manejo de la pelota; 2) la falta de profundidad y, por ende, de situaciones de peligro de parte de los dos.</p><p>En el cierre, se fue lesionado Lisandro Martínez (estaba amonestado también), ingresando Nicolás Otamendi en su lugar. El trabajo defensivo de Argentina era correcto, ordenado y bastante eficaz. Tagliafico encimó bien a Yamal, Cucurella intentó superioridad numérica, con Baena, sobre Montiel. Pero a pesar de que un par de veces llegaron hasta el fondo, las jugadas no prosperaron y el 0 a 0 fue la clarísima consecuencia de un partido cerrado, con mucho estudio de parte de los dos y una supremacía que España no pudo llevarla al resultado. Apenas a un par de llegadas y nada más.</p><p>Scaloni no encontró respuesta en el equipo que armó y por eso entró Paredes en el segundo tiempo por un Nicolás González intrascendente. Había que tratar de cortar ese circuito de juego que impusieron los volantes de España, fundamentalmente con Rodri como eje en el manejo de la pelota. El cambio también sirvió para que Alexis y Enzo se adelanten algunos metros y, con eso, Argentina planteó el partido más arriba, sin regalarle tanto la iniciativa a España.</p><p>España reanudó la iniciativa de inmediato y no esperó demasiado Scaloni para realizar el repetido cambio de los laterales. Sacó a Montiel y puso a Molina por el costado derecho, una variante ultra repetida durante todo el torneo, uno por el otro sin dependencia de quién haya ingresado como titular. Tampoco se hicieron esperar las modificaciones en España: Pedri y Torres a la cancha por Ruiz y Oyarzábal, quien había sido bien marcado por la pareja de centrales de Argentina.</p><p>Por los laterales, Argentina empezó a sufrir y fue un desborde de Yamal que terminó con un centro atrás bien conectado de cabeza por Torres, que encontró bien ubicado a Emiliano Martínez. Los últimos retoques de Scaloni, después de la pausa de hidratación del complemento, fueron los ingresos de Simeone y Medina por De Paul y el Cuti Romero, quien evidentemente llegó con lo justo en este torneo y en algunos partidos –como la final- no pudo completar el partido. Ya los laterales empezaban a ser un problema para Argentina y el Dibu se convertía en el principal obstáculo de España, que hacía el gasto y dominaba.</p><p>Sobre el final de los 90, ya con el Dibu Martínez convertido en gran figura y Argentina tratando de aprovechar uno o dos avances (no más que eso), sometida ante el dominio de la pelota que ejercía España, llegó otra instancia clave en el partido. Enzo Fernández, que estaba amonestado, llegó tarde en la disputa de la pelota con un defensor rival, quien cayó aparatosamente y motivó la expulsión por doble amonestación del volante argentino. Así, el equipo de Scaloni, dominado en el juego, se preparaba para jugar el suplementario con un jugador menos, obligando a Julián Alvarez al retroceso y quedando solamente Messi para intentar la quimera de un contragolpe.</p><p>Ese dominio de España no se podía traslucir en el arco argentino por la enorme actuación de su arquero, hasta que a los 5 minutos del suplementario llegó un gol del ingresado Williams que fue anulado por una infracción previa. Ya Argentina se entregaba a la estrategia de aguantar, achicando espacios del medio hacia atrás, con Julián Alvarez dando una mano en el medio y con Messi como el punta adelantado, dejando la clara impresión de pretender llegar a los penales como única posibilidad frente a la realidad de un partido en el que era superado.</p><p>Scaloni utilizó el cambio de más que permite el suplementario para poner a Senesi por Julián Alvarez. Armó línea de cinco, pasando Medina a la función de lateral por izquierda para que lo marque a Yamal y corriendo a Tagliafico al medio. Argentina no podía sostener el manejo de la pelota y apostaba a algún contragolpe, dentro de un trámite desfavorable por el jugador de menos y por el dominio de la pelota del rival, que también jugaba contra el tiempo.</p><p>La resistencia del Dibu duró hasta el primer minuto del segundo tiempo suplementario. Centro pasado desde la derecha que sobra a todos y a las espaldas de Molina, la bajan de cabeza al medio por el segundo palo y allí le quedó servida a Ferrán Torres para que le pegue de zurda y la mande al fondo de la red. Argentina había decidido jugar a aguantar, con uno menos y un rival superior en el juego. Ese gol le dio justicia al resultado.</p><p>Intentó revertirlo con amor propio. Y así, empujando, la selección tuvo dos situaciones muy claras en los pies de Simeone. En la primera, la jugada terminó en córner para Argentina. La otra, la más peligrosa, fue una pelota que quedó boyando en el área y su remate se fue por encima del travesaño. Fue la chance que Argentina podría haber aprovechado para llegar al milagro de ir a los penales. No pudo ser. Y ganó el mejor.</p><p>Nada que reprochar, Argentina. Esta selección será recordada por siempre, tienen bien ganada la gloria y fue superada por el mejor equipo del torneo, el más sólido, el más compacto, el de mayor jerarquía. El hincha argentino se sintió representado siempre por este equipo. Nos hicieron felices, muchachos. Nada más que decir. Se perdió una final, pero no se perdió el reconocimiento eterno para todo este grupo. Hicieron historia.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Os90HKi1LLiKEZL4WDcHCWUC2J0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2026/07/seleccion_8.webp" class="type:primaryImage" /></figure>La “Madre Patria” fue más madre que nunca y su selección marcó diferencias que justificaron la victoria en la final, ante una Argentina que aguantó durante 106 minutos el empate gracias a su arquero. Enzo Fernández fue expulsado, pero en todo momento España fue más.]]>
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                <published>2026-07-20T00:31:32+00:00</published>
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            Argentina perdió la final pero ganó la gloria
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                <![CDATA[Enrique Cruz]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/POfNtu7YPzMazQNWdip9h7C_CrU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2026/07/seleccion_5.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Tan dramático como los 35 años de vigencia del Fantasma de la Ópera en Broadway y tan nostálgico como “New York, New York” en la voz de Frank Sinatra. El cierre del partido no trajo la cuarta estrella, pero coronó a la selección argentina con el respeto del planeta entero y a Messi como un rey eterno, más allá de cualquier resultado. El césped del MetLife norteamericano se inundó de lágrimas, y un silencio ensordecedor cruzó el continente desde Nueva York hasta Ushuaia, en el fin de un proceso en el que el mejor jugador del mundo por años y años, se llevó la más rica de las reacciones: el amor incondicional y eterno de su gente.</p><p>Lionel Andrés Messi se dejó caer sobre las rodillas, con los ojos vidriosos apuntando al cielo. En ese microsegundo de dolor, el peso de más de veinte años de batallas se sintió más fuerte que nunca. Arriba, entre las nubes, una silueta eterna con rulos y la zurda apoyada en la cintura lo miraba con ternura: Diego Armando Maradona bajaba los brazos para abrazar a su heredero en el final más humano y desgarrador de su cuento de hadas. El fútbol esta vez fue cruel; no pagó la última deuda, pero completó una obra de resiliencia pura.</p><p>El cierre del partido no trajo la cuarta estrella, pero coronó a la selección argentina con el respeto del planeta entero. Foto: Fernando Nicola.</p><p>Por primera vez en este proceso, la selección saboreó la amargura de quedarse a las puertas de un bicampeonato histórico en este julio de 2026. España se llevó la gloria, pero este equipo ratificó su estatus de leyenda con la frente en alto. Estos futbolistas no juegan por el dinero ni por los flashes; juegan con el orgullo herido del potrero, con la dignidad de un pueblo que sabe lo que es sufrir y encuentra, en la pelota, su refugio más sagrado. Para muchos argentinos, este subcampeonato no quita las miserias cotidianas, pero el orgullo de verlos dejar la vida en la cancha estira un lazo de unión inolvidable. Alguna vez fue Diego el que nos defendió en las malas; ahora fue Lionel Messi quien tomó su posta para cerrar el ciclo más exitoso de la historia moderna del fútbol argentino, en un torneo lleno de emociones inolvidables.</p><p>La estructura táctica y espiritual de este imperio herido lleva la firma indeleble de Lionel Scaloni. Aquel conductor que asumió en cenizas tras Rusia 2018 y construyó una fortaleza inexpugnable. Bajo su mando estratégico, Argentina jamás sufrió la eliminación antes de las semifinales, compitiendo con el cuchillo entre los dientes hasta el último segundo. Scaloni entendió el mensaje que Diego predicó siempre: la camiseta de la Selección se defiende con el alma. Logró edificar una cofradía de lealtad absoluta, donde los jóvenes se desgarraron los músculos para cuidar las piernas del Rey y devolverle la felicidad pura de jugar a la pelota.</p><p>Lionel Messi bailó su último tango mundialista. Foto: Reuters.</p><p>Messi se plantó en la final arropado por sus "rebeldes con causa". Emiliano Martínez volvió a ser el guardián de los milagros bajo los tres palos. Cristian Romero y Lisandro Martínez defendieron la zaga central como fieras hambrientas, mordiendo en cada pelota dividida. Rodrigo De Paul fue el motor incombustible y guardaespaldas emocional del diez. Alexis Mac Allister y Enzo Fernández actuaron como los directores de orquesta en el mediocampo, mientras Julián Álvarez y Lautaro Martínez dejaron los pulmones en el pasto intentando quebrar la defensa española. Todos ellos honraron el legado histórico de Maradona, Kempes, Di Stéfano, Passarella, Batistuta, Riquelme y tantos otros.</p><p>Y en el centro del escenario, bajo el aplauso ensordecedor de un estadio que reconoció su grandeza, Lionel Messi bailó su último tango mundialista. Verlo mirar la medalla de plata con la tristeza de quien estuvo tan cerca, rompió los corazones de todo el planeta. Su última función no terminó en vuelta olímpica, pero fue un poema de amor propio y una lección de entereza frente a la adversidad. El fútbol no le dio el cierre perfecto a Leo, pero el mundo le agradece eternamente haber coincidido en su misma época. El destino no quiso la cuarta, los viejos dioses exigieron el tributo del dolor, y el Diego, desde su palco celestial al lado de don Diego y la Tota, nos abraza en el llanto: ¡Gracias, selección; Messi es inmortal y el orgullo les pertenece para siempre! Vuelvan tranquilos a casa, muchachos. Serán recibidos como héroes, porque el pueblo nunca se equivoca.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/POfNtu7YPzMazQNWdip9h7C_CrU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2026/07/seleccion_5.webp" class="type:primaryImage" /></figure>España se quedó con la Copa en Estados Unidos, pero el equipo de Scaloni selló un legado eterno de orgullo, valentía y amor propio. Messi se despide como héroe y siendo lo que es: el mejor de todos.]]>
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                <published>2026-07-20T00:25:00+00:00</published>
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            La última función del “10”, ante España y por el bicampeonato
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        <link rel="alternate" href="https://www.sur24.com.ar/noticias/la-ultima-funcion-del-10-ante-espana-y-por-el-bicampeonato" type="text/html" title="La última función del “10”, ante España y por el bicampeonato" />
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                <![CDATA[Enrique Cruz]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/VgQJvgib_rnJeMvmcKhNx86NiH8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2026/07/messi_13.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Está llegando el gran momento, otro más para el fútbol argentino. Este domingo, el MetLife Stadium de Nueva Jersey —un coliseo con 82,500 almas en las tribunas y una audiencia global estimada que superará los 1,000 millones de espectadores, más un premio de 50 millones de dólares para el campeón— no albergará noventa minutos de juego. Albergará un juicio final.</p><p>La selección de Lionel Scaloni busca quebrar las leyes de la historia y coronar la dinastía más grande, jamás vista, con un bicampeonato mundial consecutivo. El objetivo es unánime: regalarle el broche de oro definitivo a la leyenda de Lionel Messi. Pero el destino nunca regala finales felices; exige conquistarlos con sangre, sudor y lágrimas. Enfrente estará la España de Luis de la Fuente, el equipo que ha redefinido la perfección colectiva, manteniendo aquella idea que empezó a prender con el Barcelona de Johan Cruyff primero y de Guardiola después, que abandonó la vieja “furia española”, sin logros, por una generación de jugadores de buen pie que lo llevaron al título del mundo en Sudáfrica.</p><p>Para la Argentina, este partido rasga las fibras más íntimas de su identidad. No se trata solo de una copa; se trata de honrar la memoria del viejo y glorioso fútbol argentino. Es la herencia de los que nos enseñaron a amar esta camiseta, de los abuelos y padres que contaban hazañas en blanco y negro, de la mística del potrero que sobrevive al paso del tiempo.</p><p>Salir a la cancha este domingo es defender un estilo de vida: la gambeta irreverente, el orgullo criollo, el potrero rebelde que se niega a ser robotizado por los manuales europeos. Messi encarna a esa vivencia de niños felices con la pelota. Como dijo Scaloni, “esperamos el partido como cuando éramos niños e íbamos al campito a jugar el barrio contra barrio”.</p><p>Cada argentino sabe que no es solo un partido: es el juramento de un pueblo que juega con el corazón en la mano, empujado por el aliento invisible de millones que ya no están, pero que desde el cielo empujan esa pelota.</p><p>Lionel Scaloni. Foto: Fernando Nicola</p><p>Por primera vez en todo el ciclo, Argentina no parte con la idea de intentar el control absoluto del tablero. Deberá jugar un partido de ajedrez con el cuchillo entre los dientes para neutralizar a un rival que llega con cifras de espanto. España es una máquina fría y eficiente: es la selección más fuerte defensivamente del torneo, pues solo le convirtieron un solo gol.</p><p>Para Scaloni y De la Fuente, con fuertes lazos por ser amigos y, en el caso del técnico español, profesor de Scaloni cuando hizo el curso de técnicos, también el partido es un duelo de trincheras:</p><p>• De un lado, Rodri; del otro, Paredes y compañía. El mediocampo será una zona de altísima tensión donde la pelota quemará. España se mueve al ritmo que impone Rodri, un jugador que registra una efectividad en pases superior al 92 % en este torneo. Para destruir ese circuito de distribución, Argentina podría apostar a revivir el espíritu combativo del Cholito Simeone o apostar por un Rodrigo De Paul capaz de ensuciar el juego de Rodri y desactivar a Dani Olmo, para “joderle” el motor al gigante europeo.</p><p>Rodri, el muy buen volante que tiene la selección española de De la Fuente. Foto: Reuters</p><p>• El lateral derecho es la duda que le quita el sueño al cuerpo técnico argentino. Ninguno de los ocupantes de esa banda llega en su pico de rendimiento, y España es un equipo diseñado para castigar con crueldad quirúrgica esa debilidad. Marc Cucurella y los extremos españoles castigan de forma constante ganando la espalda del lado opuesto de la jugada. Quien ocupe esa posición en Argentina deberá jugar un partido perfecto en lo posicional si no quiere ser devorado por la amplitud rival.</p><p>•&nbsp; Mientras Argentina sufre por sus bandas (sobre todo la derecha), España ataca con “aviones”. Cucurella por izquierda y Pedro Porro por derecha —este último, socio defensivo del Cuti Romero en el Tottenham— no solo defienden con una firmeza envidiable, sino que se proyectan al ataque por sorpresa, rompiendo líneas defensivas. Tapar estas proyecciones aéreas será una tarea de sacrificio absoluto para todo el sistema defensivo argentino.</p><p>• Existe una estadística engañosa que podría tentar a la confianza: las máximas figuras ofensivas de España aún no han alcanzado su máximo brillo individual (Lamine Yamal suma un gol y una asistencia, y Pedri fue relegado al banco los dos últimos partidos). Sin embargo, el bloque colectivo español los ha sostenido. La jerarquía individual está latente, agazapada, y un solo segundo de distracción argentina bastará para que estos monstruos despierten y cambien el rumbo de la historia.</p><p>• Argentina tiene a Messi y esa sí que es un arma letal. Uno no sabe si será su último partido, pero sería un broche de oro inigualable para una carrera incomparable. A los 39 años, se despertará este domingo sabiendo que va a jugar otra final del mundo y que podría ser elegido el mejor jugador del torneo. Increíble, pero él se encargó de hacerlo real.</p><p>No habrá término medio. El MetLife Stadium dictará sentencia entre la mística inmortal de un grupo que juega con los botines gastados del potrero y por la gloria eterna de su capitán, frente a una España que parece, defensivamente, indestructible. Quedan 90 minutos para saber si el viejo y glorioso fútbol argentino escribe su capítulo más emotivo en los libros de la eternidad, o si Europa impone a uno de sus grandes guerreros de los últimos tiempos. Acá en New Jersey y allá en la Argentina y en cada rincón del planeta donde viva un argentino, los corazones latirán más fuerte que nunca y todos empujaremos para que el último baile del 10 termine en una despedida cargada de gloria eterna. Su leyenda ya está escrita y se transmitirá eternamente de generación en generación.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/VgQJvgib_rnJeMvmcKhNx86NiH8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2026/07/messi_13.webp" class="type:primaryImage" /></figure>La Argentina de Messi buscará la histórica coronación como cierre de una etapa gloriosa e incomparable. Se jugará este domingo a las 16 de nuestro país en el Metlife de New Jersey.]]>
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                                <updated>2026-07-18T21:49:27+00:00</updated>
                <published>2026-07-18T21:38:56+00:00</published>
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            El clamor popular para Messi: “una más y no jodemos más”
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        <link rel="alternate" href="https://www.sur24.com.ar/noticias/el-clamor-popular-para-messi-una-mas-y-no-jodemos-mas" type="text/html" title="El clamor popular para Messi: “una más y no jodemos más”" />
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                <![CDATA[Enrique Cruz]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/EmkBIxNnqF81h3EA3GmNe2EBR3A=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2026/07/messi_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Antes de empezar el Mundial, escribía sobre Messi y tiraba la pregunta acerca de qué Messi podíamos ver. Pero lo que menos nos podíamos imaginar, era ver a un jugador en una dimensión impropia para alguien de 39 años, que desde hace algunas temporadas milita en una liga de menor jerarquía y no en un primer nivel. Por lo visto, lo que para algunos podría haberse convertido en el escenario perfecto para iniciar el camino de la decadencia y el ocaso, para él no. Al contrario, está jugando un Mundial extraordinario, figura en casi todos los partidos, goleador y con muchas chances de convertirse en el mejor futbolista de este campeonato.</p><p>Thomas Tuchel, el técnico de Inglaterra, fue muy claro cuando lo definió, luego de haberlo padecido el martes en esta ciudad. “He jugado contra algunos de los mejores futbolistas de la historia, pero noches como esta te recuerdan por qué Lionel Messi es diferente. Nos preparamos para él toda la semana. Teníamos planes, marcadores, instrucciones… y nada fue suficiente. Nos castigó con dos momentos de genialidad absoluta”, señaló el entrenador inglés. Y luego agregó: “Puedes pararlo durante 85 minutos, pero Messi solo necesita cinco segundos para destruir todo lo que has construido. Eso fue lo que pasó esta noche. Dos asistencias, sin pánico, sin movimientos innecesarios, pura inteligencia futbolística. No fuerza el juego. Espera… y cuando cometes un error, estás muerto”.</p>El encuentro final se jugará el domingo en el MetLife Stadium de Nueva Jersey.<p>Hay algo bueno que dijo Pep Guardiola, su entrenador en los mejores momentos del Barcelona, cuando armó un equipo brillante y en el que Messi era el mejor de esos mejores, cuando dio a entender que Messi, mentalmente, le lleva diez segundos de ventaja al resto. Lo demostró en la jugada del segundo gol. Antes de recibir la pelota, sabía lo que iba a hacer. No enganchó hacia afuera para buscar su mejor perfil para el remate al arco, sino que ató la pelota a su zurda, fue a buscar a los defensores rivales que se escalonaban para marcarlo (así fue toda la tarde), la tiró larga por afuera como si fuese un wing y metió el centro de derecha para ponerle la pelota en la cabeza a Lautaro Martínez, superando a los grandotes ingleses y al bueno de Pickford, el arquero.</p><p>Messi volverá a jugar una final del mundo. Este Mundial lo puso en el centro de escena como el máximo goleador de la historia de los mundiales y quiere defender esa posición, al menos hasta el próximo Mundial. Pero más allá de ese respeto que siempre fue admiración, el de él hacia Diego, este “animal competitivo” que tiene adentro lo lleva a buscar nuevamente la gloria para que la selección concrete lo que no pudo aquella de Bilardo en Italia, después de haber sido campeón en México.</p><p>Ya está dicho que Messi no necesita demostrar nada. El fútbol le rinde honores desde hace 20 años y con el éxito logrado el martes ante Inglaterra, ya nadie está en condiciones de reprocharle nada. Sus detractores, que viven creando la grieta con Maradona, no tendrán de qué agarrarse. Messi está en un pedestal al que nadie pudo llegar en la historia del fútbol argentino y hasta podría decirse que a nivel mundial. Ostentó el “título” de mejor jugador del mundo por muchísimos años, casi todos los de su carrera. La final del domingo no va a opacar absolutamente nada.</p><p>Pero el caramelo está ahí. Y Messi es de esos que “huelen sangre”, como dijo Scaloni al referirse a su equipo, después del brillante partido del martes. Ganar el Mundial le sumará mucho; caer en la final no le hará perder nada de lo que ya consiguió. El fútbol ya le pertenece por completo. Una nueva estrella en el pecho no lo hará más gigante, de la misma forma que una derrota en la final no podrá rasguñar su legado. Leo juega este último partido libre de cargas, con el único deseo de estirar la magia un minuto más. Ganar es el cielo; perder es seguir siendo el rey. Por eso, con el corazón en la mano, solo le pedimos un favor: una más y no jodemos más.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/EmkBIxNnqF81h3EA3GmNe2EBR3A=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2026/07/messi_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Una victoria en la final del mundo, lo elevará a una dimensión desconocida para todos los jugadores de la historia del fútbol argentino. Una derrota no reducirá en absoluto la brillantez de su legado.]]>
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                                <updated>2026-07-17T10:07:10+00:00</updated>
                <published>2026-07-17T10:07:06+00:00</published>
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            Argentina, a lo campeón, con un equipo de guapos en la tierra y Diego en el cielo
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        <link rel="alternate" href="https://www.sur24.com.ar/noticias/argentina-a-lo-campeon-con-un-equipo-de-guapos-en-la-tierra-y-diego-en-el-cielo" type="text/html" title="Argentina, a lo campeón, con un equipo de guapos en la tierra y Diego en el cielo" />
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        <author>
            <name>
                <![CDATA[Enrique Cruz]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/ZrX1WGt36vGSPyQX4GacjgLTtDU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2026/07/arg_malvinas.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Fue la película soñada, el libreto perfecto. Había que ganar así, dando vuelta el resultado, sobreponiéndose a la adversidad, jugando un segundo tiempo extraordinario, lo mejor de un equipo que había llegado a puro corazón a esta instancia, pero que en este partido hizo todo lo que debe hacer un equipo de fútbol para ganar un partido bajo presión.</p><p>Argentina ganó a lo campeón. Tuvo orden, paciencia, personalidad y fue al frente. El técnico acertó claramente con los cambios durante el partido. De Paul no podía faltar en un partido así. Entró y empujó al equipo. Lo mismo Montiel. Otamendi sacó todo de arriba. Lautaro metió el cabezazo del de la victoria y Messi apareció en el momento en que debía aparecer, para hacerse cargo. Y le metió, de derecha, un centro perfecto a la cabeza de Lautaro para ganarle a todos los grandotes de una Inglaterra que hizo el gol, se metió atrás y fue sometida por Argentina, en un segundo tiempo notable del equipo de Scaloni.</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>Mucho estudio, de parte de los dos. Poca profundidad, de parte de los dos. Se neutralizaron y se atacaron poco. Diríamos que casi nada. Por el lado de Argentina, en ese primer tiempo, un lindo remate desde afuera del área de Enzo Fernández que rozó en un rival y se fue a escasos centímetros del travesaño. El árbitro no cobró córner, pero era. Fue lo único de una Argentina que intentó abrir la cancha con Giuliano Simeone, la sorpresa de Scaloni, bien abierto por derecha pero también muy bien marcado por Spence.</p><p>La característica de clásico, sin embargo, se notó desde el arranque. Es que cada pelota dividida se disputaba con mucha intensidad. Y en ese aspecto, Argentina no falló. Correcto el trabajo defensivo (más allá de algunas vacilaciones de Molina, el más flojo de los cuatro), bien contenido Harry Kane por la dupla de centrales y con una participación poco protagónica de Bellingham.</p><p>Los dos “10” entraron poco en juego. A Messi lo revolearon por el aire en una jugada en la que se sacó de encima a dos rivales y luego lo tomaron entre otros dos y le cometieron una doble falta en la misma acción defensiva. Quiso desequilibrar cambiando el ritmo y arrancando como a él le gusta, desde la derecha y hacia el medio, pero estuvo bien controlado por el sistema defensivo de una Inglaterra que, cuando retrocedía, lo hacía con casi todos sus jugadores. Alternaban, en ese aspecto, la presión bien alta para tratar de ahogar a una Argentina que salía bien jugada desde atrás (otra vez importante lo de Paredes), que arriesgaba con confianza, precisión y sin dividir la posesión de la pelota.</p><p>Fue bien parejo el primer tiempo. Argentina suplió con mucha entrega la leve superioridad que por momentos mostraba una Inglaterra que también trataba de abrir la cancha y jugar por afuera, sumando rápidamente gente en ataque pero encontrándose con una buena respuesta defensiva de una Argentina concentrada, que también trabajaba incansablemente en la presión para recuperar la pelota en el mediocampo, más el aporte de siempre de un Julián Alvarez que otra vez no le escapó a la responsabilidad de ser bien solidario con sus compañeros.</p><p>Hubo un respeto mutuo muy acentuado. Y mucho orden. Ninguno se apartó del libreto, disputaron a pleno cada pelota como si fuese la última y no se dieron ventajas. O en todo caso, también les faltó suficiente claridad. En el caso de Inglaterra, ni siquiera pudieron prevalecer en el tan peligroso juego ofensivo, tratando de aprovechar la mayor altura de sus jugadores. Apenas un cabezazo a la altura del segundo palo, sin ninguna consecuencia para el Dibu.</p><p>Argentina había tenido su oportunidad en el arranque del complemento con un remate de Julián Álvarez que tapó Pickford, pero en el primer avance a fondo, llegó el pelotazo largo desde el fondo inglés, el rechazo a medias de Tagliafico que posibilitó la apertura hacia el costado derecho, centro y Gordon, ingresando por las espaldas de un Molina que no cerró bien y perdió la marca, conectó al palo derecho de Martínez. El gol le dio una ventaja para la que Inglaterra no había hecho mucho más que Argentina.</p><p>Antes de los 20 del segundo, Scaloni movió el banco y arriesgó con un cambio ofensivo: salió Paredes (estaba jugando bien) e ingresó Nicolás González, quedando Alexis MacAllister en la posición de volante central y abriendo bien la cancha con Simeone por derecha y con González por izquierda. El equipo empezó a encontrar profundidad y dominio ante una Inglaterra que se metía atrás y apostaba por la salida rápida en contragolpe, pero regalando pelotas y espacio a una Argentina que empezaba a empujar y que tuvo una gran chance con un centro perfecto de Messi a la cabeza de González, que el arquero sacó de manera espectacular.</p><p>Enseguida llegó la pausa de hidratación y tres cambios: De Paul, Montiel y Otamendi a la cancha, por Simeone, Molina y Lisandro Martínez. Era todo de Argentina y el palo salvó a Inglaterra: centro perfecto de De Paul y cabezazo de MacAllister ante un Pickford vencido, que terminó estrellándose en el palo derecho. Ya a esta altura, Argentina merecía largamente el empate, que lo pudo lograr en una pelota excelente que le puso Messi a Nicolás González, quien cabeceó apenas desviado.</p><p>Faltando diez minutos y con una Argentina que buscaba el empate, dominaba plenamente el partido ante un rival metido en el fondo, Scaloni se la jugó con el ingreso de Lautaro Martínez por Tagliafico. Delantero por defensor, aprovechando que Inglaterra prácticamente tenía cerrada la posibilidad del ataque, para meter gente adentro del área. Y con capacidad de gol.</p><p>Enzo había avisado pero el bueno de Pickford se lo negó. Hasta que metió otro zapatazo desde afuera del área, notable, que se clavó arriba, muy cerca del palo derecho y venciendo la resistencia de un arquero que parecía imbatible. Explosión total y estricta justicia. Argentina no merecía ir perdiendo. El amor propio y la búsqueda por todas las vías del arco rival, tuvo por fin su premio. Argentina estaba jugando su mejor partido en el torneo, con acierto del técnico en las variantes y una actitud notable para ir a vender muy cara una derrota inmerecida.</p><p>Y llegó el gol nomás. Tiempo de descuento, enorme jugada de Messi que desbordó y metió de derecha el centro al segundo palo, a la cabeza de Lautaro Martínez, en la misma jugada en la que MacAllister había estrellado un remate en el palo izquierdo. Corazón, garra, huevos y fútbol. Todo junto. Bien a lo Argentina.</p><p>El final fue extraordinario. Épico. Inolvidable. Era la película que cualquier director quería filmar y el libro que todo escritor quería escribir. El fútbol fue justo. Con la selección, con Messi, con el fútbol mismo. Era el partido que faltaba ganar. Ahora hay que ir a buscar el bicampeonato, obvio. Pero este era “EL PARTIDO”. Y Argentina lo ganó, haciendo llorar de emoción a todo un pueblo. Derramen lágrimas nomás… Y más que nunca, canten la canción: “… Y al Diego, desde el cielo lo podemos ver, con don Diego y con la Tota, alentándolo a Lionel”. ¡Argentina para todo el mundo!</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/ZrX1WGt36vGSPyQX4GacjgLTtDU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2026/07/arg_malvinas.webp" class="type:primaryImage" /></figure>El mejor partido de Argentina, con un segundo tiempo extraordinario para dar vuelta un partido que Inglaterra ganaba. Con corazón, con épica y con fútbol, se escribió otra página de gloria para el fútbol argentino. El domingo, a buscar el bicampeonato del mundo ante España en el Metlife de New Jersey.]]>
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                                <updated>2026-07-16T01:55:07+00:00</updated>
                <published>2026-07-15T23:29:14+00:00</published>
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            Argentina-Inglaterra, un duelo singular que también se juega fuera de la cancha
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        <link rel="alternate" href="https://www.sur24.com.ar/noticias/argentina-inglaterra-un-duelo-singular-que-tambien-se-juega-fuera-de-la-cancha" type="text/html" title="Argentina-Inglaterra, un duelo singular que también se juega fuera de la cancha" />
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                <![CDATA[Enrique Cruz]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/toxrMXN4jShOSdIt6DYde_avn1k=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2026/07/maradona.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Los argentinos no paran de saltar. Los ingleses llegan con su habitual “flema”, después de una noche en la que cualquier bar de Atlanta se pareció a cualquier pub de Londres. La humedad del verano de Atlanta se pega en la piel, pero a nadie le importa. Tampoco si mirar al cielo trae como consecuencia la factibilidad de una lluvia que se demora. El estadio es techado. Y refrigerado. Así que hay cuestiones que no se ponen en la balanza a la hora de tomar precauciones.</p><p>Banderazo argentino. Foto: Fernando Nicola</p><p>Atlanta ha dejado de ser la prolija y tecnológica capital del sur estadounidense para convertirse, por prepotencia de cánticos, en una sucursal ardiente de Buenos Aires, Rosario, Santa Fe o Córdoba.</p><p>El icónico Mercedes-Benz Stadium, una colosal estructura metálica, con apenas 9 años de “vida” y una capacidad total para 70.000 espectadores, aguarda en silencio mientras a sus pies se desata un carnaval ajeno a sus manuales de convivencia.</p><p>La gente llega, en su mayoría, a pie. Aunque el sistema de trenes Marta, usualmente un templo de murmullos y auriculares inalámbricos, sufre un sismo de pasión, sobre todo cuando hay argentinos y cuando al llegar a la estación Five Points, el nodo central de la ciudad, las escaleras mecánicas devuelven un eco ensordecedor.</p><p>Los argentinos, propensos a armar una parrillada en cualquier parte del mundo y en cualquier lugar, alternan entre los chorizos y alguna que otra carne tirara a esas parrillas portátiles de supermercado, que por 50 dólares sirven para “sacarlos del apuro”, contrastando con la clásica barbacoa de cerdo dulzona de estas tierras norteamericanas.</p><p>Ni hablar de la necesaria bebida para paliar la sed. Las botellas de plástico cortadas por la mitad (y más arriba también), sirven para el clásico fernet con Coca, que le compite mano a mano a la cerveza. En los patios de bares cercanos al Centennial Olympic Park, se entonan esos cantos de aliento que convierten al partido en lo que es: un clásico.</p><p>No faltan los santafesinos, siempre presentes. Por allí andan los Fleming (nietos de Patricio) y los Martolio, que aguardan hasta último momento para comprar las entradas. También la gente de Alco, con Armando López a la cabeza. Entrarán. Seguro que entrarán. Como lo hará cada uno de los argentinos a los que el valor de las entradas en la reventa asusta, pero saben que el esfuerzo por semejante partido, vale la pena.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/toxrMXN4jShOSdIt6DYde_avn1k=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2026/07/maradona.webp" class="type:primaryImage" /></figure>El Mercedes-Benz Stadium de Atlanta se rindió ante la locura de la hinchada argentina en la previa del duelo más caliente del Mundial. Cantos de guerra pacífica, banderas con aquella historia de los goles de Maradona en el 86 y el grito sagrado de una multitud que se siente local en cualquier rincón del planeta.]]>
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                                <updated>2026-07-15T18:17:03+00:00</updated>
                <published>2026-07-15T18:09:01+00:00</published>
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            Un clásico, de esos que “no se juegan, se ganan”
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        <author>
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                <![CDATA[Enrique Cruz]]>
            </name>
        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/G6BHFbDYTtRIBY3hJK5oSx8af7k=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2026/07/messi_y_de_paul.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por más que los jugadores le sigan quitando valor o digan que es solo un partido de fútbol (lo cual es totalmente cierto), se trata de un clásico, de esos partidos que se deben ganar como sea.</p><p>Y hay jugadores que están “armados y preparados” para jugar clásicos. Rodrigo De Paul es uno de ellos.</p><p>No por su nivel futbolístico –que es bastante bajo y hasta acumulando sobrados motivos para ser sacado del equipo- sino porque De Paul pertenece a esa raza de jugadores. Los que se agrandan cuando tienen que agrandarse y el partido así los obliga.</p><p>Por estas cosas, el de este miércoles no es un partido más. Es Inglaterra y es eliminatorio. Así lo entiende la gente y así también lo deben entender los jugadores en su intimidad. Ganarle a Inglaterra puede ser, para ellos, otro eslabón consagratorio. Ganaron todo, es cierto. Pero el destino los puso ante un compromiso al que deben sortear, no solo porque es el último peldaño para jugar una final, sino porque justamente el rival es Inglaterra.</p><p>En Qatar, la verdadera Argentina apareció justamente en semifinales. Hasta ese momento veníamos mejor que ahora, pero no se había alcanzado el nivel más alto de rendimiento. Eso llegó contra Croacia y en esos 78 minutos iniciales que fueron brillantes frente a Francia en la final. Lo primero que se puede exigir en este momento, es que Argentina mejore futbolísticamente. Pero paradójicamente, es para jugar un partido de esos que “no se juegan, se ganan”. Por eso, De Paul a la cancha. Sin dudas. Por más que no ande bien.</p>Un momento del entrenamiento abierto en el predio del Atlanta United. Foto: Fernando Nicola<p>Así como Argentina consolidó un ciclo histórico entre 2014 y 2026, donde los sucesivos planteles que acompañaron a</p><p>Lionel Messi</p><p>demostraron una vigencia implacable —disputando cuatro de las últimas cinco finales de la Copa América y dos de las últimas tres finales del mundo—, Inglaterra ha hecho lo propio en el Viejo Continente.</p><p>La actual generación de los Three Lions se ha convertido, por peso propio, en la tercera mejor selección europea de los últimos quince años, solo por detrás de potencias consolidadas como España y Francia. Su regularidad en la élite es intachable: cuartos en el Mundial de 2018, finalistas en la Eurocopa 2021, cuartos de final en el Mundial 2022 y nuevamente finalistas en la Eurocopa 2024. No obstante, en los mundiales siguen teniendo la deuda pendiente de llegar más arriba.</p><p>El funcionamiento del conjunto inglés se sostiene sobre nombres propios que cumplen roles idénticos a los pilares del esquema argentino:</p><p>• Harry Kane es el equivalente a la figura de Messi en términos de peso específico y liderazgo sobre el césped. Su capacidad para ponerse el equipo al hombro ha quedado demostrada en momentos de máxima tensión: dio vuelta en solitario un partido complejo ante Congo, destrabó el encuentro frente a México con asistencia y gol, y manejó con maestría los ritmos del tiempo suplementario contra Noruega. Su influencia en el juego trasciende su cuota goleadora.</p>Harry Kane, la principal figura de los ingleses, en el último entrenamiento del rival argentino en Atlanta. REUTER<p>• Jude Bellingham es un media punta todo terreno con un despliegue físico imponente. Bellingham se destaca por su agresividad en la presión y un oportunismo letal para pisar el área rival. Su efectividad es demoledora: acumula 6 goles en la presente cita mundialista (igual que Kane), de los cuales 5 han sido ejecuciones al primer toque tras capturar rebotes o asistencias directas.</p><p>• Declan Rice es el estratega de la mitad de la cancha, algo similar a lo que es Paredes en la selección argentina. El mediocampista del Arsenal combina un desgaste físico descomunal con una pegada sutil y precisa, convirtiéndose en el eje de la distribución y el equilibrio defensivo.</p><p>• Jordan Pickford no goza de la estatura de los arqueros tradicionales, pero lo compensa con una elasticidad espectacular y reflejos felinos. Consolidado como uno de los guardametas más vistosos del torneo, Pickford llega con el ritmo que le da la Premier League, donde, jugando para el Everton, lidera el promedio de atajadas por partido al ser el arquero más exigido del campeonato inglés.</p>¿Cuáles son las claves para neutralizarlos?<p>* Inglaterra es el equipo más peligroso del torneo capitalizando rebotes y respuestas cortas de los arqueros. La defensa tendrá que activarse en el área chica bajo una disciplina casi de básquetbol, bloqueando los caminos para impedir que los delanteros conecten con comodidad las pelotas que queden, eventualmente, boyando y sin dueño adentro del área.</p><p>* Con un promedio de altura significativamente superior al argentino, los británicos combinan lanzadores de élite con cabeceadores implacables. Minimizar las faltas cerca del área y los tiros de esquina será vital. Hay diferencia de altura a favor de los ingleses.</p><p>* Es imperativo asfixiar a Declan Rice para evitar que disponga de tiempo y espacio para lanzar sus característicos cambios de frente cruzados hacia los extremos, la llave con la que Inglaterra suele ensanchar la cancha y desestabilizar las defensas cerradas.</p><p>Será un partido para estudiar bajo todos los aspectos: el táctico, el físico (los dos vienen de jugar alargues) y el emotivo. No se puede fallar en ninguno. Respecto del estrictamente deportivo, el objetivo es mejorar y manejar la pelota. En cuanto a lo físico, tener el dominio del juego provocará un menor desgaste a la hora de correr. Pero lo emotivo será clave. Y en eso, esta Argentina de Scaloni demostró que tiene ese fuego interno que la distingue.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/G6BHFbDYTtRIBY3hJK5oSx8af7k=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2026/07/messi_y_de_paul.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Los jugadores siguen diciendo que se trata “solo de un partido de fútbol”. En el fondo, ellos también están convencidos de que es “EL PARTIDO”.]]>
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                                                <category term="deportes" label="Deportes" />
                                <updated>2026-07-15T09:35:05+00:00</updated>
                <published>2026-07-15T09:32:30+00:00</published>
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            Argentina-Inglaterra: el partido al que Diego y Malvinas convirtieron en clásico
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        <author>
            <name>
                <![CDATA[Enrique Cruz]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.sur24.com.ar/noticias/argentina-inglaterra-el-partido-al-que-diego-y-malvinas-convirtieron-en-clasico">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/wH-h-b_Ex3yTBQjB8C3cpfKdrnE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2026/07/argentina_inglaterra.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Cuatro paises que ya saben lo que es ser campeones del mundo. El último ganador de la Eurocopa (España). El último finalista (Inglaterra). El último campeón del mundo (Argentina). El último finalista (Francia). El último campeón de la Copa América (Argentina). Hacía mucho tiempo que los mundiales no ofrecían semejante menú de semifinales. No aparecieron las “sorpresas”, como por ejemplo lo fue Marruecos metiéndose en semifinales en Qatar o Croacia, siendo finalista y semifinalista en los últimos mundiales. Como dijo Scaloni en algún momento de este largo camino: “El Mundial está raro, hay resultados sorpresivos, pero al final siempre llegan más o menos los de siempre”. Y es así nomás. Se quedó prematuramente Alemania (triste puesto 18), volvió a decepcionar Brasil, no pudieron llegar más arriba Paises Bajos y Croacia. Están los que vienen jugando muy bien (Francia) o los resilientes (Argentina). Aunque con un dato que no debe pasar desapercibido: aún jugando como está jugando, Argentina hace goles. Y de a tres por partido. No es poco para alimentar esperanzas.</p><p>El partido con Inglaterra es un clásico. Es el partido que hay que jugar y que está prohibido perder. Es como cuando se juega el Colón-Unión nuestro: no importa tanto el cómo, sino el resultado. Porque, de verdad lo digo, en el “cómo” hay dudas. El equipo no viene jugando bien. Y ante Suiza, la expulsión de Embolo fue la llave que abrió el camino a la victoria. No fue lo decisivo, pero marcó el rumbo. Después, el bombazo de Julián Alvarez para clavar la pelota en el ángulo se encargó del resto en el segundo tiempo del suplementario, ya cuando los penales aparecían como un enemigo, como un escollo al que no había que llegar.</p><p>Volvamos al gran partido del miércoles. El “clásico” no se construyó a partir del gol de Maradona (el de la apilada histórica e incomparable y el de la “mano de Dios”). Ya empezó antes. El gol de Grillo en la cancha de River fue el primer mojón. Pero después vino lo que pasó con Antonio Ubaldo Rattín (justamente el sábado se fue de este mundo dejando un recuerdo imborrable en los hinchas de Boca y en el fútbol en general) en el Mundial de 1966, cuando el árbitro alemán le hacía señas para que se fuera de la cancha y él pedía un intérprete porque no lo entendía. Para quienes no lo saben, esa expulsión dio lugar a que en el Mundial siguiente, el de México en 1970, aparecieran las tarjetas amarilla y roja como símbolo elocuente de las decisiones disciplinarias de los árbitros.</p>Antonio Ubaldo Rattin falleció este sábado y esa imagen, estrujando la banderita inglesa en Wembley, forma parte del anecdotario de este clásico.<p>Ese partido estaba empatado y Argentina lo jugaba muy bien. Se quedó con un jugador menos y a poco del final, Hurst puso el 1 a 0 definitivo en un partido muy caliente. El grito de “Animals” se escuchó en todo el estadio al término el partido. Antes, Rattín se fue de la cancha estrujando la banderita inglesa colocada en el palo de uno de los córner y pisando la alfombra de la reina. Ya habían jugado en el Mundial de 1962 y también habían ganado los ingleses. Después, hubo un amistoso en una gira de la selección a principios de los 80, en Wembley. Ganó Inglaterra, pero Maradona hizo una jugada muy parecida a la que luego repitió seis años más tarde, solo que no fue gol. Remató al arco ante la salida del arquero. Y de allí surgió la famosa frase de su hermanito menor: “Te equivocaste Diego, tuviste que marearlo al arquero también”. Diego dijo, con el tiempo, que en el momento de armar la jugada más espectacular de la historia, pensó en aquel partido y en aquella frase de su hermano, para eludir a Shilton antes de empujar la pelota a la red. Creer o reventar.</p>Diego Maradona y el gol del siglo, ante los ingleses y en el Azteca. Foto: El Litoral.<p>La épica se construyó en aquel soleado mediodía del 22 de junio de 1986 en el Azteca, con un celebrado triunfo. Inolvidable por sus connotaciones. Fue el primer enfrentamiento post guerra. El recuerdo estaba en carne viva. Muy fresquito y latente. Después, los hinchas se encargaron de que esa llama no se apague jamás. “Por Malvinas, por el Diego, por la última de Leo, Argentina quiero verte bicampeón”, es el hit de hoy. Y así continuarán, trasponiendo generaciones, para que las Malvinas y su manto de neblina nunca queden en el olvido.</p><p>Desde allí en más, los mundiales volvieron a juntarlos. El partido del 98 tuvo lo suyo en esa Saint Ettiene en la que los enviados de El Litoral a aquel partido del Mundial de Francia, pudieron apreciar en persona la idolatría que existe por Osvaldo Piazza. Fue la tardecita del gol de tiro libre de jugada preparada de Zanetti, cuando miraron al banco y Passarella les indicó lo que había que hacer. El partido terminó 2 a 2 (el otro gol lo hizo el Bati) y hubo tanda de penales con un santafesino convertido en figura: Carlos Angel Roa. Festejada victoria en octavos y pasaje a cuartos, donde nos esperaba la difícil Holanda que nos sacó de ese Mundial.</p><p>Cuatro años más tarde, Beckham fue el verdugo argentino en Corea-Japón, el Mundial en el que nos volvimos en primera fase. Se vengó de aquella expulsión en Saint Ettiene para convertir el gol que le dio el triunfo a Inglaterra. Bielsa había armado un equipo muy sólido y ofensivo que se “comió” las Eliminatorias. Fracasó en el Mundial.</p><p>“Muchachos, éstos fueron los que nos mataron a nuestros pibes”, dijo Diego a sus compañeros antes de entrar a la cancha aquel soleado mediodía del Azteca en el 86. Un partido de fútbol no le quita el dolor a tantas madres que perdieron a sus hijos por aquella guerra. Los goles argentinos –que ojalá sean varios otra vez para que se pueda ganar el partido- no traerán venganza ni justicia. Las tierras se recuperarán desde el lugar en que se deban recuperar. Y a aquellas madres y a esos compañeros y amigos de los que dejaron su vida aquella vez, no hay victoria que les devuelva el pedazo grande de corazón que le sacaron. Ganar, para ellos, será una alegría temporaria. Nada más que eso.</p><p>Pero todo suma para que cada Argentina-Inglaterra se convierta en un clásico. “Y ya lo ve, y ya lo ve, el que no salta es un inglés”, cantan los argentinos. Se viene un miércoles caliente por todo. Por el clima de una Atlanta que ya nos cae bien, pero también porque es de esos partidos que no se juegan, se ganan.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/wH-h-b_Ex3yTBQjB8C3cpfKdrnE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2026/07/argentina_inglaterra.webp" class="type:primaryImage" /></figure>El Mundial presenta una doble función de semifinales espectacular, pero el nuestro con los ingleses tiene un alto grado de rivalidad que lo convierte en apasionante.]]>
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                                                <category term="deportes" label="Deportes" />
                                <updated>2026-07-12T22:26:06+00:00</updated>
                <published>2026-07-12T22:22:09+00:00</published>
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            Argentina no fue un “relojito” suizo, pero siempre hay algo que la despierta
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                <![CDATA[Enrique Cruz]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/qup4wEk08_qfI1zI4R5GvLjDMP0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2026/07/julian_alvarez.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Tenía que ser así. Con angustia, con incertidumbre, sin jugar bien, a lo argentino. No podía ser de otra forma. Si cuesta, vale más, se goza más, se disfruta más. Parece que este equipo tiene bien incorporado ese concepto. Pero eso lo fortalece, lo torna duro y peligroso. Se encontró con una circunstancia favorable en el peor momento: contar con un jugador más. El partido se le había puesto difícil, no tenía la pelota y Suiza se lo había empatado con justicia. Fue ahí que el partido cambió de dueño. Y en el segundo tiempo del suplementario, ante una Suiza que daba la impresión de solamente pretender ir a los penales, aparecieron los reclamados goles de los delanteros. Julián y Lautaro tuvieron esa precisión suiza para llevar al equipo a semifinales. Nada menos que ante Inglaterra. Todo dicho.</p><p>Hubo algo que fue extraño e inesperado: el dominio de la pelota. Se gastaba a cuenta que iba a ser de Argentina. Pero no fue así. En el primer tiempo, el manejo lo tuvo más Suiza. Algo que se notó desde el arranque y que Argentina intentó discutir en algunos pasajes de esa parte inicial. Lo logró a partir de un adelantamiento de la defensa, casi hasta muy cerquita de la raya de la mitad de cancha. Por eso, Argentina intentó varias veces el pelotazo largo para que Julián Alvarez pelee la pelota en el mano a mano con los defensores suizos, sobre todo por el lado de Elvedi y Akanji, los dos centrales. No se pudo capitalizar esta estrategia. Ni siquiera con los pelotazos largos del Dibu. Era cuestión de que sea bien profundo para que la pelota supere la línea de esa defensa adelantada que proponía Suiza. Y que Julián Álvarez se encargue de prevalecer con su velocidad.</p><p>El gol de Mac Allister de cabeza con otra asistencia de Messi (córner perfectamente ejecutado al primer palo), no solo le dio tranquilidad a la selección cuando recién se jugaban los primeros 10 minutos, sino que convirtió a Messi en el máximo asistidor de la historia de los mundiales. Y se notó que la jugada fue ensayada y provocada a propósito, como los largos pelotazos para Julián Álvarez, porque el destinatario de los abrazos en el banco fue Walter Samuel, responsable del entrenamiento de jugadas de pelota quieta, tanto defensivas como ofensivas.</p><p>La más clara de Suiza llegó como consecuencia de uno de los pocos errores de la zaga central de Argentina. Quedó solo Embolo ante la oportuna salida del Dibu, que se jugó con todo a los pies del rival para quitarle la pelota como si fuese un defensor más que un arquero. Fue en el momento en que Argentina jugaba el partido con autoridad, con un Molina mejorado, el Cuti romero jugando con solvencia y seguridad (al igual que Lisandro Martínez) y Paredes dando una mano para marcar y siendo una salida precisa desde el mediocampo.</p><p>Argentina buscó acelerar en los últimos metros. Pero no generó situaciones. La practicidad y la contundencia fue el arma que le permitió irse en ganancia al vestuario, algo que le había costado mucho en los otros partidos, sobre todo el de Egipto, cuando se creó mucho y no se concretó nada, haciendo figura al arquero rival. Pero el problema era el escaso protagonismo y compromiso con el juego. Señal de alerta para el segundo tiempo.</p><p>Se hacía imprescindible manejar un poco más la pelota. Se notaba que el equipo crecía en solidez defensiva (buen partido de los dos centrales), pero faltaba un poco más de presencia y gravitación de los volantes. Poco de De Paul otra vez, perdiendo algunas pelotas por lentitud, en tanto que Mac Allister y Enzo Fernández no terminaban de meterse en el partido. El único era Paredes, siempre bien parado y convertido en el eje y en la descarga permanente del resto.</p><p>En el peor momento del equipo, apareció la figura del Dibu Martínez, dispuesto a no pasar desapercibido en el partido. Y además, levantando a la gente cada vez que cerraba su arco con algunas atajadas. Que no fueron complicadas, pero que lo obligaron a una atención constante. Hasta que por el costado de De Paul y Molina llegó una pared que terminó con el remate cruzado de Ndoye, que se había volcado por izquierda durante todo el partido y tuvo su premio colocando la pelota por debajo de la pierna del Dibu. Ese gol suizo llegó en el momento de mayor permisividad de la selección, cuando se hacía imprescindible algún cambio desde el banco que no llegó a tiempo.</p><p>Pero el VAR le dio un guiño a Argentina. Embolo, estando amonestado, simuló una infracción y el árbitro recurrió a la tecnología para amonestarlo nuevamente. Suiza se quedó con 10 en su mejor momento. La cuestión era tratar de aprovechar esta circunstancia para modificar el trámite del partido, que al margen de no ser fácil, alejaba a la selección de su “estado de confort”, sin control del juego ni dominio territorial, que eran propiedad de Suiza desde el mismo comienzo del segundo tiempo.</p><p>Era momento de cambiar y por eso Scaloni mandó a la cancha a Montiel por Molina y a Lautaro Martínez por De Paul, para volver a intentar con el doble 9, tratando de plantear decididamente el partido en el campo adversario y capitalizar ese hombre de más que costaba que se notara. Un poco por el orden de los suizos y su confianza para jugarle de igual a igual a Argentina; y otro poco, por la poca precisión y consistencia que tenía la selección en su juego.</p><p>El final fue el previsible. Suiza armó línea de cinco y retrocedió. Le dio la iniciativa a Argentina y también la pelota. Priorizó la marca. Y Argentina trató de empujarlo sobre el arco de Kobel, pero con poca claridad. Apenas un remate de derecha de Messi que se fue ancha aunque cerca del palo izquierdo y una “tijera” de Lisandro Martínez que no pudo ser empujada al fondo del arco. Empate en los 90. Por lo bueno que hizo Suiza y por lo que lo dejó hacer Argentina, sobre todo en esos primeros 20 minutos del segundo tiempo en los que permitió que el rival tuviera la pelota y llegara al justo empate.</p><p>Alargue y otro cambio: Thiago Almada por Enzo Fernández. La idea era juntarlo con Nicolás González para armar una sociedad que trate de quebrar a una defensa concurrida y segura de los suizos para fabricar algún espacio propicio para el desequilibrio. Suiza daba la impresión de no querer saber nada con aquello que lo distinguió durante buena parte del partido hasta la expulsión de Embolo.</p><p>Con Otamendi y el Flaco López por el Cuti Romero (buen partido pero se quedó sin piernas) y Paredes (también “fusilado”), Scaloni agotó los cambios y tiró toda la carne en el asador. Tres “9” para buscar la victoria y no llegar a los penales, sabiendo que la pelota y el terreno ahora pertenecían a Argentina y que Suiza, a lo sumo, podía ensayar algún contragolpe en inferioridad numérica evidente.</p><p>Y se animó Julián Alvares, nomás. Había intentado Messi en la misma jugada y se la tapó el buen arquero suizo, hasta que volvió al gol el “9”, encaró de izquierda hacia el medio y metió un remate espectacular que se clavó en el ángulo superior izquierdo. Golazo. Y a respirar profundo hasta la última jugada del partido, contragolpe letal en una pelota que robó Julián Álvarez otra vez, corrida de Thiago Almada, tapada del arquero y definición de Lautaro Martínez. Aparecieron los dos “9” y a facturar. Con sufrimiento. Con angustia. Caminando al borde de la cornisa, como siempre, pero sin caerse. Y ahí estamos. En semifinales y frente a Inglaterra. Atlanta nos espera otra vez. La gloria también.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/qup4wEk08_qfI1zI4R5GvLjDMP0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2026/07/julian_alvarez.webp" class="type:primaryImage" /></figure>La selección no jugó bien, por momentos fue superada futbolísticamente, lo iba ganando de arranque con un cabezazo de MacAllister y parecía que se iba a vivir un partido más relajado. Todo lo contrario. Tuvo la fortuna que, en el peor momento, el rival se quedó con uno menos. Y aparecieron los dos “9” para ganarlo. En semi, el miércoles, un “clásico” ante Inglaterra en Atlanta.]]>
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                                <updated>2026-07-12T04:25:05+00:00</updated>
                <published>2026-07-12T04:18:43+00:00</published>
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            Kansas City se tiñó de celeste y blanco: hinchas de toda América alentaron por Argentina
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                <![CDATA[Enrique Cruz]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/eoVeUHsgwNcn0OmyPw79PRI-qEE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2026/07/hinchas_argentinos_2.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>María José Valdéz - Enrique Cruz</p><p>No había empezado el partido, pero la Selección argentina ya estaba ganando otro. Afuera del estadio, entre bombos, banderas, camisetas albicelestes y celulares buscando inmortalizar el momento, miles de personas comenzaron a escribir una escena que se repite desde hace varios años: la de una Argentina que dejó de pertenecer solamente a los argentinos.</p><p>En Kansas City, donde este sábado la Scaloneta buscará el pase a la semifinal del Mundial 2026 frente a Suiza, la previa fue una verdadera celebración latinoamericana. Guatemaltecos, venezolanos, mexicanos, colombianos y argentinos compartieron una misma ilusión, unidos por un nombre que parece romper cualquier frontera: Lionel Messi.</p><p>Toda esa previa pudo seguirse en la transmisión especial de CyD Litoral, mientras El Litoral la contó desde adentro con sus enviados especiales Enrique Cruz y Fernando "Coto" Nicola, acreditados para cubrir el Mundial 2026.</p>Messi, el punto de encuentro de todo un continente<p>Las historias se repetían una detrás de otra. Un médico neurólogo llegado desde Guatemala explicó que siguió toda la carrera de Messi desde que debutó en Barcelona y que no podía perderse la oportunidad de verlo en lo que podría ser su último Mundial.</p>"Le puse Maradona a mi hijo", contó emocionado uno de los hinchas guatemalteco.<p>"Argentina representa hoy a toda América", dijo mientras sostenía una bandera celeste y blanca que llevaba varios sellos de distintos países.</p><p>Otro hincha contaba que había bautizado Diego a su hijo por Maradona y que ahora viajaba para que pudiera ver jugar a Messi. Dos generaciones, dos ídolos y una misma pasión.</p>Una camiseta que ya no tiene nacionalidad<p>Entre la multitud también aparecían decenas de venezolanos. Algunos llevaban su bandera sobre los hombros; otros, directamente, la habían cambiado por la camiseta argentina.</p><p>Una joven explicó que había viajado especialmente para ver a Messi y confesó que sueña con volver a verlo levantar la Copa del Mundo. Muy cerca suyo, un grupo de mexicanos repetía la misma idea: eliminada su selección, ahora alentaban por la Argentina.</p><p>La Scaloneta volvió a convertirse en ese equipo que despierta simpatías mucho más allá de sus propias fronteras. Lo que alguna vez fue admiración por un futbolista terminó transformándose en identificación con un grupo que lleva varios años construyendo una historia de pertenencia.</p>También hubo lugar para los santafesinos<p>Entre tantos acentos diferentes también aparecieron voces conocidas. Un hincha oriundo de San Lorenzo, en la provincia de Santa Fe, contó que viene siguiendo a la Selección desde Miami, pasó por Atlanta y ahora desembarcó en Kansas City para acompañar otro paso del equipo de Lionel Scaloni.</p>Oriundo de San Lorenzo, Santa Fe, viajó para cumplir el sueño de alentar a la Selección en un nuevo Mundial.<p>Como el, cientos de argentinos recorren miles de kilómetros detrás de una ilusión que parece renovarse en cada estadio.</p>Mucho más que un partido<p>Cuando todavía faltaban varias horas para el comienzo del encuentro, el Mundial ya ofrecía una de esas imágenes que difícilmente aparezcan en una planilla de estadísticas. Familias enteras, amigos, chicos con la camiseta número 10 y personas llegadas desde distintos rincones del continente compartían canciones, abrazos y fotos como si todos hubieran nacido en el mismo lugar.</p><p>Quizás ahí resida una de las mayores conquistas de esta Selección. Más allá de los títulos, de las finales o de los récords, la Scaloneta consiguió algo que pocos equipos logran: convertirse en un punto de encuentro.</p><p>Y mientras el estadio esperaba que empezara a rodar la pelota, afuera ya había quedado claro que el fenómeno argentino volvió a hacer lo que mejor sabe. Reunir a un continente entero detrás de una misma camiseta.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/eoVeUHsgwNcn0OmyPw79PRI-qEE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2026/07/hinchas_argentinos_2.webp" class="type:primaryImage" /></figure>En la previa del duelo ante Suiza por los cuartos de final del Mundial 2026, miles de fanáticos de distintos países se reunieron alrededor del estadio. Lionel Messi volvió a convertirse en el gran punto de encuentro de una celebración que trascendió las fronteras argentinas.]]>
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                                <updated>2026-07-11T22:55:07+00:00</updated>
                <published>2026-07-11T22:50:27+00:00</published>
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            Argentina y Suiza, un cruce con historia: del sufrimiento de 2014 a los récords de Messi
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        <author>
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                <![CDATA[Enrique Cruz]]>
            </name>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/rCH7Y4389qWtyl4lDhFE5smkhvg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2026/07/suiza_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>San Pablo, Brasil. Tarde calurosa, partido complicado. Los 90 minutos terminaron empatados en cero. En el tiempo suplementario apareció Di María para recibir la pelota de Messi, atacando por el medio y levemente hacia la derecha, para definir con un remate que dejó sin chances al arquero suizo. Terminamos el partido pidiendo la hora. Fue un verdadero sufrimiento (no tanto como el del martes, porque en este partido en Brasil había que defender el resultado, no darlo vuelta) y el pase a cuartos de aquel Mundial del 2014 que nos dejó el amargo sabor de haber perdido esa final con Alemania en el Maracaná, el día de la foto de Messi pasando por delante de la copa para solamente mirarla, como diciéndose: “Algún día serás mía”. Y ese día llegó, ocho años después.</p><p>* * * * *</p><p>Anteriormente, también se habían enfrentado en otro Mundial. Fue el de 1966 y Argentina ganó 2 a 0 con goles de Luis Artime y Ermindo Onega. Fue el Mundial de aquella expulsión de Antonio Ubaldo Rattín (con mucho pesar se recibió la noticia de su fallecimiento) ante Inglaterra, que finalmente salió campeón en una cuestionada final ante Alemania.</p><p>* * * * *</p><p>Argentina llega a este partido con una racha impresionante. En este Mundial, ganó los 5 partidos. Lleva 11 sin perder en mundiales y solamente cayó en cinco ocasiones dentro de los 90 minutos reglamentarios en los últimos 34 partidos. El equipo lleva once partidos consecutivos anotando goles en mundiales. Y si hilamos más fino todavía, marcó tres goles en seis de los últimos siete partidos disputados en esta clase de torneos.</p><p>* * * * *</p><p>Pasemos a Messi. Marcó goles en los cinco partidos que jugó el equipo hasta antes de Suiza, con ocho goles. Es el máximo artillero de la historia de los mundiales con 21 tantos en 31 partidos jugados. Es jugador record en presencias en encuentros de fases finales de mundiales, ya que jugará su partido número 15, superando las 14 presencias de Klose, según el siempre preciso dato estadístico que acercó el colega Silvio Maverino.</p><p>* * * * *</p><p>Argentina está invicta en los siete partidos (entre oficiales de mundiales y amistosos) que jugó ante Suiza en la historia. Hay uno que se recuerda claramente y es la victoria por 5 a 0 en el Mario Alberto Kempes, durante la conducción de César Luis Menotti. Ramón Ángel Díaz, Leopoldo Jacinto Luque, José Daniel Valencia, Diego Armando Maradona y Daniel Alberto Passarella de penal, fueron los autores de los goles del equipo que en ese entonces era campeón del mundo y se preparaba para defender el título en España en 1982.</p>Enzo Trossero en el Cementerio de los Elefantes que supo conocer como jugador y como entrenador. Su carrera de DT contempló un buen paso por el fútbol de Suiza.<p>* * * * *</p><p>Si se habla de Suiza, es imprescindible no olvidarse de dos personas muy vinculadas a la provincia de Santa Fe. Uno de ellos es Enzo Trossero, el ex jugador y entrenador de Colón, que dirigió durante algunas temporadas en el fútbol de ese país, a comienzos de este siglo. El otro es Lucas Blondel, quien inició su carrera futbolística en Atlético de Rafaela, tiene la doble nacionalidad y fue convocado el año pasado para jugar por la selección de ese país, pero finalmente quedó fuera de la convocatoria para el Mundial.</p><p>* * * * *</p><p>Lamine Yamal, una de las estrellas de España, dijo luego de la victoria ante Bélgica que “España-Francia, es una final anticipada”, refiriéndose al partido semifinal que jugarán el martes próximo. Scaloni se refirió a esas declaraciones y dijo lo siguiente: “Tiene razón. Antes del torneo se los mencionaba como dos candidatos. Lo que pasa es que solo uno de ellos jugará la final”.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/rCH7Y4389qWtyl4lDhFE5smkhvg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2026/07/suiza_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure>La Selección afrontará los cuartos de final del Mundial 2026 ante un rival al que nunca perdió. El antecedente más recordado es la agónica victoria conseguida en Brasil con un gol de Ángel Di María durante el tiempo suplementario.]]>
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                <published>2026-07-11T20:26:59+00:00</published>
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            Argentina vs. Cabo Verde: un triunfo agónico marcado por el sufrimiento y la duda
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                <![CDATA[Enrique Cruz]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/HgUTFc-3Gdz1d9xS5HCKnOB7qyY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2026/07/gol_arg.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Parecía imposible que las fuerzas se equiparen. A lo sumo, para Cabo Verde el objetivo era sumar gente de mitad de cancha hacia atrás, ser ordenado y aguantar. Un gol podía ponerlos en una situación irremontable. Y ese gol llegó de parte del jugador que tenía que abrir el resultado: Lionel Messi. El pelotazo profundo que le metió Lisandro Martínez fue estupendo, Messi la dominó con el empeine de la zurda y definió en el momento justo y antes de que lo tapara un defensor rival. Fue apenas después de la pausa de hidratación, cuando, seguramente, Scaloni le habrá pedido más profundidad al equipo. Daba la sensación de que la tardecita no iba a tener el desarrollo que tuvo, más allá del desenlace.</p><p>La monotonía resultó dominante. Cabo Verde no es un rival que sirva de medida. Y lo dicho, meterse atrás fue la única reacción. Entonces, Argentina debía hacer todo. Y lo llevó adelante con paciencia, exagerando muchas veces la lentitud de movimientos y tratando de meterle ritmo al ataque en los últimos 25 metros de la cancha. Si había que tocar para atrás, se tocaba para atrás. Y si había que volver a empezar, también. Era preferible eso, antes de perder la pelota por una exigencia que no formaba parte del libreto.</p><p>Lisandro Martínez se convirtió en el iniciador de las jugadas. Se adelantó 30 metros en la cancha y fue el “llevador”. Entró más en juego que los volantes, al margen de haberle puesto un pase-gol estupendo a Messi. Si al partido le faltó ritmo y dinámica, fue porque el dominio de la selección argentina fue rotundo y Cabo Verde demostró que es una selección de un segundo (o tercer) nivel, que solo pretendía que no la golearan y que apenas dejó arriba a Nuno da Costa para tirarle pelotazos y que se las arregle, en inferioridad numérica y ante defensores que no le permitieron nada.</p><p>Argentina manejó la pelota con ese toqueteo que parecía intrascendente y que buscaba, como primer y gran objetivo, obligar al rival a salir del fondo para que aparezcan los espacios cuando el equipo decidía cambiar el ritmo, algo que se producía (o se intentaba producir) en los últimos 20 metros de la cancha. Hasta allí, todo bien. O más o menos bien.</p><p>Cuando Cabo Verde se animó a salir un poquito, en el segundo tiempo, llegó el primer error defensivo de Argentina. Había cinco jugadores adentro del área sin marcar a nadie y esperando un centro. Llegó el pase interno para Deroy Duarte (que había ingresado en el segundo tiempo y juega en el fútbol búlgaro), para recibir totalmente solo (era de Lisandro Martínez la marca) y colocar un remate cruzado que no pudo ser interceptado por Emiliano Martínez. Gol, sorpresa, estupor y un resultado que en nada se reflejaba en el trámite, a no ser por un detalle puntual (el error del gol) y esa pasividad que tuvo Argentina para dejarlo venir a Cabo Verde sin tomar los recaudos correspondientes.</p><p>Scaloni trató de despertar al equipo con dos jugadores con dinámica y encaradores. Lo puso a Nicolás González por Almada, en el sector izquierdo, en tanto que Julián Alvarez (sigue estando impreciso y atropellado con la pelota) ingresó por Lautaro Martínez, que había hecho poco en todo ese tiempo que jugó, a excepción de ser pivote de Enzo Fernández en una jugada que terminó con un remate que conjuró bien Vozinha, el arquero de Cabo Verde.</p><p>Messi parecía ser el “as de espadas”, el de “basto” y cualquier carta que sirviera para llegar al gol. Vozinha empezaba a convertirse en “héroe” tapándole un mano a mano y luego sacando un tiro libre que iba a su palo pero que lo había encontrado dando el paso al costado por si venía por encima de la barrera. Argentina tenía la pelota, dominaba el terreno pero se encontraba con un rival metido en el partido, que no cometía errores y que se la estaba haciendo mucho más difícil de lo pensado.</p><p>El partido se le iba a Argentina (en los 90 minutos) cuando Scaloni decidió la salida de De Paul y el ingreso de Paredes con el objetivo de buscar un buen pase entre líneas que le permita dejar a algún compañero mano a mano con el arquero. Enseguida tuvo que utilizar la tercera ventana para el ingreso de Tagliafico en reemplazo de Medina, que se fue lesionado. Argentina tenía un poco más de profundidad con Nicolás González pero le faltaba claridad en la terminación de las jugadas. Y un cambio de ritmo que se daba en cuentagotas.</p><p>Cabo Verde había resignado cualquier posibilidad ofensiva y se vio favorecida por una mano que cometió un defensor luego de un cabezazo de MacAllister después de una pelota profunda de Messi para superar la línea de los centrales. Era penal, se revisó pero no se cobró. Ya era tiempo de descuento en un partido que se consumió en los 90 con el empate que nos llevaba a un imprevisto alargue.</p><p>Parecía la noche de los “zurdos”. Lisandro Martínez recibió la pelota en el segundo palo luego de un centro pasado, dominó la pelota y la clavó, superando el manotazo del bueno de Vozinha, que hasta ese momento parecía inexpugnable. Un 2 a 1 tranquilizador en el mismo arranque del suplementario y la esperanza de que aparezcan espacios que antes no había para que Argentina pueda liquidar el partido.</p><p>Sin embargo, Sidny López Cabral hizo la jugada de su vida, recibió la pelota por izquierda, enganchó para adentro y dejó en el camino a MacAllister (tirado por la derecha después del ingreso de Paredes) y metió un remate espectacular que se clavó en el segundo palo ante el vuelo desesperado del Dibu Martínez. Golazo. Y otra vez a remarla.</p><p>Ya con Montiel por Molina, los 15 minutos finales fueron la última oportunidad para marcar diferencias que a Argentina ya le estaba costando demasiado por más que tenía el dominio de la pelota y el terreno. Entraba también a jugar lo anímico (además de lo físico), porque las dudas se estaban apoderando del equipo. Y eso se veía reflejado en imprecisiones, muchos pases hacia atrás y poca confianza para intentar el mano a mano.</p><p>Pero la pelota quieta fue la salvadora. Córner de Messi (¡cuándo no, él!) y la aparición del Cuti Romero para meter el cabezazo que se desvió en la mano de un rival y descolocó a Vozinha. Tres a dos, con una defensa (la de Argentina) que no ofrecía ningún tipo de seguridad, que daba espacios y que eso lo tornaba aún más peligroso a Cabo Verde, que cerca estuvo con un tiro libre que desvió en forma espectacular el Dibu.</p><p>Así, entre inseguridades defensivas, varias dudas que dejó el rendimiento del equipo y un rival que dio más de lo que todos pensábamos, se llegó al final respirando hondo y con una inevitable mueca de alivio. Fue un sufrimiento excesivo, inesperado y casi innecesario. Habrá que cambiar rápido el chip y borrar los coletazos de esta actuación. Argentina no fue Argentina. Eso está claro. Aunque haya ganado.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/HgUTFc-3Gdz1d9xS5HCKnOB7qyY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2026/07/gol_arg.webp" class="type:primaryImage" /></figure>El Hard Rock, repleto de argentinos, por momentos enmudeció y “alambró” más de la cuenta. Los zurdos (Messi y Lisandro Martínez) marcaron el camino para una victoria que se consolidó en tiempo suplementario y hasta con una atajada espectacular del Dibu. Ufff…]]>
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                                <updated>2026-07-04T01:34:45+00:00</updated>
                <published>2026-07-04T01:32:39+00:00</published>
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            Argentina, el partido 100 de Scaloni y a tirarle la jerarquía a Cabo Verde
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                <![CDATA[Enrique Cruz]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/aHhe_jRgsrqeLek_XWZDNZT_zVE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2026/07/seleccion_arg_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por Enrique Cruz</p><p>Es un partido que marcará muchas cosas: 1) el partido 100 que dirige Lionel Scaloni, un entrenador debutante absoluto, que nunca dirigió antes a algún equipo, que lo hizo con la selección y ya ganó cuatro títulos; 2) por primera vez en la historia jugará con Cabo Verde; 3) es un seleccionado debutante y Argentina tiene una estadística contra esta clase de equipos (los debutantes) de haber ganado 8 de los 9 partidos que jugó.</p><p>Además, Messi lleva seis goles y mantiene una porfiada lucha con grandes goleadores (Mbappé el más temible, pero no el único), para ser goleador del torneo y quedarse con el liderazgo de artillero histórico de los mundiales.</p>Messi lleva seis goles y mantiene una porfiada lucha con grandes goleadores Créditos: Fernando Nicola.<p>La selección mantiene un invicto de nueve partidos en copas del mundo y en esos partidos ha marcado, al menos dos goles, lo que también habla claramente de la capacidad goleadora del equipo, que es amplio favorito para ganar el partido.</p><p>La historia futbolera de Cabo Verde es incipiente, recién comenzaron a codearse de manera internacional hace seis años con un proyecto que les permitió llegar a un Mundial por el hecho de que hubo 10 selecciones africanas. Es la posibilidad que le abrió la Fifa con los 48 paises y que se podría incrementar a 60 en el 2030 (al menos, es la idea).</p><p>Scaloni, por lo visto, lo tiene mejor conceptuado a Medina en este momento y lo dejaría como titular, en detrimento de un histórico que siempre cumplió, como Tagliafico. El resto no presenta dudas. Hoy, Lautaro Martínez está un escalón por encima del impreciso Julián Alvarez, mientras que la recuperación del Cuti Romero es un alivio para todos.</p><p>Con este panorama y siempre con el deber de jugar el partido con gran concentración y responsabilidad, más allá de los pocos pergaminos (y gran diferencia) entre las dos selecciones, la realidad es que Argentina es el gran favorito para quedarse el partido. Pero no hay que subestimar a nadie ni confiarse, menos en este Mundial de sorpresas.</p><p>¿Cómo sería la formación albiceleste a las 19 (hora argentina) en la caliente Miami e imponente Hard Rock?, con Dibu Martínez en el arco; Molina, Romero, Lisandro Martínez y Medina en el fondo; De Paul, MacAllister y Enzo Fernández en el medio; Messi, Lautaro Martínez y Thiago Almada en el ataque.</p><p>El ganador, jugará el martes, en Atlanta, con el que resulte vencedor del choque entre Australia y Egipto, en el choque de octavos. Pero esa será otra historia. La primera, hay que escribirla en Miami con casi 30.000 argentinos que pugnan por encontrar entradas y otros 60.000 que llenarán el Hard Rock de camisetas celeste y blanca.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/aHhe_jRgsrqeLek_XWZDNZT_zVE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2026/07/seleccion_arg_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure>La única duda que persiste es la presencia de Medina o Tagliafico en el fondo (en ese orden). Multitud de argentinos en una ciudad que se vistió toda la semana de celeste y blanco.]]>
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                                <updated>2026-07-03T17:12:48+00:00</updated>
                <published>2026-07-03T17:12:44+00:00</published>
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            Argentina reguló el ritmo ante Jordania
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                <![CDATA[Enrique Cruz]]>
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        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/cCirXoyzHHyllZTJMfbrfGSxh7k=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2026/06/arg_jor.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Cuando terminó el primer tiempo, ya con el partido totalmente definido, lo primero que se nos pasó por la cabeza –a todos- fue saber si el ingreso de Messi le iba a poner la cuota de interés que ya el encuentro, por ese entonces, había perdido por completo. Fue un partido sin ningún tipo de equivalencias. A la pelota la tuvo Argentina durante el 80 por ciento. Con Paredes parado de eje y adueñándose de la pelota posicionado en el campo rival. A él se sumó la trilogía Palacios-Paz-Simeone por el costado derecho, que fue el sector por el que la selección inclinó más el juego.</p><p>Nico Paz fue el que más empeño puso para cambiar un poco el ritmo. Foto: Fernando Nicola</p><p>Nico Paz fue el que más empeño puso para cambiar un poco el ritmo. Argentina se cansó de manejar la pelota ante la pasividad total de un equipo totalmente limitado, que no generó una sola jugada de peligro en todo el primer tiempo. Argentina abrió el partido con un tiro libre excelente de Lo Celso desde una posición ideal para Messi (pero estaba en el banco) y una cuota de responsabilidad del arquero, porque el remate fue al palo que nunca debió abandonar.</p><p>Y después, un penal que se cobró a partir del cheque del VAR, que terminó con la festejada definición de Lautaro Martínez, que necesitaba romper su maleficio y ausencia de goles en mundiales.</p><p>La decisión de Scaloni de poner el “doble 9” fue con el principal objetivo de que ambos recuperen confianza. No se lo vio bien a Julián en el primer tiempo. Estuvo impreciso con la pelota y desperdició una situación que, estando bien, son de aquellas que van adentro. El arquero le tapó el mano a mano en una jugada que debió terminar en gol.</p><p>Fue tan avasallante el dominio argentino, que ni siquiera se pudo evaluar si la decisión de colocar a Palacios como un “4 adelantado” fue o no correcta. Atacó muy poco Jordania, entregado a su papel de partenaire y sin discutir en ningún momento el manejo exagerado y casi unánime de la pelota que tuvo durante todo el primer tiempo.</p><p>Y Messi no entró desde el arranque de la parte final, pero al minuto de iniciado el segundo tiempo se levantó y encabezó la fila de cinco jugadores que comenzaron a hacer calentamiento precompetitivo mientras, adentro de la cancha, nada cambiaba: Argentina dominaba con claridad y hasta pudo aumentar cuando se le anuló un gol de Lo Celso por posición adelantada de Lautaro Martínez.</p><p>Sin embargo, antes de los 10 minutos llegó el descuento de Jordania. Inesperado, aunque favorecido por un momento de quietud de Argentina, que no presionó adecuadamente en el sector central para cortar el juego, llegó la apertura hacia la derecha y el centro rasante que conectó Mousa Altamari en una combinación de pases de primera que desarticuló el sistema defensivo de una Argentina posiblemente desatenta y falta de resolución.</p><p>No dudó Scaloni y enseguida metió tres modificaciones antes de que se cumpla el cuarto de hora del segundo tiempo: Almada, Messi y MacAllister por Lo Celso (de interesante partido), Lautaro Martínez y Nicolás Paz. Había que recuperar protagonismo, pero también era necesario cambiar el ritmo y sorprender. El equipo se había “pinchado” y hasta daba la sensación de que le costaba meterse más en el partido. Fue el momento en el que Scaloni ensayó la cuarta variante, con el ingreso de Barco para jugar bien abierto por derecha en lugar de Simeone. Y dejó para el final el ingreso del Flaco López por un Julián Alvarez que está bastante por debajo de su nivel (es más Lautaro Martínez), impreciso con la pelota y poco productivo a la hora de arrimarle peligro a la defensa adversaria.</p><p>Y fue Messi el encargado de despertar al equipo del letargo en el que había entrado. Se generó un tiro libre ideal para su remate y no perdonó. Encontró la complicidad de un arquero que, al igual que en el gol de Lo Celso, regaló su palo y se terminó “comiendo el amague”, entendiendo que el remate iba a llegar por encima de la barrera. Lo Celso la puso casi en el ángulo de su palo derecho; Messi resolvió tirarlo abajo y no tan esquinado. En ambos tiros libres, el arquero se quedó parado y sin reacción.</p><p>Explotó el estadio, porque era lo que todos esperaban: que Messi jugara un rato (más de media hora) y que aumentara su eficacia en el torneo (lleva seis goles en tres partidos) y su marca como máximo artillero de la historia de los mundiales (convirtió su gol número 19). Fue lo que “pagó la entrada” de los 70.600 espectadores que le dieron un lleno total al imponente estadio de Dallas.</p><p>Messi lo hizo de nuevo. Foto: Fernando Nicola</p><p>La consigna hasta el final fue la de regular el trámite del partido. A media máquina, Argentina encontró un socio para Paredes (MacAllister), un poco más de movilidad con Almada y el Colo Barco, el infaltable gol de Messi y punto. El equipo no brilló, pero hizo lo suficiente para quedarse con el partido sin asumir riesgos, manejando tiempos y hasta intensidad. No hacía falta forzar la máquina.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/cCirXoyzHHyllZTJMfbrfGSxh7k=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2026/06/arg_jor.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Dos tiros libres (uno de Lo Celso y el otro de Messi) y un penal de Lautaro Martínez, le dieron al equipo de Scaloni una nueva victoria sin asumir riesgos. El “10” jugó poco más de media hora y convirtió su sexto gol en el torneo y el 19 en mundiales. Ahora, se viene la “locura de Miami” con invasión argentina para esperar el encuentro con Cabo Verde del viernes.]]>
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                                <updated>2026-06-28T12:08:25+00:00</updated>
                <published>2026-06-28T12:08:15+00:00</published>
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            El fervor argentino se hizo sentir con un multitudinario banderazo final en Dallas
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        <author>
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                <![CDATA[Enrique Cruz]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.sur24.com.ar/noticias/el-fervor-argentino-se-hizo-sentir-con-un-multitudinario-banderazo-final-en-dallas">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Cg5eOlCg_1zArxOUjt1X7mAJbAs=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2026/06/banderazo_dallas.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Ni el termómetro rozando los 40 grados ni la distancia pudieron frenar la pasión. El Klyde Warren Park, en pleno corazón de Dallas, se transformó por completo en una sucursal de la costanera santafesina, el obelisco bonaerense o cualquier lugar emblemático emparentado con el festejo popular de los argentinos. Miles de hinchas argentinos coparon el centro de la ciudad tejana con bombos, réplicas de la Copa del Mundo y un cancionero inagotable que asombró a los locales. En el marco de la Copa del Mundo 2026, la marea albiceleste demostró una vez más que, cuando juega la Selección, no existen fronteras ni climas imposibles.</p><p>“Ganamos la tercera con Lionel, queremos ser campeones otra vez… Por Malvinas, por el Diego, por la última de Leo, Argentina quiero verte bicampeón”, con la música de Gilda, la reina de la cumbia, las lágrimas no dejan de brotar cada vez que se entona este tema que surgió de la inventiva de un rosarino que intenta, con denodado esfuerzo, superar al célebre “Muchachos”, que será para siempre el himno que recordará a Messi.</p><p>Santafesinos a la orden del día en Dallas.</p><p>Ya a esta altura, la ausencia de entradas y los pedidos ridículos por un ticket en la reventa, no le bajan los decibeles de la emoción a ningún argentino que ande por estas tierras texanas, cuya monotonía y pulcritud habitual se vieron sacudidas por una invasión argentina que dio que hablar, como ocurre en cada rincón del mundo en el que juegue la selección.</p><p>Mientras el redoblante de “Los sin entradas” de Miami sonaba, el grito de “… el que no salta, es un inglés” copaba el ambiente del downtown de Dallas, en una previa relajada por el hecho de que Argentina ya tiene la clasificación y el primer puesto asegurado, con Cabo Verde en el horizonte, el viernes que viene en Miami.</p><p>Los argentinos disfrutan de los placeres de manejar un auto descapotable en Estados Unidos</p><p>Como siempre, aparecen santafesinos con camisetas que enseguida resultan identificados. Aunque en este caso, es un “santafesino por adopción”, porque nació en Alemania, hizo un intercambio hace un tiempo en Santa Fe en la UNL y se hizo hincha de Colón. Habla perfectamente el español y contó que “me hice hincha de Colón por mi amigo”. Y él, a su lado y con la celeste y blanca, celebrando el reencuentro y con la alegría de tener entradas para el partido con Jordania.</p><p>El de la camiseta de Colón parece argentino pero es alemán y se hizo hincha de Colón cuando realizó un intercambio en nuestra ciudad. El Litoral lo encontró en Dallas.</p><p>Este fue el último banderazo en la calurosa Dallas, que empieza a despedir al aluvión de argentinos con temperaturas de 36 grados y sensación térmica que supera los 40. A partir del lunes, todo se trasladará a la cosmopolita Miami. Y ya uno empieza a imaginarse lo que serán las playas de Miami Beach, la emblemática avenida Collins, la Lincoln con sus pérgolas, bares y restaurantes, la Ocean Drive con toda su magia nocturna y Manolo, con esa plaza que se llenará de argentinos en un banderazo, el del jueves que viene, que promete ser históricamente multitudinario.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Cg5eOlCg_1zArxOUjt1X7mAJbAs=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2026/06/banderazo_dallas.webp" class="type:primaryImage" /></figure>No faltaron en Klyde Warren Park, en medio de 10 mil argentinos, los fieles representantes de los clubes de Santa Fe. Una fiesta popular inigualable en el mundo, como Messi.]]>
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                                                <category term="deportes" label="Deportes" />
                                <updated>2026-06-27T17:45:04+00:00</updated>
                <published>2026-06-27T17:45:00+00:00</published>
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            Scaloni honra a Macaya Márquez y recibe el libro de El Litoral sobre su camino al título
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                <![CDATA[Enrique Cruz]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/mRjO2C-xjF8nISG4WZB7KTOqMss=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2026/06/scaloni_enrique_cruz.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Fue la sorpresa de la conferencia de prensa. Enrique Macaya Márquez asiste a su Mundial número 18. Ininterrumpidamente, cubrió este torneo desde el de 1958, cuando con apenas 22 años viajó a Suecia para ver el debut de Pelé. Vio a todos, no se perdió a ninguno. El dice que no hubo otro igual a Alfredo Di Stefano, gloria del Real Madrid. Estuvo en México ’70 para ver aquella sinfonía brasileña con los cinco números 10. Lo vio a Cruyff y aquella “Naranja mecánica” de Holanda. Disfrutó con los tres títulos de Argentina, con Kempes, con Diego Maradona y con Messi. Vio a Zidane, a Ronaldo, a Paolo Rossi, a Bebeto, a Romario y a Mbappé. Estuvo en esta ciudad cuando Diego dijo, para todos los tiempos, aquella frase de “me cortaron las piernas”. Una verdadera leyenda a quien Nicolás Novello le concedió el honor (y el derecho) de la primera pregunta y a quien Scaloni también le dio una licencia y confirmó algo que uno nunca sabe si realmente llegó al recinto en el estadio de Dallas, con la idea de decirlo: que Messi irá al banco contra Jordania.</p><p>Después, Scaloni pidió sacarse una foto con Macaya Márquez y bajó del escenario de la sala de conferencias del estadio de Dallas para abrazarse con el legendario periodista. Todo esto, dentro del marco de una charla en la que volvió a decir que “este es un Mundial difícil”, se solidarizó con el drama del pueblo venezolano por el terremoto, le mandó saludos al profesor Daniel Córdoba (lo dirigió en Estudiantes y se tienen un gran aprecio mutuo) y no eludió la respuesta cuando le preguntaron si dirigiría a Estudiantes: “Le tengo un gran cariño, pasé momentos muy lindos ahí y fui un jugador al estilo de lo que se requiere para jugar en ese club”, dijo el entrenador de la selección.</p><p>Lionel Scaloni se bajó del estrado para abrazar a una leyenda viva del periodismo: Enrique Macaya Márquez.</p>Y llegó el regalo de El Litoral<p>Después, llegó el momento de encontrarse con este enviado de El Litoral, autor del libro “Lágrimas eternas”. “Esperalo apenas termine la conferencia, al costado, antes de que se vaya y se lo das”, fue la recomendación de Nicolás Novello, el máximo responsable de Prensa de la selección. Scaloni saludó a Macaya, se sacó la foto y luego se dirigió hacia donde estaba el enviado de El Litoral para recibir el libro de su autoría y editado por El Litoral, que resume todo el proceso que se inició apenas terminado el Mundial de Rusia, con un Lionel Scaloni que había formado parte del cuerpo técnico de Sampaoli y quedó como entrenador del equipo luego de la negativa de algunos potenciales candidatos que en ese momento se habían apalabrado y gestionado.</p><p>El DT de la selección también se tomó un segundo para firmar un autógrafo en Dallas</p><p>Todo el proceso, la Copa América de 2019 en la que el equipo fue de menor a mayor, la rebeldía de Messi después de aquella semifinal con Brasil y su expulsión en el partido por el tercer puesto; el título de 2021 en Brasil para cortar la sequía, el apoyo de Menotti, la Finalissima de 2022 y el título del mundo como frutilla del postre. Todo eso, condensado en el libro de El Litoral que Lionel Scaloni, el técnico más exitoso de la historia del fútbol argentino, con casi 100 partidos dirigidos en la selección, santafesino como nuestro también legendario multimedios, prometió ante los enviados de El Litoral a la cobertura del Mundial: “Lo voy a leer”.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/mRjO2C-xjF8nISG4WZB7KTOqMss=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2026/06/scaloni_enrique_cruz.webp" class="type:primaryImage" /></figure>El entrenador de la selección pidió sacarse una foto con el legendario colega que está cubriendo su mundial número 18. Luego, recibió en pleno Mundial el libro “Lágrimas eternas” que editó El Litoral luego de la obtención del título en Qatar, con cobertura exclusiva de un enviado especial.]]>
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                                <updated>2026-06-27T11:10:42+00:00</updated>
                <published>2026-06-27T11:10:23+00:00</published>
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            Arcucci: “El partido con Inglaterra del ‘86 explica el mito Maradona”
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/tODzga2ZhZKAP-i6CeSk5FNb7Rw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2026/06/daniel_arcucci.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Para quienes abrazamos esta profesión, los recuerdos se entrelazan con el presente. A nadie se le pudo pasar por alto lo que significó ese 22 de junio de 1986, cuando bajo el sol abrasador del Azteca mexicano, Maradona limpiaba cuanto inglés se le cruzó por delante para convertir el gol soñado, el más lindo de la historia. Para Víctor Hugo Morales, el relato más bonito e inmortal. Y para Daniel Arcucci, quien supo construir una amistad profunda con Maradona, un sinnúmero de anécdotas y vivencias que lo emocionaron, 40 años después, con el mismo calor de aquella tarde mexicana, otra escenografía, otro país y otro protagonista. Aquella vez fue Diego, esta vez fue un Messi que frotó la lámpara que el otro genio le dejó. O le tiró desde el cielo.</p><p>-Daniel, no paramos de sorprendernos con Messi…</p><p>-Tengo la dicha de compartir el micrófono en este Mundial con Enrique Macaya Márquez. Y él cerró el comentario diciendo que Messi es un milagro… Y mirá que él, con su estilo, siempre fue exigente con Messi porque aún hoy lo pone a Di Stéfano por encima, por ejemplo.</p><p>Enrique Macaya Márquez, el hombre récord, cubre su Mundial N° 18.</p><p>-Macaya emplea el término “milagro” y digo que la lengua española no tiene un adjetivo calificativo que no se haya empleado para definirlo…</p><p>-Todo tiene una explicación, para mí. Y creo que es una cuestión de híper profesionalismo… El se preparó para esto, para brillar a esta edad, para prolongar su carrera como lo viene haciendo. Y hay también algo mágico y milagroso, a lo que hacía referencia Enrique.</p><p>-¿Ganamos bien o no tanto?</p><p>-El equipo no voló a la altura de lo que nos tenía acostumbrado y después del penal hubo mucho de desconcierto. Pero lo que parece guionado, es el último gol. Por cómo se concibió y de qué manera, él se encargó de definirlo. Bienvenido sea, porque Dallas ha dejado de ser un mal recuerdo para el fútbol argentino. Acá, en esta ciudad, Maradona se enteró del doping positivo del ’94 e inmortalizó aquella frase de “me cortaron las piernas”.</p><p>-Volvamos al 22 de junio de 1986…</p><p>-Yo tenía 22 años, guardé un montón de cosas de ese Mundial, trabajé con Diego después, hicimos notas a los 10 y 20 años del gol y escribimos un libro cuando se cumplieron 30 años… Es lindo ver cómo la cabeza de Diego iba recordando eso, manteniendo la esencia pero agregándole cosas… Pero, ¿querés que te cuente algo?</p><p>-Dale…</p><p>-Lo más novedoso de todo, es que yo no estuve en la cancha ese día... Yo había seguido a Alemania, Francia, Dinamarca, le hice notas a Platini, Rummenigge, Laudrup… Y cuando llegan los cuartos, me toca cubrir Alemania-México en Monterrey. Entonces, al partido lo ví por TV. Y lo que vino después, fue fenomenal.</p><p>-¿Por qué?</p><p>-Porque me avisan de inmediato que debo unirme al grupo que seguía a la selección y me voy al Distrito Federal, a estar en la primera atención a la prensa después de aquel partido. Entonces, viene Diego caminando, había un alambrado que nos separaba de él, me ve y me dice: “¿Qué haces acá? Te leí desde que llegaste a México. ¿Cuántos partidos nuestros viste en la cancha?, ¿Ninguno, no?”... Imaginate el resto de los colegas, ¡me querían cagar a trompadas! Entonces, Diego, que se iba, se da vuelta y me dice. “¡Qué cábala ni cábala!, ¡No nos paran! Y me alegra mucho verte… Eso sí, ¡no puede ser un placer reportear a Platini!” Y estol fue porque yo había titulado de esa manera la nota con el francés… Me lo reprochó hasta el último día…</p><p>Un joven Arcucci con los Maradona, padre e hijo.</p><p>-¿Cómo definirías lo que pasó ese día del gol a los ingleses?</p><p>-Ese hecho, ese partido, explica todo el mito Maradona… Incluso por encima del título del mundo.</p><p>-Antes de empezar el Mundial, escribí una nota que titulé: “¿Cuál es el Messi que veremos en el Mundial?” Pero te confieso que no esperaba encontrarme con este Messi…</p><p>-Yo tampoco me lo imaginaba… Me imaginaba un Messi dosificado, de 60 o 70 minutos y que por ahí no arrancara como titular… Además, vimos a una Argentina apabullante y bailando a Brasil sin él y con una actuación estupenda de Thiago Almada, también vimos el triunfo en el Centenario ante Uruguay. Y todo eso era una buena noticia. Y decíamos: dentro de esta carrera espectacular de Messi, que sea el final con la mayor armonía… Pero resulta que mete tres goles contra Argelia y ya nos vuelve a sorprender.</p><p>-Sería demasiado suponer, más allá de los cinco goles en dos partidos, que podamos ver a su mejor versión…</p><p>-El mejor Messi de todos los tiempos fue el de Qatar, aunque mis compañeros, como el Chavo Fucks, dice que fue el del Barcelona, en 2011. Hay cosas que no se miden por estadísticas, GPS, sino por impactos simbólicos. Y él hizo que Dallas deje de ser una mala noticia o un mal recuerdo para los argentinos. Eso vale mucho, al menos para mí.</p><p>-¿Qué ves de bueno y qué está faltando, hablando del equipo?</p><p>-Yo creo que el resultado contra Austria nunca estuvo en riesgo pero ví un equipo que en el juego no fluyó. Y el impacto anímico, del penal malogrado, se sintió más de la cuenta. No fueron diez minutos como lo dijo Scaloni, fue desde el penal hasta el gol. O sea, casi 30 o más de 30. No fluyó la selección como otras veces el equipo, pero aparece Messi y desequilibra… Lo ví como un equipo pragmático… Scaloni dijo que supo sufrir, y no está mal que así pase. Es también una forma de crecer.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/tODzga2ZhZKAP-i6CeSk5FNb7Rw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://sur24cdn.eleco.com.ar/media/2026/06/daniel_arcucci.webp" class="type:primaryImage" /></figure>El día de los 40 años del gol más formidable de la historia de los mundiales, dijo que “la actuación de Messi ante Austria hizo que los argentinos ya no veamos a Dallas como un mal recuerdo, porque, en esta ciudad, Diego se enteró del doping positivo e inmortalizó aquella famosa frase de ‘me cortaron las piernas”.]]>
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                                <updated>2026-06-23T20:43:55+00:00</updated>
                <published>2026-06-23T20:36:07+00:00</published>
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